Reflexiones diarias Padre Juan Diego Ruiz Arango. Medellín. Colombia.

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By Padre Juan Diego Ruiz Arango.Religion & Spirituality
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Reflexiones diarias Padre Juan Diego Ruiz Arango. Medellín. Colombia. episodes

  • La verdad que genera el servicio, descubre el sentido de vivir. 30 de abr 2026.

    Primera lectura

    Hch 13, 13-25


    Dios sacó de la descendencia de David un salvador: Jesús


    Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles.


    PABLO y sus compañeros se hicieron a la mar en Pafos y llegaron a Perge de Panfilia. Juan los dejó y se volvió a Jerusalén; ellos, en cambio, continuaron y desde Perge llegaron a Antioquía de Pisidia. El sábado entraron en la sinagoga y tomaron asiento. Acabada la lectura de la Ley y de los Profetas, los jefes de la sinagoga les mandaron a unos que les dijeran:

    «Hermanos, si tienen una palabra de exhortación para el pueblo, hablen».

    Pablo se puso en pie y, haciendo seña con la mano de que se callaran, dijo:

    «Israelitas y los que temen a Dios, escuchen: El Dios de este pueblo, Israel, eligió a nuestros padres y multiplicó al pueblo cuando vivían como forasteros en Egipto. Los sacó de allí con brazo poderoso; unos cuarenta años “los cuidó en el desierto”, “aniquiló siete naciones en la tierra de Canaán y les dio en herencia” su territorio; todo ello en el espacio de unos cuatrocientos cincuenta años. Luego les dio jueces hasta el profeta Samuel. Después pidieron un rey, y Dios les dio a Saúl, hijo de Quis, de la tribu de Benjamín, durante cuarenta años. Lo depuso y les suscitó como rey a David, en favor del cual dio testimonio, diciendo: “Encontré a David”, hijo de Jesé, “hombre conforme a mi corazón, que cumplirá todos mis preceptos”.

    Según lo prometido, Dios sacó de su descendencia un salvador para Israel: Jesús. Juan predicó a todo Israel un bautismo de conversión antes de que llegara Jesús; y, cuando Juan estaba para concluir el curso de su vida,

    decía: “Yo no soy quien ustedes piensen, pero, miren, viene uno detrás de mí a quien no merezco desatarle las sandalias de los pies”».


    Palabra de Dios.

    Salmo

    Sal 88, 2-3. 21-22. 25 y 27 (R.: cf. 2a)


    R. Cantaré eternamente tus misericordias, Señor.


    O bien:


    R. Aleluya.


    V. Cantaré eternamente las misericordias del Señor,

    anunciaré tu fidelidad por todas las edades.

    Porque dijiste: «La misericordia es un edificio eterno»,

    más que el cielo has afianzado tu fidelidad. R.


    V. Encontré a David, mi siervo,

    y lo he ungido con óleo sagrado;

    para que mi mano esté siempre con él

    y mi brazo lo haga valeroso. R.


    V. Mi fidelidad y misericordia lo acompañarán,

    por mi nombre crecerá su poder.

    Él me invocará: «Tú eres mi padre,

    mi Dios, mi Roca salvadora». R.

    Aclamación

    R. Aleluya, aleluya, aleluya.

    V. Jesucristo, eres el testigo fiel, el primogénito de entre los muertos; nos amaste y nos has librado de nuestros pecados

    con tu sangre. R.

    Evangelio

    Jn 13, 16-20


    El que recibe a quien yo envíe me recibe a mí


    Lectura del santo Evangelio según san Juan.


    CUANDO Jesús terminó de lavar los pies a sus discípulos les dijo:

    «En verdad, en verdad les digo: el criado no es más que su amo, ni el enviado es más que el que lo envía. Puesto que saben esto, dichosos ustedes si lo ponen en práctica. No lo digo por todos ustedes; yo sé bien a quiénes he elegido, pero tiene que cumplirse la Escritura: “El que compartía mi pan me ha traicionado”. Se lo digo ahora a ustedes, antes de que suceda, para que cuando suceda crean que yo soy.

    En verdad, en verdad les digo: el que recibe a quien yo envíe me recibe a mí; y el que me recibe a mí recibe al que me ha enviado».


    Palabra del Señor.

    5 min
  • Reflexión miércoles 29 de abril de 2026. Jesús es la bella luz, ilumina tu camino con su amor.

    Primera lectura

    Hch 12, 24 — 13, 5a


    Apártenme a Bernabé y a Saulo


    Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles.


    EN aquellos días, la palabra de Dios iba creciendo y se multiplicaba. Cuando cumplieron su servicio, Bernabé y Saulo se volvieron de Jerusalén, llevándose con ellos a Juan, por sobrenombre Marcos.

    En la Iglesia que estaba en Antioquía había profetas y maestros: Bernabé, Simeón, llamado Níger; Lucio, el de Cirene; Manahén, hermano de leche del tetrarca Herodes, y Saulo.

    Un día que estaban celebrando el culto al Señor y ayunaban, dijo el Espíritu Santo:

    «Apártenme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado».

    Entonces, después de ayunar y orar, les impusieron las manos y los enviaron. Con esta misión del Espíritu Santo, bajaron a Seleucia y de allí zarparon para Chipre.

    Llegados a Salamina, anunciaron la palabra de Dios en las sinagogas de los judíos.


    Palabra de Dios.

    Salmo

    Sal 66, 2-3. 5. 6 y 8 (R.: 4)


    R. Oh, Dios, que te alaben los pueblos,

    que todos los pueblos te alaben.


    O bien:


    R. Aleluya.


    V. Que Dios tenga piedad y nos bendiga,

    ilumine su rostro sobre nosotros;

    conozca la tierra tus caminos,

    todos los pueblos tu salvación. R.


    V. Que canten de alegría las naciones,

    porque riges el mundo con justicia

    y gobiernas las naciones de la tierra. R.


    V. Oh, Dios, que te alaben los pueblos,

    que todos los pueblos te alaben.

    Que Dios nos bendiga; que le teman

    todos los confines de la tierra. R.

    Aclamación

    R. Aleluya, aleluya, aleluya.

    V. Yo soy la luz del mundo —dice el Señor—; el que me sigue tendrá la luz de la vida. R.

    Evangelio

    Jn 12, 44-50


    Yo he venido al mundo como luz


    Lectura del santo Evangelio según san Juan.


    EN aquel tiempo, Jesús gritó diciendo:

    «El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me ha enviado. Y el que me ve a mí, ve al que me ha enviado. Yo he venido al mundo como luz, y así, el que cree en mí no quedará en tinieblas.

    Al que oiga mis palabras y no las cumpla, yo no lo juzgo, porque no he venido para juzgar al mundo, sino para salvar al mundo. El que me rechaza y no acepta mis palabras tiene quien lo juzgue: la palabra que yo he pronunciado, esa lo juzgará en el último día. Porque yo no he hablado por cuenta mía; el Padre que me envió es quien me ha ordenado lo que he de decir y cómo he de hablar. Y sé que su mandato es vida eterna. Por tanto, lo que yo hablo, lo hablo como me ha encargado el Padre».


    Palabra del Señor.

    5 min
  • Reflexión 28 de abril de 2026. Reconocer la voz de Dios, aprender a escucharlo.

    Primera lectura

    Hch 11, 19-26


    Se pusieron a hablar a los griegos, anunciándoles la Buena Nueva del Señor Jesús


    Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles.


    EN aquellos días, los que se habían dispersado en la persecución provocada por lo de Esteban llegaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, sin predicar la palabra más que a los judíos. Pero algunos, naturales de Chipre y de Cirene, al llegar a Antioquía, se pusieron a hablar también a los griegos, anunciándoles la Buena Nueva del Señor Jesús. Como la mano del Señor estaba con ellos, gran número creyó y se convirtió al Señor.

    Llegó la noticia a oídos de la Iglesia de Jerusalén, y enviaron a Bernabé a Antioquía; al llegar y ver la acción de la gracia de Dios, se alegró y exhortaba a todos a seguir unidos al Señor con todo empeño, porque era un hombre bueno, lleno de Espíritu Santo y de fe. Y una multitud considerable se adhirió al Señor.

    Bernabé salió para Tarso en busca de Saulo; cuando lo encontró, se lo llevó a Antioquía. Durante todo un año estuvieron juntos en aquella Iglesia e instruyeron a muchos. Fue en Antioquía donde por primera vez los discípulos fueron llamados cristianos.


    Palabra de Dios.

    Salmo

    Sal 86, 1b-3. 4-5. 6-7 (R.: 116, 1a)


    R. Alaben al Señor todas las naciones.


    O bien:


    R. Aleluya.


    V. Él la ha cimentado sobre el monte santo;

    y el Señor prefiere las puertas de Sion

    a todas las moradas de Jacob.

    ¡Qué pregón tan glorioso para ti,

    ciudad de Dios! R.


    V. «Contaré a Egipto y a Babilonia

    entre mis fieles;

    filisteos, tirios y etíopes

    han nacido allí».

    Se dirá de Sion: «Uno por uno,

    todos han nacido en ella;

    el Altísimo en persona la ha fundado». R.


    V. El Señor escribirá en el registro de los pueblos:

    «Este ha nacido allí».

    Y cantarán mientras danzan:

    «Todas mis fuentes están en ti». R.

    Aclamación

    R. Aleluya, aleluya, aleluya.

    V. Mis ovejas escuchan mi voz —dice el Señor—, y yo las conozco, y ellas me siguen. R.

    Evangelio

    Jn 10, 22-30


    Yo y el Padre somos uno


    Lectura del santo Evangelio según san Juan.


    SE celebraba en Jerusalén la fiesta de la Dedicación del templo. Era invierno, y Jesús se paseaba en el templo por el pórtico de Salomón.

    Los judíos, rodeándolo, le preguntaban:

    «¿Hasta cuándo nos vas a tener en suspenso? Si tú eres el Mesías, dínoslo francamente».

    Jesús les respondió:

    «Se lo he dicho, y no creen; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, esas dan testimonio de mí. Pero ustedes no creen, porque no son de mis ovejas. Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. Lo que mi Padre me ha dado es más que todas las cosas, y nadie puede arrebatar nada de la mano de mi Padre. Yo y el Padre somos uno».


    Palabra del Señor.

    5 min
  • Reflexión 27/abr 2026. Dios es la mejor novedad, descubre lo nuevo que Él quiere hacer en tu vida.

    Primera lectura

    Hch 11, 1-18


    Así pues, también a los gentiles les ha otorgado Dios la conversión que lleva a la vida


    Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles.


    EN aquellos días, los apóstoles y los hermanos de Judea se enteraron de que también los gentiles habían recibido la palabra de Dios. Cuando Pedro subió a Jerusalén, los de la circuncisión le dijeron en son de reproche:

    «Has entrado en casa de incircuncisos y has comido con ellos».

    Pedro entonces comenzó a exponerles los hechos por su orden, diciendo:

    «Estaba yo orando en la ciudad de Jafa, cuando tuve en éxtasis una visión: una especie de recipiente que bajaba, semejante a un gran lienzo que era descolgado del cielo sostenido por los cuatro extremos, hasta donde yo estaba. Miré dentro y vi cuadrúpedos de la tierra, fieras, reptiles y pájaros del cielo. Luego oí una voz que me decía: “Levántate, Pedro, mata y come”. Yo respondí: “De ningún modo, Señor, pues nunca entró en mi boca cosa profana o impura”. Pero la voz del cielo habló de nuevo: “Lo que Dios ha purificado, tú no lo consideres profano”. Esto sucedió hasta tres veces, y de un tirón lo subieron todo de nuevo al cielo.

    En aquel preciso momento llegaron a la casa donde estábamos tres hombres enviados desde Cesarea en busca mía. Entonces el Espíritu me dijo que me fuera con ellos sin dudar. Me acompañaron estos seis hermanos, y entramos en casa de aquel hombre. Él nos contó que había visto en su casa al ángel que, en pie, le decía: “Manda recado a Jafa y haz venir a Simón, llamado Pedro; él te dirá palabras que traerán la salvación a ti y a tu casa”.

    En cuanto empecé a hablar, bajó sobre ellos el Espíritu Santo, igual que había bajado sobre nosotros al principio; entonces me acordé de lo que el Señor había dicho: “Juan bautizó con agua, pero ustedes serán bautizados con Espíritu Santo”. Pues, si Dios les ha dado a ellos el mismo don que a nosotros, por haber creído en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo para oponerme a Dios?».

    Oyendo esto, se calmaron y alabaron a Dios diciendo:

    «Así pues, también a los gentiles les ha otorgado Dios la conversión que lleva a la vida».


    Palabra de Dios.

    Salmo

    Sal 41, 2-3; 42, 3. 4 (R.: cf. Sal 41, 3a)


    R. Mi alma tiene sed de ti, Dios vivo.


    O bien:


    R. Aleluya.


    V. Como busca la cierva corrientes de agua,

    así mi alma te busca a ti, Dios mío;

    mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo:

    ¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios? R.


    V. Envía tu luz y tu verdad:

    que ellas me guíen

    y me conduzcan hasta tu monte santo,

    hasta tu morada. R.


    V. Me acercaré al altar de Dios,

    al Dios de mi alegría,

    y te daré gracias al son de la cítara,

    Dios, Dios mío. R.

    Aclamación

    R. Aleluya, aleluya, aleluya.

    V. Yo soy el Buen Pastor —dice el Señor—, que conozco a mis ovejas, y las mías me conocen. R.

    Evangelio

    Jn 10, 11-18


    El buen pastor da su vida por las ovejas


    Lectura del santo Evangelio según san Juan.


    EN aquel tiempo, dijo Jesús:

    «Yo soy el Buen Pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas; el asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo las roba y las dispersa; y es que a un asalariado no le importan las ovejas.

    Yo soy el Buen Pastor, que conozco a las mías, y las mías me conocen, igual que el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas.

    Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a esas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño y un solo Pastor.

    Por esto me ama el Padre, porque yo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para entregarla y tengo poder para recuperarla: este mandato he recibido de mi Padre».


    Palabra del Señor.

    5 min
  • Reflexión Dom 26 de abril de 2026. El mejor camino hacia la paz. Encuentra la verdadera tranquilidad

    Primera lectura

    Hch 2, 14a. 36-41


    Dios lo ha constituido Señor y Mesías


    Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles.


    EL día de Pentecostés Pedro, poniéndose en pie junto a los Once, levantó su voz y declaró:

    «Con toda seguridad conozca toda la casa de Israel que al mismo Jesús, a quien ustedes crucificaron, Dios lo ha constituido Señor y Mesías».

    Al oír esto, se les traspasó el corazón, y preguntaron a Pedro y a los demás apóstoles:

    «¿Qué tenemos que hacer, hermanos?»

    Pedro les contestó:

    «Conviértanse y sea bautizado cada uno de ustedes en el nombre de Jesús, el Mesías, para perdón de sus pecados, y recibirán el don del Espíritu Santo. Porque la promesa vale para ustedes y para sus hijos, y para los que están lejos, para cuantos llamare a sí el Señor Dios nuestro».

    Con estas y otras muchas razones dio testimonio y los exhortaba diciendo:

    «Sálvense de esta generación perversa».

    Los que aceptaron sus palabras se bautizaron, y aquel día fueron agregadas unas tres mil personas.


    Palabra de Dios.

    Salmo

    Sal 22, 1b-3a. 3b-4. 5. 6 (R.: 1b)


    R. El Señor es mi pastor, nada me falta.


    O bien:


    R. Aleluya.


    V. El Señor es mi pastor, nada me falta:

    en verdes praderas me hace recostar;

    me conduce hacia fuentes tranquilas

    y repara mis fuerzas. R.


    V. Me guía por el sendero justo,

    por el honor de su nombre.

    Aunque camine por cañadas oscuras,

    nada temo, porque tú vas conmigo:

    tu vara y tu cayado me sosiegan. R.


    V. Preparas una mesa ante mí,

    enfrente de mis enemigos;

    me unges la cabeza con perfume,

    y mi copa rebosa. R.


    V. Tu bondad y tu misericordia me acompañan

    todos los días de mi vida,

    y habitaré en la casa del Señor

    por años sin término. R.

    Segunda lectura

    1 Pe 2, 20b-25


    Se han convertido al pastor de sus almas


    Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro.


    QUERIDOS hermanos:

    Que aguanten cuando sufren por hacer el bien, eso es una gracia de parte de Dios.

    Pues para esto han sido llamados,

    porque también Cristo padeció por ustedes,

    dejándoles un ejemplo para que sigan sus huellas.

    Él no cometió pecado

    ni encontraron engaño en su boca.

    Él no devolvía el insulto cuando lo insultaban;

    sufriendo no profería amenazas;

    sino que se entregaba al que juzga rectamente.

    Él llevó nuestros pecados en su cuerpo hasta el leño,

    para que, muertos a los pecados, vivamos para la justicia.

    Con sus heridas fueron curados.

    Pues andaban errantes como ovejas,

    pero ahora se han convertido

    al pastor y guardián de sus almas.


    Palabra de Dios.

    Aclamación

    R. Aleluya, aleluya, aleluya.

    V. Yo soy el Buen Pastor —dice el Señor—, que conozco a mis ovejas, y las mías me conocen. R.

    Evangelio

    Jn 10, 1-10


    Yo soy la puerta de las ovejas


    Lectura del santo Evangelio según san Juan.


    EN aquel tiempo, dijo Jesús:

    «En verdad, en verdad les digo: el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ese es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A este le abre el guarda y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca. Cuando ha sacado todas las suyas camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz; a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños».

    Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús:

    «En verdad, en verdad les digo: yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon.

    Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos.

    El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estragos; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante».


    Palabra del Señor.

    5 min
  • Reflexión sábado 25 de abril de 2026. El bello anuncio, la buena noticia que transforma el corazón.

    Primera lectura

    1 Pe 5, 5b-14


    Los saluda Marcos, mi hijo


    Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro.


    QUERIDOS hermanos:

    Revístanse todos de humildad en el trato mutuo, porque Dios resiste a los soberbios, mas da su gracia a los humildes. Así pues, sean humildes bajo la poderosa mano de Dios, para que él los ensalce en su momento. Descarguen en él todo su agobio, porque él cuida de ustedes.

    Sean sobrios, velen. Su adversario, el diablo, como león rugiente, ronda buscando a quien devorar. Resístanle, firmes en la fe, sabiendo que la comunidad fraternal de ustedes en el mundo entero está pasando por los mismos sufrimientos. Y el Dios de toda gracia que los ha llamado a su gloria eterna en Cristo Jesús, después de sufrir un poco, él mismo los restablecerá, los afianzará, los robustecerá y los consolidará. Suyo es el poder por los siglos. Amén.

    Les he escrito brevemente por medio de Silvano, al que tengo por hermano fiel, para exhortarlos y para darles testimonio de que esta es la verdadera gracia de Dios. Manténganse firmes en ella.

    Los saluda la comunidad que en Babilonia comparte su misma elección, y también Marcos, mi hijo. Salúdense unos a otros con el beso del amor.

    Paz a todos ustedes, los que viven en Cristo.


    Palabra de Dios.

    Salmo

    Sal 88, 2-3. 6-7. 16-17 (R.: cf. 2a)


    R. Cantaré eternamente tus misericordias, Señor.


    O bien:


    R. Aleluya.


    V. Cantaré eternamente las misericordias del Señor,

    anunciaré tu fidelidad por todas las edades.

    Porque dijiste: «La misericordia es un edificio eterno»,

    más que el cielo has afianzado tu fidelidad. R.


    V. El cielo proclama tus maravillas, Señor,

    y tu fidelidad en la asamblea de los santos.

    ¿Quién sobre las nubes se compara a Dios?

    ¿Quién como el Señor entre los seres divinos? R.


    V. Dichoso el pueblo que sabe aclamarte:

    caminará, oh, Señor, a la luz de tu rostro;

    tu nombre es su gozo cada día,

    tu justicia es su orgullo. R.

    Aclamación

    R. Aleluya, aleluya, aleluya.

    V. Nosotros predicamos a Cristo crucificado, fuerza de Dios y sabiduría de Dios. R

    Evangelio

    Mc 16, 15-20


    Proclamen el Evangelio a toda la creación


    Lectura del santo Evangelio según san Marcos.


    EN aquel tiempo, se apareció Jesús a los once y les dijo:

    «Vayan al mundo entero y proclamen el Evangelio a toda la creación.

    El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea será condenado.

    A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, tomarán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos».

    Después de hablarles, el Señor Jesús fue llevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios.

    Ellos se fueron a predicar por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban.


    Palabra del Señor.

    5 min
  • Reflexión viernes 24 de abril de 2026. ¿En que camino estás tú?

    Primera lectura

    Hch 9, 1-20


    Ese hombre es un instrumento elegido por mí para llevar mi nombre a los pueblos


    Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles.


    EN aquellos días, Saulo, respirando todavía amenazas de muerte contra los discípulos del Señor, se presentó al sumo sacerdote y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, autorizándolo a traerse encadenados a Jerusalén a los que descubriese que pertenecían al Camino, hombres y mujeres.

    Mientras caminaba, cuando ya estaba cerca de Damasco, de repente una luz celestial lo envolvió con su resplandor. Cayó a tierra y oyó una voz que le decía:

    «Saúl, Saúl, ¿por qué me persigues?».

    Dijo él:

    «¿Quién eres, Señor?».

    Respondió:

    «Soy Jesús, a quien tú persigues. Pero levántate, entra en la ciudad, y allí se te dirá lo que tienes que hacer».

    Sus compañeros de viaje se quedaron mudos de estupor, porque oían la voz, pero no veían a nadie. Saulo se levantó del suelo, y, aunque tenía los ojos abiertos, no veía nada. Lo llevaron de la mano hasta Damasco. Allí estuvo tres días ciego, sin comer ni beber.

    Había en Damasco un discípulo, que se llamaba Ananías. El Señor lo llamó en una visión:

    «Ananías».

    Respondió él:

    «Aquí estoy, Señor».

    El Señor le dijo:

    «Levántate y ve a la calle llamada Recta, y pregunta en casa de Judas por un tal Saulo de Tarso. Mira, está orando, y ha visto en visión a un cierto Ananías que entra y le impone las manos para que recobre la vista».

    Ananías contestó:

    «Señor, he oído a muchos hablar de ese individuo y del daño que ha hecho a tus santos en Jerusalén, y que aquí tiene autorización de los sumos sacerdotes para llevarse presos a todos los que invocan tu nombre».

    El Señor le dijo:

    «Anda, ve; que ese hombre es un instrumento elegido por mí para llevar mi nombre a pueblos y reyes, y a los hijos de Israel. Yo le mostraré lo que tiene que sufrir por mi nombre».

    Salió Ananías, entró en la casa, le impuso las manos y dijo:

    «Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció cuando venías por el camino, me ha enviado para que recobres la vista y seas lleno de Espíritu Santo».

    Inmediatamente se le cayeron de los ojos una especie de escamas, y recobró la vista. Se levantó, y fue bautizado. Comió, y recobró las fuerzas.

    Se quedó unos días con los discípulos de Damasco, y luego se puso a anunciar en las sinagogas que Jesús es el Hijo de Dios.


    Palabra de Dios.

    Salmo

    Sal 116, 1. 2 (R. : Mc 16, 15)


    R. Vayan al mundo entero y proclamen el Evangelio.


    O bien:


    R. Aleluya.


    V. Alaben al Señor todas las naciones,

    aclámenlo todos los pueblos. R.


    V. Firme es su misericordia con nosotros,

    su fidelidad dura por siempre. R.

    Aclamación

    R. Aleluya, aleluya, aleluya.

    V. El que come mi carne y bebe mi sangre —dice el Señor— habita en mí y yo en él. R.

    Evangelio

    Jn 6, 52-59


    Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida


    Lectura del santo Evangelio según san Juan.


    EN aquel tiempo, disputaban los judíos entre sí:

    «¿Cómo puede este darnos a comer su carne?».

    Entonces Jesús les dijo:

    «En verdad, en verdad les digo: si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tienen vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.

    Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.

    El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.

    Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí.

    Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de sus padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre».

    Esto lo dijo Jesús en la sinagoga, cuando enseñaba en Cafarnaún.


    Palabra del Señor.

    5 min
  • Reflexión jueves 23 de abril de 2026. El misterio de Cristo.

    Primera lectura

    Hch 8, 26-40


    Mira, agua. ¿Qué dificultad hay en que me bautice?


    Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles.


    EN aquellos días, un ángel del Señor habló a Felipe y le dijo:

    «Levántate y marcha hacia el sur, por el camino de Jerusalén a Gaza, que está desierto».

    Se levantó, se puso en camino y, de pronto, vio venir a un etíope; era un eunuco, ministro de Candaces, reina de Etiopía e intendente del tesoro, que había ido a Jerusalén para adorar. Iba de vuelta, sentado en su carroza, leyendo al profeta Isaías.

    El Espíritu dijo a Felipe:

    «Acércate y pégate a la carroza».

    Felipe se acercó corriendo, le oyó leer el profeta Isaías, y le preguntó:

    «¿Entiendes lo que estás leyendo?».

    Contestó:

    «¿Y cómo voy a entenderlo si nadie me guía?».

    E invitó a Felipe a subir y a sentarse con él. El pasaje de la Escritura que estaba leyendo era este:

    «Como cordero fue llevado al matadero,

    como oveja muda ante el esquilador,

    así no abre su boca.

    En su humillación no se le hizo justicia.

    ¿Quién podrá contar su descendencia?

    Pues su vida ha sido arrancada de la tierra».

    El eunuco preguntó a Felipe:

    «Por favor, ¿de quién dice esto el profeta?; ¿de él mismo o de otro?».

    Felipe se puso a hablarle y, tomando pie de este pasaje, le anunció la Buena Nueva de Jesús. Continuando el camino, llegaron a un sitio donde había agua, y dijo el eunuco:

    «Mira, agua. ¿Qué dificultad hay en que me bautice?».

    Mandó parar la carroza, bajaron los dos al agua, Felipe y el eunuco, y lo bautizó. Cuando salieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe. El eunuco no volvió a verlo, y siguió su camino lleno de alegría.

    Felipe se encontró en Azoto y fue anunciando la Buena Nueva en todos los poblados hasta que llegó a Cesarea.


    Palabra de Dios.

    Salmo

    Sal 65, 8-9. 16-17. 20 (R.: 1b)


    R. Aclama al Señor, tierra entera.


    O bien:


    R. Aleluya.


    V. Bendigan, pueblos, a nuestro Dios;

    hagan resonar sus alabanzas,

    porque él nos ha devuelto la vida

    y no dejó que tropezaran nuestros pies. R.


    V. Los que temen a Dios, vengan a escuchar,

    les contaré lo que ha hecho conmigo:

    a él gritó mi boca

    y lo ensalzó mi lengua. R.


    V. Bendito sea Dios, que no rechazó mi súplica

    ni me retiró su favor. R.

    Aclamación

    R. Aleluya, aleluya, aleluya.

    V. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo —dice el Señor—;

    el que coma de este pan vivirá para siempre. R.

    Evangelio

    Jn 6, 44-51


    Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo


    Lectura del santo Evangelio según san Juan.


    EN aquel tiempo, dijo Jesús al gentío:

    «Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré en el último día.

    Está escrito en los profetas: “Serán todos discípulos de Dios”.

    Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mí.

    No es que alguien haya visto al Padre, a no ser el que está junto a Dios: ese ha visto al Padre. En verdad, en verdad les digo: el que cree tiene vida eterna.

    Yo soy el pan de la vida. Sus padres comieron en el desierto el maná y murieron; este es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera.

    Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre.

    Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo».


    Palabra del Señor.

    5 min
  • Reflexión miércoles 22 de abril de 2026. Siempre hay hambre de Dios.

    Primera lectura

    Hch 8, 1b-8


    Iban de un lugar a otro anunciando la Buena Nueva de la Palabra


    Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles.


    AQUEL día, se desató una violenta persecución contra la Iglesia de Jerusalén; todos, menos los apóstoles, se dispersaron por Judea y Samaría.

    Unos hombres piadosos enterraron a Esteban e hicieron gran duelo por él.

    Saulo, por su parte, se ensañaba con la Iglesia, penetrando en las casas y arrastrando a la cárcel a hombres y mujeres.

    Los que habían sido dispersados iban de un lugar a otro anunciando la Buena Nueva de la Palabra. Felipe bajó a la ciudad de Samaría y les predicaba a Cristo. El gentío unánimemente escuchaba con atención lo que decía Felipe, porque habían oído hablar de los signos que hacía, y los estaban viendo: de muchos poseídos salían los espíritus inmundos lanzando gritos, y muchos paralíticos y lisiados se curaban. La ciudad se llenó de alegría.


    Palabra de Dios.

    Salmo

    Sal 65, 1b-3a. 4-5. 6-7a (R.: 1b)


    R. Aclama al Señor, tierra entera.


    O bien:


    R. Aleluya.


    V. Aclama al Señor, tierra entera;

    toquen en honor de su nombre,

    canten himnos a su gloria.

    Digan a Dios: «¡Qué temibles son tus obras!». R.


    V. «Que se postre ante ti la tierra entera,

    que toquen en tu honor,

    que toquen para tu nombre».

    Vengan a ver las obras de Dios,

    sus temibles proezas en favor de los hombres. R.


    V. Transformó el mar en tierra firme,

    a pie atravesaron el río.

    Alegrémonos en él,

    que con su poder gobierna eternamente. R.

    Aclamación

    R. Aleluya, aleluya, aleluya.

    V. Todo el que cree en el Hijo tiene vida eterna —dice el Señor—; y yo lo resucitaré en el último día. R.

    Evangelio

    Jn 6, 35-40


    Esta es la voluntad del Padre: que todo el que ve al Hijo tenga vida eterna


    Lectura del santo Evangelio según san Juan.


    EN aquel tiempo, dijo Jesús al gentío:

    «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás; pero, como les he dicho, me han visto y no creen.

    Todo lo que me da el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré, porque he bajado del cielo no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado.

    Esta es la voluntad del que me ha enviado: que no pierda nada de lo que me dio, sino que lo resucite en el último día.

    Esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en él tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día».


    Palabra del Señor.

    5 min
  • Reflexión martes 21 de abril de 2026. La mejor ganancia.

    Primera lectura

    Hch 7, 51 — 8, 1a


    Señor Jesús, recibe mi espíritu


    Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles.


    EN aquellos días, dijo Esteban al pueblo y a los ancianos y escribas:

    «¡Duros de cerviz, incircuncisos de corazón y de oídos! Ustedes siempre resisten al Espíritu Santo, lo mismo que sus padres. ¿Hubo un profeta que sus padres no persiguieran? Ellos mataron a los que anunciaban la venida del Justo, y ahora ustedes lo han traicionado y asesinado; ustedes recibieron la ley por mediación de ángeles y no la han observado».

    Oyendo sus palabras se recomían en sus corazones y rechinaban los dientes de rabia. Esteban, lleno de Espíritu Santo, fijando la mirada en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús de pie a la derecha de Dios, y dijo:

    «Veo los cielos abiertos y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios».

    Dando un grito estentóreo, se taparon los oídos; y, como un solo hombre, se abalanzaron sobre él, lo empujaron fuera de la ciudad y se pusieron a apedrearlo. Los testigos dejaron sus capas a los pies de un joven llamado Saulo y se pusieron a apedrear a Esteban, que repetía esta invocación:

    «Señor Jesús, recibe mi espíritu».

    Luego, cayendo de rodillas y clamando con voz potente, dijo:

    «Señor, no les tengas en cuenta este pecado».

    Y, con estas palabras, murió.

    Saulo aprobaba su ejecución.


    Palabra de Dios.

    Salmo

    Sal 30, 3cd-4. 6 y 7b y 8a. 17 y 21ab (R.: 6a)


    R. A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.


    O bien:


    R. Aleluya.


    V. Sé la roca de mi refugio,

    un baluarte donde me salve,

    tú que eres mi roca y mi baluarte;

    por tu nombre dirígeme y guíame. R.


    V. A tus manos encomiendo mi espíritu:

    tú, el Dios leal, me librarás.

    Yo confío en el Señor.

    Tu misericordia sea mi gozo y mi alegría. R.


    V. Haz brillar tu rostro sobre tu siervo,

    sálvame por tu misericordia.

    En el asilo de tu presencia los escondes

    de las conjuras humanas. R.

    Aclamación

    R. Aleluya, aleluya, aleluya.

    V. Yo soy el pan de vida —dice el Señor—; el que viene a mí no tendrá hambre. R.

    Evangelio

    Jn 6, 30-35


    No fue Moisés, sino que es mi Padre el que da el verdadero pan del cielo


    Lectura del santo Evangelio según san Juan.


    EN aquel tiempo, el gentío dijo a Jesús:

    «¿Y qué signo haces tú, para que veamos y creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: “Pan del cielo les dio a comer”».

    Jesús les replicó:

    «En verdad, en verdad les digo: no fue Moisés quien les dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que les da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo».

    Entonces le dijeron:

    «Señor, danos siempre de este pan».

    Jesús les contestó:

    «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás».


    Palabra del Señor.

    5 min

About Reflexiones diarias Padre Juan Diego Ruiz Arango. Medellín. Colombia.

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