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Cuando Dios nos adopta en Su familia, queremos ser más y más como Dios, y los demás buscan ver el parecido de nuestra conexión con esta familia.
Dar misericordia es amar más allá de nosotros mismos. La misericordia ve más allá de la ofensa de los otros. La misericordia va más allá de la justicia.
Vivir una vida justa ante Dios es de gran valor. Nuestra ciudad o pueblo, puede convertirse en un lugar de salvación y restauración debido a la fidelidad que perseguimos.
La historia de Abraham nos recuerda que la misericordia está en el corazón de Dios. Él anhela extender esa mano de misericordia hacia nosotros.
Conocer el nombre de Dios es tener una relación con Él. Esto no es simplemente reconocer el nombre, sino tener una intimidad.
Como en todas las promesas, se requiere de paciencia de parte nuestra, pero el cumplimiento es seguro, porque Aquel que hizo la promesa es siempre fiel.
Todo aquel que lo invoque con fe será salvo. Sin restricciones, sin exclusiones, sin excepciones.
"He aquí, este es nuestro Dios, le hemos esperado, y nos salvará; este es Jehová a quien hemos esperado, nos gozaremos y nos alegraremos en su salvación" Isaías 25:9.
Isaías dice que el Señor provee para los pobres y afligidos "un refugio de la tormenta" (Isaías 25:4). Todos deberíamos estar agradecidos de que Él nos siga dando su refugio.
Hoy esperamos con ansias la venida del Príncipe de la Paz. Adoremos y celebremos, la palabra ha sido dada. ¡Y no fallará!
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