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Cuando Jesús nos llama hacia algo que parece fuera de nuestro alcance, él no está pidiéndonos hacer algo inalcanzable. Jesús nos está pidiendo que confiemos en él.
No existe una descripción apropiada para la sensación de alivio que hay cuando la nube de desesperanza se va. Jesús ya ha conquistado el pecado y la oscuridad. Él ya está reinando en la luz.
Cuando Jesús le dijo a una persona a su alrededor, "Sígueme." La primera respuesta fue: "Primero déjame enterrar a mi padre". Cuando Jesús le preguntó a otro, la respuesta fue: "Primero déjeme decir adiós a mi familia."
¿Podrá Jesús contar conmigo y pensar, “No puedo encontrar a nadie con tanta fe o tanta pasión?”.
Que sorprendente sería si pudiéramos ver nuestro único diseño y creer que el Creador ya nos ha dado todo lo que necesitamos para seguir formándonos y convertirnos en la mejor versión de nosotros.
Cuando todo parece estar mal y que no hay nada que hacer, debemos detenernos, hacer una pausa y acudir al Señor.
Ojalá pudiera decir: Yo siempre escucho el consejo sabio la primera vez que es dado. Siempre respondo a las indicaciones en el momento que reconozco es Dios quien tiene algo que decirme.
Los retos y las dificultades nos enseñan a depender de Dios. Es el deseo de Dios que Su carácter sea revelado en cualquier situación que nosotros experimentamos.
Nuestras palabras no comienzan en nuestras cabezas, sino en nuestros corazones.
Cuando comenzamos aprender a través de las pruebas, al verlas como la forma en que Dios nos acerca a Él, veremos que nuestras vidas cambian.
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