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Nuestra fe en Él se recompensa con una eternidad con Él. Esa es una esperanza puesta en un lugar seguro.
¿A qué te está llamando Dios hoy? Los requisitos son simples: Confiar y obedecer.
A través de Jesús, el vacío que teníamos fue lleno, nuestras vidas son renovadas. ¡Él es muy bueno con todos nosotros!
Jesús vino a hacer una transformación de adentro hacia afuera a través de la cruz y su resurrección. Nuestro pecado es mortal. Nuestra esperanza está en Él.
La señal de una vida que ha sido santificada es dejar ir las cosas que nos provoquen tomar venganza y dejarlas en las manos de Dios.
Un predicador nos enseñó que el objetivo final de la vida debe ser servir fielmente al Señor, llegar al cielo y llevar con nosotros a tantas personas como podamos.
Lo que damos es lo que nos regresa. Si tratamos a los demás como nos gustaría que nos trataran, sin importar cómo nos hayan tratado, ¡entonces podríamos cambiar el mundo!
Nuestras acciones pueden no ser completamente perfectas, pero las intenciones del corazón deben ser puras.
Los cristianos mantienen su mirada fija en Jesús, el autor y consumador de su fe. El mundo, sin embargo, en primer lugar, miran hacia a los cristianos y a la Iglesia para tener una primera noción de cómo es Dios.
Persistamos en hacer el bien. Es una manera de expresar nuestra gratitud a Dios, que es nuestro juez justo y el salvador de todo pecador.
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