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A los 16 años debutó en su club de General Villegas y llegó a las inferiores de Vélez con experiencia. En la concentración se peleaba por usar el teléfono y llamar a su pueblo para contarle a su familia que con 18 años llegó a Primera. Con perfil bajo y trabajador se hizo un lugar en el Fortín y un día recibió la cinta de capitán de un tal José Luis Chilavert. Su estilo como jugador lo trasladó fuera del campo y hoy se lo nota relajado repasando su historia afincado en Potrerillos. "Me tocó una profesión hermosa, fue lindo haber jugado al fútbol y cumplir todos mis sueños", reflexiona.
La vida le deparó grandes escollos como el secuestro de su padre, un pase frustrado a River, estar colgado en España o luchar el descenso con Lanús. Esas experiencias formaron su carácter, hoy mira para atrás orgulloso de su carrera como goleador y se prepara para ser entrenador cuanto antes. "Para mi el fútbol es una educación, soy quien soy por el fútbol: todo lo que aprendí en la vida lo aprendí en el fútbol", reflexiona.
Empezó pateando pelotas en Pujato y un día llegó a la final de la Champions en París. La historia de un futbolista que partió de su pueblo de Santa Fe, que cumplió sus sueños de jugar en un grande de Buenos Aires como Boca y que hoy dice que recibió del fútbol más de lo que le dio. "Mi papá tenía reparto de carne. Iba en el camión a Rosario y ahí me quedaba a entrenar", reflexiona tras mirar atrás.
Vendió jugos en las canchas y trabajó desde chico para tener su propia plata. El destino quiso que su vida gire a los 20 años cuando lo vieron atajar unos directivos de Arsenal. Ahí comenzó una carrera en el ascenso que lo llevó a Primera recién a los 32 años y que lo hizo ganarse el respeto de todas las hinchadas. Tenía casi todo y finalmente encontró lo que le faltaba: se relacionó con Dios y tuvo la victoria asegurada. Hoy es un DT con mentalidad ganadora y padre de dos hijos que siguieron sus pasiones: el fútbol y la música. “El éxito es cuando estás solo con vos mismo, si estás conforme con lo que sos”, reflexiona.
De chico ya era un enano grande, como él se define. Tras el sueño de ser futbolista sacrificó parte de su infancia y saltó etapas hasta viajar solo a entrenar con apenas diez años. Tanto esfuerzo dio sus frutos y pudo demostrar su talento en la primera de Vélez. Salió campeón, estuvo en la Selección juvenil con Messi y era pretendido por clubes europeos, pero todo terminó de repente. Bravo reflexiona a 15 años de tener que dejar el fútbol por un problema cardíaco. "Si no me hubieran detectado ese problema, quizás me pasaba algo trágico", sostiene.
Desde abajo llegó a la cima, en la que siempre supo que iba a estar. Fue ídolo por sus atajadas en el equipo mágico de Huracán, los Ángeles de Cappa. Pero hubo un partido que le cambió el rumbo de las cosas para siempre. Monzón reflexiona para valorar los consejos de su papá, observar el camino que transitó y asumir sus errores en la vida. "Yo hice todo al revés. Siempre fui vagoneta para entrenar y pagué", admite.
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