Era de carne y hueso, millones sobre esta tierra y en el mundo pudieron estar ante su presencia, otros atesoran celosamente el privilegio de haber tocado sus manos, sus inmensas manos, inmortalizado en fotos y relatos, en la historia por la cual fue absuelto y en los corazones, a Fidel no le hacen falta bustos ni grandes monumentos, su fe en las causas justas mantienen vivo su legado para todos los tiempos.
Por Oscar Salabarría