En Noja (Cantabria) existe un santuario poco común: ocho lobos norteamericanos conviven en un espacio pensado para que las personas “entren en un estado de calma que normalmente no lo hacen” y hallen un parón mental frente al estrés del día a día. “Es una experiencia para aliviar el dolor emocional, pero mediante una convivencia de una tarde y noche en absoluta calma”, explica su impulsor, Luis Melgosa, quien guía cada visita para que el ritmo humano se sincronice con el de la manada.
Melgosa subraya que con los lobos todo empieza por la serenidad: “Las personas que vienen a interactuar con ellos tienen que intentar estar en todos los sentidos tranquilas. Los gestos, las miradas, las voces tienen que ser absolutamente calmados y de ese modo uno puede conseguir interactuar y que lo acepten en el grupo”. El objetivo, dice, es que tras tres a cinco horas de experiencia, los visitantes alcancen “un estado de calma muy muy notorio”. Una de las participantes resumió el efecto en una palabra: “recalibración”.