Artista plástico y diseñador nacido en Canelones.
Su obra nace en un territorio que descubre antes de empezar a dibujar: manchas, sombras, líneas sueltas que hablan y aprendió a escuchar desde su adolescencia hasta revelar figuras. Historias esperando ser encontradas.
Ese modo de ver —la pareidolia como brújula— se combina hoy con una sensibilidad sinestésica que le permite transformar sonidos, recuerdos y estados anímicos en color, textura y ritmo.
Se formó en la Escuela “Dr. Pedro Figari” que le brindó un lenguaje técnico amplio: pintura, escultura, serigrafía, dibujo. Más tarde incorporó el diseño gráfico y hoy es docente en Comunicación Visual.
Sus primeros trabajos dialogaron con la música y con lo urbano: tapas de discos, afiches, flyers que hablaban de adolescencias intensas, introspecciones y paisajes nocturnos. Con el tiempo, la obra se volvió más orgánica, más matérico–poética: relieves, fibras, telas, maderas, pigmentos que construyen territorios propios.
Actualmente desarrolla “Sueños de la Tierra”, un proyecto donde la memoria ancestral, el paisaje interior y el Surrealismo Latinoamericano se entrelazan.
Como artista, su trabajo es una mezcla de sueños y naturaleza. Desde una perspectiva visual le obsesiona la energía de la tierra: sus raíces, el agua que corre, las capas de suelo que no vemos.
Su objetivo está en pintar paisajes como se sienten y no tal cual son. Con colores fuertes y muchas líneas curvas crea una especie de mapa emocional. En su serie “Sueños de la Tierra", conecta esto con algo más profundo: la memoria de nuestros pueblos originarios (Charrúa, Minuana, Guenoa). No desde la ilustración histórica, sino buscando “energía antigua que todavía vibra bajo nuestros pies”.
Sus cuadros son territorios vivos, le gusta pensar que invitan a perderse un rato en ellos y conectar con esa historia que la tierra todavía nos está contando.