El relato presenta el testimonio de un hombre que, en 1960, experimentó el misterioso llamado mientras contemplaba el atardecer desde la cima de Shiriculapo. Impulsado por una melodía de flautas, su cuerpo cayó al abismo mientras su alma se desprendía. Desde entonces, los suicidios persisten en la ciudad, y la leyenda de Shiriculapo se convierte en una mezcla de mito y realidad, evocando la belleza y la tragedia de este lugar singular en la provincia de Loja, Ecuador.