1859. Charles Baudelaire acaba de despertarse en el cuartucho en que hoy se refugia del invierno parisino. Lo único sólido que se mete en el estómago es una bola de opio. Sale por la puerta de su pensión mirando a derecha e izquierda. Teme a los acreedores que le persiguen. El borracho, el libertino, el dandy, el maniaco, el estrafalario que se rodea de lujo en medio de la miseria, el monstruo excéntrico, el impertinente, el perverso y pervertido. Siempre fiel a su dogma: extraer la belleza del mal. Siempre convencido de la inmortalidad de su poesía. Siempre el paseante, el flaneur.
Creado por Miguel Espigado y Raquel Reyes Martín. La prosa poética es Charles Baudelaire, y forma parte de la antología que se conoce como “El spleen de París”, en la edición de la biblioteca virtual de Miguel de Cervantes. La introducción narrativa se bebe de fuentes de James Huneker, Marshall Berman, Samuel Cramer, Guy de Maupassant, G. Turquet-Milnes, Walter Romero, Andreu Jaume, Walter Benjamin, Silva Acierno y Julio Vaquero.