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Amar a Jesús y proclamar su nombre como Salvador debe ir acompañado de una vida coherente con nuestras palabras.
Santiago exhorta al pueblo de Dios a ser quienes ofrezcan al mundo algo nuevo y encarnen realmente las características de Jesucristo.
Sabemos que ha prometido regresar y llevarnos con Él para siempre, hasta entonces, "fijemos la mirada en Jesús", corramos con fe la carrera que se nos ha puesto por delante (Hebreos 12:2a).
¿Quién es el que vence al mundo sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios? 1 Juan 5:5.
El Señor está cerca de los quebrantados de corazón, y salva a los de espíritu abatido. Salmo 34:18.
María Magdalena fue la primera en tener un encuentro con el Cristo resucitado. Nuestro encuentro puede que no sea en un cementerio, no obstante, es igual de real y personal, donde sea que pueda suceder.
Nos aterrorizan la oscuridad y la separación. Recuerden sus palabras en ese día oscuro: "… cuando vuelva a verlos se alegrarán y nadie les va a quitar esa alegría".
—No se asusten —dijo—. Ustedes buscan a Jesús el Nazareno, el que fue crucificado. ¡Ha resucitado! No está aquí. Marcos 16:6.
Pilato, sorprendido de que ya hubiera muerto, llamó al centurión y le preguntó si hacía mucho que había muerto. Marcos 15:44.
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