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Romanos 8 menciona problemas, dificultades, persecución, hambruna, peligro e incluso la muerte. Con confianza podemos estar de pie sobre esta verdad, y estar seguros de que ninguna de estas cosas puede conquistarnos en esta vida.
Dios actúa para nuestro bien. Esto no significa que todo sea bueno, sino que Dios lo está haciendo todo por nuestro bien. Dios no desperdicia nada para traer el bien a nuestras vidas, incluso si el bien puede venir a través de la adversidad.
Nuestra esperanza de un futuro con Cristo no espera lo inesperado, sino la expectativa de que estaremos unidos a Cristo.
Pasar por rituales puede hacernos sentir o parecer limpios por fuera, pero hacer poco para limpiar el interior. Dios cambia nuestros corazones y mentes, haciéndonos más como Jesús.
¿De qué manera te has sentido frustrado tratando de seguir las reglas? ¿De qué manera el seguimiento de la ley se ha convertido en una carga en tu vida?
La salvación no es algo que esté fuera de tu alcance, no tienes que estirar la mano para poder alcanzarla. En el núcleo de nuestra fe está la verdad, que es Dios quien salva, Dios quien renueva, Dios quien limpia.
El ministerio de Dios está siempre en el presente, justo en este momento. Dios nos sigue moldeando. Dios continúa invitándonos a un viaje que conduce a vivir plenamente.
"Fija tu mente en las cosas de arriba". Este simple consejo puede redireccionar nuestra atención, enfocándonos en las promesas y las verdades de Dios antes que en el mundo que nos rodea.
¡Somos tan ricos al ser amados por Dios! Por la obra de Cristo y a través del poder del Espíritu Santo hemos sido adoptados. Pertenecemos a la familia como hijos, no como invitados o sirvientes.
Fuimos restaurados y pasamos de muerte a vida. Esto no significa que ya no necesitamos trabajo a lo largo del camino. Habrá cosas que mejorar, algunas cosas estarán rotas y necesitarán ser remplazadas, pero ya no necesitamos usar una etiqueta de condenación.
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