Dicen algunos que el fútbol y la política se parecen mucho. Debe ser porque los aficionados se identifican con un equipo igual que muchos ciudadanos se identifican con un partido o una ideología. Debe ser porque abunda más la pasión que la razón. O debe ser porque todo se lee en términos de victoria o derrota (a nadie le gusta los empates, aunque sean producto de un buen acuerdo). Pero es que además tanto en el fútbol como en la política son importante los liderazgos, personas que encarnan un proyecto y que concitan el apoyo de la gente. Pero ojo que esos liderazgos no son para siempre, tienen fecha de caducidad, sobre todo si las cosas salen mal. Y es aquí donde yo encuentro la gran diferencia entre el fútbol y la política. Un entrenador no aguanta en el banquillo ni cinco derrotas consecutivas. Ver ceses en política, la verdad, cuesta algo más.