Caminar por el Malecón habanero o perderse en la trama de calles del Centro Histórico es, en cierto modo, cruzarse con la sombra de Alberto Korda. No como un recuerdo nostálgico, sino como una presencia viva en la manera en que Cuba se ha contado a sí misma y ha sido vista por el mundo.
A más de dos décadas de su fallecimiento en París, el 25 de mayo de 2001, su archivo sigue siendo un pilar fundamental para comprender la fotografía latinoamericana del siglo XX, un testimonio que combina el rigor documental con una sensibilidad estética inconfundible.