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Conectar la paz de Dios, el aliento de Dios y el don del Espíritu Santo, ancla esta tríada en las experiencias más profundas del seguidor de Cristo.
Jesús demostró ser único e inigualable. Evitando tanto la intriga política, como también el aislamiento de aquellos privilegiados que deseaban alejarse del aquí y el ahora, Jesús simplemente predicó buenas noticias.
Hoy, experimentarás la bendición, presencia y guía de tu Padre que está en el Cielo. ¿No sería este un buen momento para alabarlo?
¿Cuáles son aquellas cosas por las que estás más agradecido? ¡Las huellas digitales de Dios están sobre ellos porque Él realmente te quiere!
Juan Wesley escribió en Una Clara Explicación de la Perfección Cristiana, “Las buenas obras no alcanzan su perfección final hasta que se pierden en Dios.”
El evangelio siempre es más grande que el individuo. Es la historia de un Dios que ama al más pequeño entre nosotros: aquéllos que han sido olvidados en la cama de hospital, los abandonados para defenderse por sí mismos en su pobreza, los que han sido aislados por sus diferencias. Jesús nos guía a esas personas con estas palabras: “Se ha acercado a vosotros el reino de Dios.”.
El discipulado cristiano es un llamado radical que nos obliga a encontrar nuestra fortaleza y comodidad en la providencia de Dios. La fe cristiana es la entrada a la familia de Dios que redibuja líneas de obediencia y lealtad.
El deseo de tener el control de cada eventualidad y cubrir cada matiz puede obstaculizar la tarea en cuestión. Con frecuencia, los miedos de empezar un viaje difícil pueden ser enmascarados con excusas relacionadas con la falta de preparación.
La forma de escapar de esta oscuridad, no es ignorar la ofensa, ni aceptar los medios de este mundo. Salmos 112 nos recuerda que la luz brilla cuando nos comprometemos a los medios de gracia, compasión, y justicia.
La fe y amor de Cristo nos permite ver a través de la oscuridad del mundo.
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