Recuerdo cuán triste fue aquella tarde. Aquel momento en que escuché la noticia y la viví tangible, lacerante, cercana. Recuerdo cómo el titular se diseminó en los medios con sorprendente velocidad. Y más aún, recuerdo el dolor de su palpable ausencia, la nostalgia de su pueblo y el nuestro, el malestar de perder a un amigo.
Desde hace nueve años la llegada del cinco de marzo nos transporta a aquel instante cuando 25 minutos después de las cuatro de la tarde se comunicaba al mundo el deceso de Hugo Rafael Chávez Frías, el hermano más próximo de Fidel y un eterno devoto de la amistad entre Cuba y Venezuela.