En sus 50 años de ministerio sacerdotal, el padre Rafael Aragón ofrece un testimonio directo y sin rodeos sobre la crisis en Nicaragua. Desde el exilio en Costa Rica, el sacerdote dominico analiza la persecución contra la Iglesia católica bajo el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo.
Durante la entrevista, Aragón sostiene que existe una estrategia para debilitar la influencia del catolicismo en el país. Señala el uso de símbolos esotéricos y la imposición de los llamados “árboles de la vida” como parte de un intento de reemplazar valores religiosos y ejercer control cultural. A su juicio, no es solo un conflicto político, sino una disputa por la conciencia social, donde se castiga a quienes defienden derechos humanos, democracia y Estado de derecho.
El sacerdote también se refiere al papel del cardenal Leopoldo Brenes, a quien describe bajo presión y con limitaciones para pronunciarse públicamente. Frente a este escenario, plantea la necesidad de una Iglesia más activa, cercana a las víctimas, a las madres que exigen justicia y a los periodistas en el exilio.
Además, reflexiona sobre la diferencia entre perdón y justicia: mientras el perdón es una decisión personal, los responsables de violaciones deben rendir cuentas ante la ley.
A sus 76 años, Rafael Aragón reafirma su compromiso con una Nicaragua libre, donde la fe no esté subordinada al poder político y la justicia alcance a todos.