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Podemos atrevernos a confiar y esperar en un Dios fiel. No cancela los planes, ni termina las relaciones. Permanecerá firme. Que esto nos impulse, el saber que Dios, en Jesús, es el autor y consumador.
En tu vida diaria y en tu trabajo, ¿cuáles son las presiones y cosas desconcertantes que te rodean? ¿Cuáles son las tentaciones que surgen de estas dificultades? ¿Estás dispuesto a aceptar los recursos que Dios te dé para soportarlas?
Cada uno somos únicos y con propósito, parte de un todo mucho más grande para gloria de Dios. Pensemos en nosotros con humildad y confianza, como una obra de arte del maestro, con belleza y propósito.
¿Hemos visto la vida de Jesús como un conjunto argumentos doctrinales y una lista de principios de vida a cumplir? ¿O hemos experimentado su energía, que da vida y brilla más que la luz? ¿Lo conocemos como la fuente de nuestro ser y la plenitud de nuestro propósito?
La promesa y la herencia de Dios son para todos los que quieran recibirla. Juan describe a Jesús como la luz del mundo, y nos recuerda: "pero a todos los que creyeron en él y lo recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios" Juan 1:12.
Para muchos, el dolor del fracaso, la traición y la duda es terreno fértil para la incredulidad en un Dios amoroso y fiel. Eso es comprensible. Sin embargo, la biblia ofrece otra perspectiva, la de un Dios que se dirige continuamente y finalmente hacia nosotros con una invitación llena de gracia.
Todos aquellos que han puesto su fe en Dios y sus promesas, recibirán el cumplimiento de la promesa.
Puede haber alguien en tu vida pasando por problemas y que puedan ser salvos por fe debido a tu testimonio.
No necesitamos una fe perfecta para orar. Sólo necesitamos la fe para creer que Dios puede y hará lo que dice.
Si somos fieles y confiamos en Dios en los tiempos difíciles, nos traerá el bien y bendecirá a los demás.
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