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En este mensaje, nuestra Madre nos recuerda que cada uno de nosotros es único ante el Padre celestial. Él nos conoce por nuestro nombre y nos ama personalmente. También nos invita a permitir que el Espíritu Santo obre en nosotros, nos guíe hacia Dios y nos ayude a vivir con fe, humildad y amor. Así, poco a poco, las palabras de nuestra Madre se hacen vida y podemos llevar paz y perdón a quienes nos rodean.
Nuestra Madre nos recuerda que el amor y la misericordia de Dios son inmensos. Nos invita a acercarnos a Jesús en la oración, confiarle nuestras alegrías, dolores y esperanzas, y no tener miedo del futuro. María ora con nosotros y por nosotros, y nos conduce hacia la paz que encontramos en su Hijo.
El amor del Padre envía a María para que nos acompañe como Madre, interceda por nosotros y nos muestre el camino hacia Jesús. Ella nos recuerda que nos ama, que somos parte de ella y que siempre está cerca, envolviéndonos con su amor maternal.
Nuestra Madre nos invita a confiar aun cuando no comprendamos lo que estamos viviendo, porque Dios lo sabe todo, Dios ve y Dios ama. Ella recibe las rosas de nuestra oración, las presenta a Jesús y nos asegura: “Él los ve y los escucha. Nosotros siempre estamos cerca de ustedes”.
María nos invita a rezar por sus intenciones. Una de ellas es que aprendamos a amar y reconozcamos a Jesús en cada prójimo. Ella ora por nosotros y nos acompaña para que el amor y la paz de Dios crezcan en nuestro corazón y lleguen también a los demás.
Nuestra Madre nos asegura que nos ama, que está con nosotros y que ora por todos sus hijos. Nos invita a rezar por sus intenciones, confiando en que multiplica nuestras oraciones e intercede por la paz. Al tomar su mano, aprendemos a vivir sus palabras y a acercar a otros al amor de Dios.
La Virgen nos invita a orar con todo el corazón para que sus palabras no se queden solamente en algo que escuchamos, sino que se realicen en nuestra vida. Nos anima a ayunar, ofrecer sacrificios y amar por amor a Dios, para que poco a poco sus mensajes nos transformen. Así podemos convertirnos en sus manos extendidas y llevar el amor de Dios a quienes todavía no lo conocen.
La Virgen nos invita a recorrer el camino de la santidad y nos recuerda que también nosotros podemos ser santos. Nos enseña que ese camino comienza amando a Dios sobre todas las cosas, procurando ser mejores, hacer el bien y caminar con humildad. Y no estamos solos: ella está con nosotros para ayudarnos a realizar lo que Dios desea en nuestra vida.
La Virgen nos invita a darle nuestro tiempo a Jesús y a crecer día a día en intimidad con Dios. Cuando lo buscamos de verdad, descubrimos que en Él está la paz, el amor y la plenitud que nuestro corazón necesita. Y mientras nosotros oramos por las intenciones de María, ella intercede por nosotros y nos conduce cada vez más cerca de su Hijo.
La Virgen nos invita a perseverar en la oración hasta que el amor y la paz reinen verdaderamente en nuestro corazón. Esa transformación no sucede de un día para otro: requiere volver a Dios, darle el primer lugar y dejarnos cambiar por su gracia. Jesús es quien nos da la paz del alma y, cuando esa paz crece en nosotros, también podemos llevarla a quienes están a nuestro alrededor.
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En estos Podcasts reflexionamos sobre las palabras preciosas de Nuestra Madre, la Reina de la Paz. Palabras hermosas que vienen del Cielo como un regalo para nosotros.