
Sign up to save your podcasts
Or


HABLEMOS DE LA BIBLIA, CON IRIT GREEN – Lamentaciones
1 (Álef) ¡Cómo se ha deslucido el oro, | cómo ha cambiado el oro más puro!;
las piedras sagradas se han esparcido | por las esquinas de las calles.
2 (Bet) Los hijos de Sión, los honorables, | valiosos como el oro fino,
son considerados como cacharros de barro, | obra de alfarero.
3 (Guímel) Hasta los chacales ofrecen las ubres | y amamantan a sus cachorros;
pero la hija de mi pueblo se ha vuelto cruel | como los avestruces del desierto.
4 (Dálet) A los niños de pecho | se les pega la lengua al paladar por la sed;
los pequeños piden pan, | y no hay quien se lo dé.
5 (He) Los que comían manjares exquisitos | desfallecen por las calles;
los que se habían criado entre púrpuras | se revuelcan en la basura.
6 (Vau) La culpa de la hija de mi pueblo | es más grave que el pecado de Sodoma,
que fue derribada en un momento | sin que mano alguna la tocara.
7 (Zain) Brillaban sus consagrados más que la nieve, | blanqueaban más que la leche;
su cuerpo era más rojo que el coral, | su aspecto como el zafiro.
8 (Jet) Ahora están más negros que el carbón, | no se los reconoce por las calles;
su piel se ha pegado a sus huesos, | está seca como la leña.
9 (Tet) Más suerte tuvieron los muertos a espada | que las víctimas del hambre,
que caen extenuadas | por la falta de alimento.
10 (Yod) Manos de piadosas mujeres | cocieron a sus hijos;
ellos fueron su alimento | mientras caía la hija de mi pueblo.
11 (Kaf) El Señor apuró su furor, | derramó el ardor de su ira;
prendió un fuego en Sión | que devora sus cimientos.
12 (Lámed) Nunca creyeron los reyes de la tierra, | ni los habitantes del orbe,
que adversarios y enemigos | entrarían por las puertas de Jerusalén.
13 (Mem) Ocurrió por los pecados de sus profetas | y las culpas de sus sacerdotes,
que derramaron en medio de ella | sangre inocente.
14 (Nun) Como ciegos vagaban por las calles, | manchados de sangre,
sin que nadie pudiera | tocar sus vestidos.
15 (Sámek) «¡Apartaos! ¡Impuro! —les gritaban—. | ¡Apartaos, apartaos! ¡No toquéis!».
Y al huir errantes por las naciones, | les decían: «¡Marchaos de aquí!».
16 (Pe) El rostro del Señor los ha dispersado | y no volverá a mirarlos;
no se respeta a los sacerdotes, | nadie se compadece de los ancianos.
17 (Ayin) Nuestros ojos se consumían | aguardando una ayuda, ¡vana ilusión!;
desde nuestras atalayas oteábamos a un pueblo | incapaz de socorrer.
18 (Sade) Acechaban nuestros pasos | y no podíamos caminar por nuestras plazas;
se acercaba nuestro final, se nos agotaba el tiempo; | sí, llegaba nuestro fin.
19 (Qof) Nuestros perseguidores, | más rápidos que las águilas del cielo,
nos hostigaban por los montes, nos tendían emboscadas en el desierto.
20 (Res) El que era nuestro aliento, el Ungido del Señor, | ha caído apresado en sus fosas;
aquel de quien decíamos: | «¡A su sombra viviremos entre las naciones!».
21 (Sin) ¡Alégrate y salta de júbilo, hija de Edón, | que moras en la tierra de Us!;
también a ti llegará la copa, | te embriagarás y quedarás desnuda.
22 (Tau) Expiada está tu culpa, hija de Sión; | el Señor no volverá a desterrarte;
juzgará tu culpa, hija de Edón, | y dejará al descubierto tus pecados.
1 Recuerda, Señor, lo que nos ha sucedido, | contempla y mira nuestra vergüenza.
2 Nuestra heredad ha pasado a extraños, | nuestras casas a extranjeros.
3 Hemos quedado huérfanos, sin padre, | nuestras madres, como viudas.
4 Bebemos nuestra agua a cambio de plata, | compramos nuestra leña pagando su precio.
5 Nos persiguen, están encima de nosotros, | estamos cansados, no encontramos reposo.
6 Hemos tendido la mano a Egipto, | a Asiria para saciarnos de pan.
7 Nuestros padres pecaron y ya han muerto, | y nosotros cargamos con sus culpas.
8 Estamos dominados por unos esclavos, | y nadie nos libera de su mano.
9 Arriesgamos la vida por nuestro pan, | desafiando la espada en el desierto.
10 Nuestra piel abrasa como un horno, | por los ardores del hambre.
11 Violaron a las mujeres en Sión, | a las doncellas en las ciudades de Judá.
12 Colgaron a los príncipes de las manos, | los ancianos no han sido respetados.
13 Los jóvenes tuvieron que mover el molino, | y los niños desfallecían bajo los haces de leña.
14 Los ancianos ya no acuden a la puerta, | los jóvenes han olvidado sus cantares.
15 Ha cesado la alegría de nuestro corazón, | nuestra danza se ha convertido en lamento.
16 Ha caído la corona de nuestra cabeza, | ¡ay de nosotros, que hemos pecado!
17 Por eso está abatido nuestro corazón, | por todo esto se nos nublan los ojos.
18 Porque el monte Sión está desolado, | los zorros se pasean por él.
19 Pero tú, Señor, permaneces por siempre, | tu trono de generación en generación.
20 ¿Te olvidarás de nosotros para siempre, | nos abandonarás perpetuamente?
21 Haznos volver a ti, Señor, y volveremos, | renueva nuestros días como antaño.
22 Aunque nos hayas despreciado inmensamente | y tu enojo contra nosotros haya sido muy grande.
ACTOS EN DIRECTO – El 19 de febrero de 2026 tuvo ligar en los salones del Centro Sefarad Israel de Madrid el acto “Encuentro en el Templo: la masonería como lugar de acogida para los judíos” a cargo del escritor David Aliaga.
El franquismo logró fijar en el imaginario popular una relación entre la masonería y el judaísmo inscrita en términos absolutamente negativos. A través de un eficaz aparato ideológico y propagandístico, el régimen fomentó el odio y presentó a ambas tradiciones como enemigas de la patria, unidas en una supuesta voluntad de socavarla. La invención de la llamada “conspiración judeomasónica” fue un argumento destinado a legitimar la represión de quienes, formados en los valores éticos de la Torá o en ideales democráticos, no podían alinearse con la dictadura. El miedo a un enemigo fabricado sirvió así como herramienta de control y cohesión autoritaria. Más allá de ese relato falsario, sí existe una relación entre judaísmo y masonería, aunque de naturaleza muy distinta. Se trata de un vínculo basado en afinidades éticas y simbólicas, en una concepción moral del individuo y en el uso de símbolos y rituales como instrumentos de transmisión de valores, reflexión y formación. Lejos de cualquier idea conspirativa, este acercamiento permite revisar críticamente los tópicos heredados y situar el diálogo entre ambas tradiciones en su contexto histórico y cultural.
Estas cuestiones fueron abordadas por el citado escritor David Aliaga (L’Hospitalet de Llobregat, 1989), autor de -entre otras- la novela La lengua herida (Candaya, 2025) y reconocido por Granta y Esquire. Junto a su obra de ficción, ha desarrollado diversos ensayos sobre los vínculos rituales, simbólicos y éticos entre la masonería y el judaísmo, eje central de esta conferencia.
PARASHÁ –
3:23 Y oré a Dios en aquel tiempo, diciendo:
3:24 Señor Dios, tú has comenzado a mostrar a tu siervo tu grandeza, y tu mano poderosa; porque ¿qué dios hay en el cielo ni en la tierra que haga obras y proezas como las tuyas?
3:25 Pase yo, te ruego, y vea aquella tierra buena que está más allá del Jordán, aquel buen monte, y el Líbano.
3:26 Pero Dios se había enojado contra mí a causa de vosotros, por lo cual no me escuchó; y me dijo Dios: Basta, no me hables más de este asunto.
3:27 Sube a la cumbre del Pisga y alza tus ojos al oeste, y al norte, y al sur, y al este, y mira con tus propios ojos; porque no pasarás el Jordán.
3:28 Y manda a Josué, y anímalo, y fortalécelo; porque él ha de pasar delante de este pueblo, y él les hará heredar la tierra que verás.
3:29 Y paramos en el valle delante de Bet-peor.
Capítulo 4
4:1 Ahora, pues, oh Israel, oye los estatutos y decretos que yo os enseño, para que los ejecutéis, y viváis, y entréis y poseáis la tierra que Dios el Dios de vuestros padres os da.
4:2 No añadiréis a la palabra que yo os mando, ni disminuiréis de ella, para que guardéis los mandamientos de Dios vuestro Dios que yo os ordene.
4:3 Vuestros ojos vieron lo que hizo Dios con motivo de Baal- peor; que a todo hombre que fue en pos de Baal-peor destruyó Dios tu Dios de en medio de ti.
4:4 Mas vosotros que seguisteis a Dios vuestro Dios, todos estáis vivos hoy.
4:5 Mirad, yo os he enseñado estatutos y decretos, como Dios mi Dios me mandó, para que hagáis así en medio de la tierra en la cual entráis para tomar posesión de ella.
4:6 Guardadlos, pues, y ponedlos por obra; porque esta es vuestra sabiduría y vuestra inteligencia ante los ojos de los pueblos, los cuales oirán todos estos estatutos, y dirán: Ciertamente pueblo sabio y entendido, nación grande es esta.
4:7 Porque ¿qué nación grande hay que tenga dioses tan cercanos a ellos como lo está Dios nuestro Dios en todo cuanto le pedimos?
4:8 Y ¿qué nación grande hay que tenga estatutos y juicios justos como es toda esta ley que yo pongo hoy delante de vosotros? 4:9 Por tanto, guárdate, y guarda tu alma con diligencia, para que no te olvides de las cosas que tus ojos han visto, ni se aparten de tu corazón todos los días de tu vida; antes bien, las enseñarás a tus hijos, y a los hijos de tus hijos.
4:10 El día que estuviste delante de Dios tu Dios en Horeb, cuando Dios me dijo: Reúneme el pueblo, para que yo les haga oír mis palabras, las cuales aprenderán, para temerme todos los días que vivieren sobre la tierra, y las enseñarán a sus hijos;
4:11 y os acercasteis y os pusisteis al pie del monte; y el monte ardía en fuego hasta en medio de los cielos con tinieblas, nube y oscuridad;
4:12 y habló Dios con vosotros de en medio del fuego; oísteis la voz de sus palabras, mas a excepción de oír la voz, ninguna figura visteis.
4:13 Y él os anunció su pacto, el cual os mandó poner por obra; los diez mandamientos, y los escribió en dos tablas de piedra.
4:14 A mí también me mandó Dios en aquel tiempo que os enseñase los estatutos y juicios, para que los pusieseis por obra en la tierra a la cual pasáis a tomar posesión de ella. 4:15 Guardad, pues, mucho vuestras almas; pues ninguna figura visteis el día que Dios habló con vosotros de en medio del fuego;
4:16 para que no os corrompáis y hagáis para vosotros escultura, imagen de figura alguna, efigie de varón o hembra,
4:17 figura de animal alguno que está en la tierra, figura de ave alguna alada que vuele por el aire,
4:18 figura de ningún animal que se arrastre sobre la tierra, figura de pez alguno que haya en el agua debajo de la tierra.
4:19 No sea que alces tus ojos al cielo, y viendo el sol y la luna y las estrellas, y todo el ejército del cielo, seas impulsado, y te inclines a ellos y les sirvas; porque Dios tu Dios los ha concedido a todos los pueblos debajo de todos los cielos.
4:20 Pero a vosotros Dios os tomó, y os ha sacado del horno de hierro, de Egipto, para que seáis el pueblo de su heredad como en este día.
4:21 Y Dios se enojó contra mí por causa de vosotros, y juró que yo no pasaría el Jordán, ni entraría en la buena tierra que Dios tu Dios te da por heredad.
4:22 Así que yo voy a morir en esta tierra, y no pasaré el Jordán; mas vosotros pasaréis, y poseeréis aquella buena tierra.
4:23 Guardaos, no os olvidéis del pacto de Dios vuestro Dios, que él estableció con vosotros, y no os hagáis escultura o imagen de ninguna cosa que Dios tu Dios te ha prohibido.
4:24 Porque Dios tu Dios es fuego consumidor, Dios celoso.
4:25 Cuando hayáis engendrado hijos y nietos, y hayáis envejecido en la tierra, si os corrompiereis e hiciereis escultura o imagen de cualquier cosa, e hiciereis lo malo ante los ojos de Dios vuestro Dios, para enojarlo;
4:26 yo pongo hoy por testigos al cielo y a la tierra, que pronto pereceréis totalmente de la tierra hacia la cual pasáis el Jordán para tomar posesión de ella; no estaréis en ella largos días sin que seáis destruidos.
4:27 Y Dios os esparcirá entre los pueblos, y quedaréis pocos en número entre las naciones a las cuales os llevará Dios.
4:28 Y serviréis allí a dioses hechos de manos de hombres, de madera y piedra, que no ven, ni oyen, ni comen, ni huelen.
4:29 Mas si desde allí buscares a Dios tu Dios, lo hallarás, si lo buscares de todo tu corazón y de toda tu alma.
4:30 Cuando estuvieres en angustia, y te alcanzaren todas estas cosas, si en los postreros días te volvieres a Dios tu Dios, y oyeres su voz;
4:31 porque Dios misericordioso es Dios tu Dios; no te dejará, ni te destruirá, ni se olvidará del pacto que les juró a tus padres.
4:32 Porque pregunta ahora si en los tiempos pasados que han sido antes de ti, desde el día que creó Dios al hombre sobre la tierra, si desde un extremo del cielo al otro se ha hecho cosa semejante a esta gran cosa, o se haya oído otra como ella.
4:33 ¿Ha oído pueblo alguno la voz de Dios, hablando de en medio del fuego, como tú la has oído, sin perecer?
4:34 ¿O ha intentado Dios venir a tomar para sí una nación de en medio de otra nación, con pruebas, con señales, con milagros y con guerra, y mano poderosa y brazo extendido, y hechos aterradores como todo lo que hizo con vosotros Dios vuestro Dios en Egipto ante tus ojos?
4:35 A ti te fue mostrado, para que supieses que Dios es Dios, y no hay otro fuera de él.
4:36 Desde los cielos te hizo oír su voz, para enseñarte; y sobre la tierra te mostró su gran fuego, y has oído sus palabras de en medio del fuego.
4:37 Y por cuanto él amó a tus padres, escogió a su descendencia después de ellos, y te sacó de Egipto con su presencia y con su gran poder,
4:38 para echar de delante de tu presencia naciones grandes y más fuertes que tú, y para introducirte y darte su tierra por heredad, como hoy.
4:39 Aprende pues, hoy, y reflexiona en tu corazón que Dios es Dios arriba en el cielo y abajo en la tierra, y no hay otro.
4:40 Y guarda sus estatutos y sus mandamientos, los cuales yo te mando hoy, para que te vaya bien a ti y a tus hijos después de ti, y prolongues tus días sobre la tierra que Dios tu Dios te da para siempre. 4:41 Entonces apartó Moisés tres ciudades a este lado del Jordán al nacimiento del sol,
4:42 para que huyese allí el homicida que matase a su prójimo sin intención, sin haber tenido enemistad con él nunca antes; y que huyendo a una de estas ciudades salvase su vida:
4:43 Beser en el desierto, en tierra de la llanura, para los rubenitas; Ramot en Galaad para los gaditas, y Golán en Basán para los de Manasés. 4:44 Esta, pues, es la ley que Moisés puso delante de los hijos de Israel.
4:45 Estos son los testimonios, los estatutos y los decretos que habló Moisés a los hijos de Israel cuando salieron de Egipto;
4:46 a este lado del Jordán, en el valle delante de Bet-peor, en la tierra de Sehón rey de los amorreos que habitaba en Hesbón, al cual derrotó Moisés con los hijos de Israel, cuando salieron de Egipto;
4:47 y poseyeron su tierra, y la tierra de Og rey de Basán; dos reyes de los amorreos que estaban de este lado del Jordán, al oriente.
4:48 Desde Aroer, que está junto a la ribera del arroyo de Arnón, hasta el monte de Sion, que es Hermón;
4:49 y todo el Arabá de este lado del Jordán, al oriente, hasta el mar del Arabá, al pie de las laderas del Pisga.
Capítulo 5
5:1 Llamó Moisés a todo Israel y les dijo: Oye, Israel, los estatutos y decretos que yo pronuncio hoy en vuestros oídos; aprendedlos, y guardadlos, para ponerlos por obra.
5:2 Dios nuestro Dios hizo pacto con nosotros en Horeb.
5:3 No con nuestros padres hizo Dios este pacto, sino con nosotros todos los que estamos aquí hoy vivos.
5:4 Cara a cara habló Dios con vosotros en el monte de en medio del fuego.
5:5 Yo estaba entonces entre Dios y vosotros, para declararos la palabra de Dios; porque vosotros tuvisteis temor del fuego, y no subisteis al monte. Dijo:
5:6 Yo soy Dios tu Dios, que te saqué de tierra de Egipto, de casa de servidumbre.
5:7 No tendrás dioses ajenos delante de mí.
5:8 No harás para ti escultura, ni imagen alguna de cosa que está arriba en los cielos, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra.
5:9 No te inclinarás a ellas ni las servirás; porque yo soy Dios tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen,
5:10 y que hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos.
5:11 No tomarás el nombre de Dios tu Dios en vano; porque Dios no dará por inocente al que tome su nombre en vano.
5:12 Guardarás el día de reposo para santificarlo, como Dios tu Dios te ha mandado.
5:13 Seis días trabajarás, y harás toda tu obra;
5:14 mas el séptimo día es reposo a Dios tu Dios; ninguna obra harás tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu buey, ni tu asno, ni ningún animal tuyo, ni el extranjero que está dentro de tus puertas, para que descanse tu siervo y tu sierva como tú.
5:15 Acuérdate que fuiste siervo en tierra de Egipto, y que Dios tu Dios te sacó de allá con mano fuerte y brazo extendido; por lo cual Dios tu Dios te ha mandado que guardes el día de reposo.
5:16 Honra a tu padre y a tu madre, como Dios tu Dios te ha mandado, para que sean prolongados tus días, y para que te vaya bien sobre la tierra que Dios tu Dios te da.
5:17 No matarás.
5:18 No cometerás adulterio.
5:19 No hurtarás.
5:20 No dirás falso testimonio contra tu prójimo.
5:21 No codiciarás la mujer de tu prójimo, ni desearás la casa de tu prójimo, ni su tierra, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo. 5:22 Estas palabras habló Dios a toda vuestra congregación en el monte, de en medio del fuego, de la nube y de la oscuridad, a gran voz; y no añadió más. Y las escribió en dos tablas de piedra, las cuales me dio a mí.
5:23 Y aconteció que cuando vosotros oísteis la voz de en medio de las tinieblas, y visteis al monte que ardía en fuego, vinisteis a mí, todos los príncipes de vuestras tribus, y vuestros ancianos,
5:24 y dijisteis: He aquí Dios nuestro Dios nos ha mostrado su gloria y su grandeza, y hemos oído su voz de en medio del fuego; hoy hemos visto que Dios habla al hombre, y éste aún vive.
5:25 Ahora, pues, ¿por qué vamos a morir? Porque este gran fuego nos consumirá; si oyéremos otra vez la voz de Dios nuestro Dios, moriremos.
5:26 Porque ¿qué es el hombre, para que oiga la voz del Dios viviente que habla de en medio del fuego, como nosotros la oímos, y aún viva?
5:27 Acércate tú, y oye todas las cosas que dijere Dios nuestro Dios; y tú nos dirás todo lo que Dios nuestro Dios te dijere, y nosotros oiremos y haremos.
5:28 Y oyó Dios la voz de vuestras palabras cuando me hablabais, y me dijo Dios: He oído la voz de las palabras de este pueblo, que ellos te han hablado; bien está todo lo que han dicho.
5:29 ¡Quién diera que tuviesen tal corazón, que me temiesen y guardasen todos los días todos mis mandamientos, para que a ellos y a sus hijos les fuese bien para siempre!
5:30 Ve y diles: Volveos a vuestras tiendas.
5:31 Y tú quédate aquí conmigo, y te diré todos los mandamientos y estatutos y decretos que les enseñarás, a fin de que los pongan ahora por obra en la tierra que yo les doy por posesión.
5:32 Mirad, pues, que hagáis como Dios vuestro Dios os ha mandado; no os apartéis a diestra ni a siniestra.
5:33 Andad en todo el camino que Dios vuestro Dios os ha mandado, para que viváis y os vaya bien, y tengáis largos días en la tierra que habéis de poseer.
Capítulo 6
6:1 Estos, pues, son los mandamientos, estatutos y decretos que Dios vuestro Dios mandó que os enseñase, para que los pongáis por obra en la tierra a la cual pasáis vosotros para tomarla;
6:2 para que temas a Dios tu Dios, guardando todos sus estatutos y sus mandamientos que yo te mando, tú, tu hijo, y el hijo de tu hijo, todos los días de tu vida, para que tus días sean prolongados.
6:3 Oye, pues, oh Israel, y cuida de ponerlos por obra, para que te vaya bien en la tierra que fluye leche y miel, y os multipliquéis, como te ha dicho Dios el Dios de tus padres.
6:4 Oye, Israel: Dios nuestro Dios, Dios uno es.
6:5 Y amarás a Dios tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas.
6:6 Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón;
6:7 y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes.
6:8 Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos;
6:9 y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas. 6:10 Cuando Dios tu Dios te haya introducido en la tierra que juró a tus padres Abraham, Isaac y Jacob que te daría, en ciudades grandes y buenas que tú no edificaste,
6:11 y casas llenas de todo bien, que tú no llenaste, y cisternas cavadas que tú no cavaste, viñas y olivares que no plantaste, y luego que comas y te sacies,
6:12 cuídate de no olvidarte de Dios, que te sacó de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre.
6:13 A Dios tu Dios temerás, y a él solo servirás, y por su nombre jurarás.
6:14 No andaréis en pos de dioses ajenos, de los dioses de los pueblos que están en vuestros contornos;
6:15 porque el Dios celoso, Dios tu Dios, en medio de ti está; para que no se inflame el furor de Dios tu Dios contra ti, y te destruya de sobre la tierra.
6:16 No tentaréis a Dios vuestro Dios, como lo tentasteis en Masah.
6:17 Guardad cuidadosamente los mandamientos de Dios vuestro Dios, y sus testimonios y sus estatutos que te ha mandado.
6:18 Y haz lo recto y bueno ante los ojos de Dios, para que te vaya bien, y entres y poseas la buena tierra que Dios juró a tus padres;
6:19 para que él arroje a tus enemigos de delante de ti, como Dios ha dicho.
6:20 Mañana cuando te preguntare tu hijo, diciendo: ¿Qué significan los testimonios y estatutos y decretos que Dios nuestro Dios os mandó?
6:21 entonces dirás a tu hijo: Nosotros éramos siervos de Faraón en Egipto, y Dios nos sacó de Egipto con mano poderosa.
6:22 Dios hizo señales y milagros grandes y terribles en Egipto, sobre Faraón y sobre toda su casa, delante de nuestros ojos;
6:23 y nos sacó de allá, para traernos y darnos la tierra que juró a nuestros padres.
6:24 Y nos mandó Dios que cumplamos todos estos estatutos, y que temamos a Dios nuestro Dios, para que nos vaya bien todos los días, y para que nos conserve la vida, como hasta hoy.
6:25 Y tendremos justicia cuando cuidemos de poner por obra todos estos mandamientos delante de Dios nuestro Dios, como él nos ha mandado.
Capítulo 7
7:1 Cuando Dios tu Dios te haya introducido en la tierra en la cual entrarás para tomarla, y haya echado de delante de ti a muchas naciones, al heteo, al gergeseo, al amorreo, al cananeo, al ferezeo, al heveo y al jebuseo, siete naciones mayores y más poderosas que tú,
7:2 y Dios tu Dios las haya entregado delante de ti, y las hayas derrotado, las destruirás del todo; no harás con ellas alianza, ni tendrás de ellas misericordia.
7:3 Y no emparentarás con ellas; no darás tu hija a su hijo, ni tomarás a su hija para tu hijo.
7:4 Porque desviará a tu hijo de en pos de mí, y servirán a dioses ajenos; y el furor de Dios se encenderá sobre vosotros, y te destruirá pronto.
7:5 Mas así habéis de hacer con ellos: sus altares destruiréis, y quebraréis sus estatuas, y destruiréis sus imágenes de Asera, y quemaréis sus esculturas en el fuego. 7:6 Porque tú eres pueblo santo para Dios tu Dios; Dios tu Dios te ha escogido para serle un pueblo especial, más que todos los pueblos que están sobre la tierra.
7:7 No por ser vosotros más que todos los pueblos os ha querido Dios y os ha escogido, pues vosotros erais el más insignificante de todos los pueblos;
7:8 sino por cuanto Dios os amó, y quiso guardar el juramento que juró a vuestros padres, os ha sacado Dios con mano poderosa, y os ha rescatado de servidumbre, de la mano de Faraón rey de Egipto.
7:9 Conoce, pues, que Dios tu Dios es Dios, Dios fiel, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos, hasta mil generaciones;
7:10 y que da el pago en persona al que le aborrece, destruyéndolo; y no se demora con el que le odia, en persona le dará el pago.
7:11 Guarda, por tanto, los mandamientos, estatutos y decretos que yo te mando hoy que cumplas.
CONCEPTOS JUDÍOS, CON IRIT GREEN – Tishá Beav (el noveno día del mes de Av), es una fecha de duelo, de ayuno y de oración. Ese día tuvieron lugar dos hechos aciagos: la destrucción del Primer Templo de Jerusalem (Bet Hamikdash Harishón), a manos de los babilonios, en el año 586 antes de la Era Común; y por extraña coincidencia, también la ruina del Segundo Templo (Bet Hamikdash Hashení), perpetrada por los romanos en el año 68 de la Era Común.
HABLEMOS DE LA BIBLIA, CON IRIT GREEN – Lamentaciones
1 Yo soy el hombre que ha conocido | el sufrimiento bajo la vara de su cólera;
2 me ha conducido y llevado | a la tiniebla y no a la luz;
3 contra mí ha vuelto sin parar | su mano todo el día.
4 (Bet) Ha consumido mi carne y mi piel, | ha quebrado mis huesos;
5 ha levantado un cerco y me ha rodeado | de veneno y pesadumbre;
6 me ha confinado en las tinieblas, | como a los muertos de antaño.
7 (Guímel) Me ha tapiado y no puedo salir, | me ha cargado con pesadas cadenas;
8 aunque grito y pido socorro, | cierra sus oídos a mi súplica;
9 ha cerrado mis caminos con sillares, | ha retorcido mis sendas.
10 (Dálet) Ha sido para mí un oso al acecho, | un león entre escondrijos;
11 ha desbaratado mis caminos para despedazarme, | me ha dejado desolado;
12 ha disparado su arco | y me ha hecho blanco de sus saetas.
13 (He) Me ha clavado en los riñones | las flechas de su aljaba;
14 soy la burla de todo mi pueblo, | su copla todo el día;
15 me ha colmado de amarguras, | me ha saciado de ajenjo.
16 (Vau) Me ha roto los dientes con piedras, | me ha aplastado en el polvo;
17 he perdido la paz, | me he olvidado de la dicha;
18 me dije: «Ha sucumbido mi esplendor | y mi esperanza en el Señor».
19 (Zain) Recordar mi aflicción y mi vida errante | es ajenjo y veneno;
20 no dejo de pensar en ello, | estoy desolado;
21 hay algo que traigo a la memoria, | por eso esperaré:
22 (Jet) Que no se agota la bondad del Señor, | no se acaba su misericordia;
23 se renuevan cada mañana, | ¡qué grande es tu fidelidad!;
24 me digo: «¡Mi lote es el Señor, | por eso esperaré en él!».
25 (Tet) El Señor es bueno para quien espera en él, | para quien lo busca;
26 es bueno esperar en silencio | la salvación del Señor;
27 es bueno que el hombre cargue con el yugo | desde su juventud.
28 (Yod) Siéntese solo y silencioso | cuando el Señor se lo impone;
29 ponga su boca en el polvo, | quizá haya esperanza;
30 ponga la mejilla al que lo maltrata | y se harte de oprobios.
31 (Kaf) Porque el Señor no rechaza | para siempre;
32 y si hace sufrir, se compadece | conforme a su inmensa bondad;
33 pues no se complace en humillar | y afligir a los humanos.
34 (Lámed) Cuando se aplasta bajo los pies | a los cautivos de la tierra,
35 cuando se conculca el derecho de un hombre | en presencia del Altísimo,
36 cuando se defrauda a alguien en su pleito, | ¿no lo ve el Señor?
37 (Mem) ¿Quién dice algo y sucede?, | ¿no es el Señor quien dispone?;
38 ¿no sale de la boca del Altísimo | lo malo y lo bueno?;
39 ¿por qué se queja el viviente, | el hombre, de su castigo?
40 (Nun) Examinemos y revisemos nuestra conducta | y volvamos al Señor;
41 levantemos nuestro corazón, | junto con nuestras manos, al Dios del cielo;
42 nosotros hemos pecado, nos rebelamos, | y tú no nos has perdonado.
43(Sámek) Envuelto en cólera nos has perseguido, | nos has matado sin piedad;
44 te has envuelto en una nube | para que no te alcance la oración;
45 nos has convertido en basura y desecho | en medio de los pueblos.
46 (Pe) Nuestros enemigos | abren su boca contra nosotros;
47 temor y fosa son nuestra suerte, | la ruina y el quebranto;
48 ríos de agua derraman mis ojos | por la desgracia de la hija de mi pueblo.
49 (Ayin) Mis ojos lloran sin cesar, | no tienen descanso;
50 hasta que el Señor se asome | desde el cielo y vea.
51 Me duelen los ojos | por todas las hijas de mi ciudad.
52 (Sade) Los que me odian sin motivo | me cazaron como a un pájaro;
53 me arrojaron vivo a una fosa | y echaron piedras sobre mí;
54 las aguas cubrieron mi cabeza y pensé: | «¡Estoy perdido!».
55 (Qof) Invoqué tu nombre, Señor, | desde lo hondo de la fosa;
56 escuchaste mi voz: «No cierres tus oídos | a mi suspiro, a mi grito de auxilio»;
57 te acercaste a mí el día en que te invoqué | y me dijiste: «¡No temas!».
58 (Res) Has defendido, Señor, mi causa, | has rescatado mi vida;
59 has visto, Señor, mi opresión: | ¡Defiende mi causa!;
60 has visto toda su venganza, | sus planes contra mí.
61 (Sin) Has oído sus insultos, Señor, | sus maquinaciones en mi contra;
62 lo que dicen mis adversarios y sus intrigas | contra mí todo el día;
63 mira, en todo momento | soy objeto de sus burlas.
64 (Tau) Págales, Señor, | conforme a la obra de sus manos;
65 dales una mente obcecada, | caiga tu maldición sobre ellos;
66 persíguelos con ira | hasta exterminarlos bajo el cielo, Señor.
PARASHÁ – Capítulo 1
1:1 Estas son las palabras que habló Moisés a todo Israel a este lado del Jordán en el desierto, en el Arabá frente al Mar Rojo, entre Parán, Tofel, Labán, Hazerot y Dizahab.
1:2 Once jornadas hay desde Horeb, camino del monte de Seir, hasta Cades-barnea.
1:3 Y aconteció que a los cuarenta años, en el mes undécimo, el primero del mes, Moisés habló a los hijos de Israel conforme a todas las cosas que Dios le había mandado acerca de ellos,
1:4 después que derrotó a Sehón rey de los amorreos, el cual habitaba en Hesbón, y a Og rey de Basán que habitaba en Astarot en Edrei.
1:5 De este lado del Jordán, en tierra de Moab, resolvió Moisés declarar esta ley, diciendo:
1:6 Dios nuestro Dios nos habló en Horeb, diciendo: Habéis estado bastante tiempo en este monte.
1:7 Volveos e id al monte del amorreo y a todas sus comarcas, en el Arabá, en el monte, en los valles, en el Neguev, y junto a la costa del mar, a la tierra del cananeo, y al Líbano, hasta el gran río, el río Eufrates.
1:8 Mirad, yo os he entregado la tierra; entrad y poseed la tierra que Dios juró a vuestros padres Abraham, Isaac y Jacob, que les daría a ellos y a su descendencia después de ellos. 1:9 En aquel tiempo yo os hablé diciendo: Yo solo no puedo llevaros.
1:10 Dios vuestro Dios os ha multiplicado, y he aquí hoy vosotros sois como las estrellas del cielo en multitud.
1:11 ¡Dios Dios de vuestros padres os haga mil veces más de lo que ahora sois, y os bendiga, como os ha prometido!
1:12 ¿Cómo llevaré yo solo vuestras molestias, vuestras cargas y vuestros pleitos?
1:13 Dadme de entre vosotros, de vuestras tribus, varones sabios y entendidos y expertos, para que yo los ponga por vuestros jefes.
1:14 Y me respondisteis y dijisteis: Bueno es hacer lo que has dicho.
1:15 Y tomé a los principales de vuestras tribus, varones sabios y expertos, y los puse por jefes sobre vosotros, jefes de millares, de centenas, de cincuenta y de diez, y gobernadores de vuestras tribus.
1:16 Y entonces mandé a vuestros jueces, diciendo: Oíd entre vuestros hermanos, y juzgad justamente entre el hombre y su hermano, y el extranjero.
1:17 No hagáis distinción de persona en el juicio; así al pequeño como al grande oiréis; no tendréis temor de ninguno, porque el juicio es de Dios; y la causa que os fuere difícil, la traeréis a mí, y yo la oiré.
1:18 Os mandé, pues, en aquel tiempo, todo lo que habíais de hacer. 1:19 Y salidos de Horeb, anduvimos todo aquel grande y terrible desierto que habéis visto, por el camino del monte del amorreo, como Dios nuestro Dios nos lo mandó; y llegamos hasta Cades- barnea.
1:20 Entonces os dije: Habéis llegado al monte del amorreo, el cual Dios nuestro Dios nos da.
1:21 Mira, Dios tu Dios te ha entregado la tierra; sube y toma posesión de ella, como Dios el Dios de tus padres te ha dicho; no temas ni desmayes.
1:22 Y vinisteis a mí todos vosotros, y dijisteis: Enviemos varones delante de nosotros que nos reconozcan la tierra, y a su regreso nos traigan razón del camino por donde hemos de subir, y de las ciudades adonde hemos de llegar.
1:23 Y el dicho me pareció bien; y tomé doce varones de entre vosotros, un varón por cada tribu.
1:24 Y se encaminaron, y subieron al monte, y llegaron hasta el valle de Escol, y reconocieron la tierra.
1:25 Y tomaron en sus manos del fruto del país, y nos lo trajeron, y nos dieron cuenta, y dijeron: Es buena la tierra que Dios nuestro Dios nos da.
1:26 Sin embargo, no quisisteis subir, antes fuisteis rebeldes al mandato de Dios vuestro Dios;
1:27 y murmurasteis en vuestras tiendas, diciendo: Porque Dios nos aborrece, nos ha sacado de tierra de Egipto, para entregarnos en manos del amorreo para destruirnos.
1:28 ¿A dónde subiremos? Nuestros hermanos han atemorizado nuestro corazón, diciendo: Este pueblo es mayor y más alto que nosotros, las ciudades grandes y amuralladas hasta el cielo; y también vimos allí a los hijos de Anac.
1:29 Entonces os dije: No temáis, ni tengáis miedo de ellos.
1:30 Dios vuestro Dios, el cual va delante de vosotros, él peleará por vosotros, conforme a todas las cosas que hizo por vosotros en Egipto delante de vuestros ojos.
1:31 Y en el desierto has visto que Dios tu Dios te ha traído, como trae el hombre a su hijo, por todo el camino que habéis andado, hasta llegar a este lugar.
1:32 Y aun con esto no creísteis a Dios vuestro Dios,
1:33 quien iba delante de vosotros por el camino para reconoceros el lugar donde habíais de acampar, con fuego de noche para mostraros el camino por donde anduvieseis, y con nube de día. 1:34 Y oyó Dios la voz de vuestras palabras, y se enojó, y juró diciendo:
1:35 No verá hombre alguno de estos, de esta mala generación, la buena tierra que juré que había de dar a vuestros padres,
1:36 excepto Caleb hijo de Jefone; él la verá, y a él le daré la tierra que pisó, y a sus hijos; porque ha seguido fielmente a Dios.
1:37 También contra mí se airó Dios por vosotros, y me dijo: Tampoco tú entrarás allá.
1:38 Josué hijo de Nun, el cual te sirve, él entrará allá; anímale, porque él la hará heredar a Israel.
1:39 Y vuestros niños, de los cuales dijisteis que servirían de botín, y vuestros hijos que no saben hoy lo bueno ni lo malo, ellos entrarán allá, y a ellos la daré, y ellos la heredarán.
1:40 Pero vosotros volveos e id al desierto, camino del Mar Rojo. 1:1:41 Entonces respondisteis y me dijisteis: Hemos pecado contra Dios; nosotros subiremos y pelearemos, conforme a todo lo que Dios nuestro Dios nos ha mandado. Y os armasteis cada uno con sus armas de guerra, y os preparasteis para subir al monte.
1:42 Y Dios me dijo: Diles: No subáis, ni peleéis, pues no estoy entre vosotros; para que no seáis derrotados por vuestros enemigos.
1:43 Y os hablé, y no disteis oído; antes fuisteis rebeldes al mandato de Dios, y persistiendo con altivez subisteis al monte.
1:44 Pero salió a vuestro encuentro el amorreo, que habitaba en aquel monte, y os persiguieron como hacen las avispas, y os derrotaron en Seir, hasta Horma.
1:45 Y volvisteis y llorasteis delante de Dios, pero Dios no escuchó vuestra voz, ni os prestó oído.
1:46 Y estuvisteis en Cades por muchos días, los días que habéis estado allí.
Capítulo 2
2:1 Luego volvimos y salimos al desierto, camino del Mar Rojo, como Dios me había dicho; y rodeamos el monte de Seir por mucho tiempo.
2:2 Y Dios me habló, diciendo:
2:3 Bastante habéis rodeado este monte; volveos al norte.
2:4 Y manda al pueblo, diciendo: Pasando vosotros por el territorio de vuestros hermanos los hijos de Esaú, que habitan en Seir, ellos tendrán miedo de vosotros; mas vosotros guardaos mucho.
2:5 No os metáis con ellos, porque no os daré de su tierra ni aun lo que cubre la planta de un pie; porque yo he dado por heredad a Esaú el monte de Seir.
2:6 Compraréis de ellos por dinero los alimentos, y comeréis; y también compraréis de ellos el agua, y beberéis;
2:7 pues Dios tu Dios te ha bendecido en toda obra de tus manos; él sabe que andas por este gran desierto; estos cuarenta años Dios tu Dios ha estado contigo, y nada te ha faltado.
2:8 Y nos alejamos del territorio de nuestros hermanos los hijos de Esaú, que habitaban en Seir, por el camino del Arabá desde Elat y Ezión-geber; y volvimos, y tomamos el camino del desierto de Moab.
2:9 Y Dios me dijo: No molestes a Moab, ni te empeñes con ellos en guerra, porque no te daré posesión de su tierra; porque yo he dado a Ar por heredad a los hijos de Lot.
2:10 (Los emitas habitaron en ella antes, pueblo grande y numeroso, y alto como los hijos de Anac.
2:11 Por gigantes eran ellos tenidos también, como los hijos de Anac; y los moabitas los llaman emitas.
2:12 Y en Seir habitaron antes los horeos, a los cuales echaron los hijos de Esaú; y los arrojaron de su presencia, y habitaron en lugar de ellos, como hizo Israel en la tierra que les dio Dios por posesión).
2:13 Levantaos ahora, y pasad el arroyo de Zered. Y pasamos el arroyo de Zered.
2:14 Y los días que anduvimos de Cades-barnea hasta cuando pasamos el arroyo de Zered fueron treinta y ocho años; hasta que se acabó toda la generación de los hombres de guerra de en medio del campamento, como Dios les había jurado.
2:15 Y también la mano de Dios vino sobre ellos para destruirlos de en medio del campamento, hasta acabarlos.
2:16 Y aconteció que después que murieron todos los hombres de guerra de entre el pueblo,
2:17 Dios me habló, diciendo:
2:18 Tú pasarás hoy el territorio de Moab, a Ar.
2:19 Y cuando te acerques a los hijos de Amón, no los molestes, ni contiendas con ellos; porque no te daré posesión de la tierra de los hijos de Amón, pues a los hijos de Lot la he dado por heredad.
2:20 (Por tierra de gigantes fue también ella tenida; habitaron en ella gigantes en otro tiempo, a los cuales los amonitas llamaban zomzomeos;
2:21 pueblo grande y numeroso, y alto, como los hijos de Anac; a los cuales Dios destruyó delante de los amonitas. Estos sucedieron a aquéllos, y habitaron en su lugar,
2:22 como hizo Dios con los hijos de Esaú que habitaban en Seir, delante de los cuales destruyó a los horeos; y ellos sucedieron a éstos, y habitaron en su lugar hasta hoy.
2:23 Y a los aveos que habitaban en aldeas hasta Gaza, los caftoreos que salieron de Caftor los destruyeron, y habitaron en su lugar.)
2:24 Levantaos, salid, y pasad el arroyo de Arnón; he aquí he entregado en tu mano a Sehón rey de Hesbón, amorreo, y a su tierra; comienza a tomar posesión de ella, y entra en guerra con él.
2:25 Hoy comenzaré a poner tu temor y tu espanto sobre los pueblos debajo de todo el cielo, los cuales oirán tu fama, y temblarán y se angustiarán delante de ti. 2:26 Y envié mensajeros desde el desierto de Cademot a Sehón rey de Hesbón con palabras de paz, diciendo:
2:27 Pasaré por tu tierra por el camino; por el camino iré, sin apartarme ni a diestra ni a siniestra.
2:28 La comida me venderás por dinero, y comeré; el agua también me darás por dinero, y beberé; solamente pasaré a pie,
2:29 como lo hicieron conmigo los hijos de Esaú que habitaban en Seir, y los moabitas que habitaban en Ar; hasta que cruce el Jordán a la tierra que nos da Dios nuestro Dios.
2:30 Mas Sehón rey de Hesbón no quiso que pasásemos por el territorio suyo; porque Dios tu Dios había endurecido su espíritu, y obstinado su corazón para entregarlo en tu mano, como hasta hoy.
2:31 Y me dijo Dios: He aquí yo he comenzado a entregar delante de ti a Sehón y a su tierra; comienza a tomar posesión de ella para que la heredes.
2:32 Y nos salió Sehón al encuentro, él y todo su pueblo, para pelear en Jahaza.
2:33 Mas Dios nuestro Dios lo entregó delante de nosotros; y lo derrotamos a él y a sus hijos, y a todo su pueblo.
2:34 Tomamos entonces todas sus ciudades, y destruimos todas las ciudades, hombres, mujeres y niños; no dejamos ninguno.
2:35 Solamente tomamos para nosotros los ganados, y los despojos de las ciudades que habíamos tomado.
2:36 Desde Aroer, que está junto a la ribera del arroyo de Arnón, y la ciudad que está en el valle, hasta Galaad, no hubo ciudad que escapase de nosotros; todas las entregó Dios nuestro Dios en nuestro poder.
2:37 Solamente a la tierra de los hijos de Amón no llegamos; ni a todo lo que está a la orilla del arroyo de Jaboc ni a las ciudades del monte, ni a lugar alguno que Dios nuestro Dios había prohibido.
Capítulo 3
3:1 Volvimos, pues, y subimos camino de Basán, y nos salió al encuentro Og rey de Basán para pelear, él y todo su pueblo, en Edrei.
3:2 Y me dijo Dios: No tengas temor de él, porque en tu mano he entregdo a él y a todo su pueblo, con su tierra; y harás con él como hiciste con Sehón rey amorreo, que habitaba en Hesbón.
3:3 Y Dios nuestro Dios entregó también en nuestra mano a Og rey de Basán, y a todo su pueblo, al cual derrotamos hasta acabar con todos.
3:4 Y tomamos entonces todas sus ciudades; no quedó ciudad que no les tomásemos; sesenta ciudades, toda la tierra de Argob, del reino de Og en Basán.
3:5 Todas estas eran ciudades fortificadas con muros altos, con puertas y barras, sin contar otras muchas ciudades sin muro.
3:6 Y las destruimos, como hicimos a Sehón rey de Hesbón, matando en toda ciudad a hombres, mujeres y niños.
3:7 Y tomamos para nosotros todo el ganado, y los despojos de las ciudades.
3:8 También tomamos en aquel tiempo la tierra desde el arroyo de Arnón hasta el monte de Hermón, de manos de los dos reyes amorreos que estaban a este lado del Jordán.
3:9 (Los sidonios llaman a Hermón, Sirión; y los amorreos, Senir.)
3:10 Todas las ciudades de la llanura, y todo Galaad, y todo Basán hasta Salca y Edrei, ciudades del reino de Og en Basán.
3:11 Porque únicamente Og rey de Basán había quedado del resto de los gigantes. Su cama, una cama de hierro, ¿no está en Rabá de los hijos de Amón? La longitud de ella es de nueve codos, y su anchura de cuatro codos, según el codo de un hombre. 3:12 Y esta tierra que heredamos en aquel tiempo, desde Aroer, que está junto al arroyo de Arnón, y la mitad del monte de Galaad con sus ciudades, la di a los rubenitas y a los gaditas;
3:13 y el resto de Galaad, y todo Basán, del reino de Og, toda la tierra de Argob, que se llamaba la tierra de los gigantes, lo di a la media tribu de Manasés.
3:14 Jair hijo de Manasés tomó toda la tierra de Argob hasta el límite con Gesur y Maaca, y la llamó por su nombre, Basán- havot-jair, hasta hoy.
3:15 Y Galaad se lo di a Maquir.
3:16 Y a los rubenitas y gaditas les di de Galaad hasta el arroyo de Arnón, teniendo por límite el medio del valle, hasta el arroyo de Jaboc, el cual es límite de los hijos de Amón;
3:17 también el Arabá, con el Jordán como límite desde Cineret hasta el mar del Arabá, el Mar Salado, al pie de las laderas del Pisga al oriente.
3:18 Y os mandé entonces, diciendo: Dios vuestro Dios os ha dado esta tierra por heredad; pero iréis armados todos los valientes delante de vuestros hermanos los hijos de Israel.
3:19 Solamente vuestras mujeres, vuestros hijos y vuestros ganados (yo sé que tenéis mucho ganado), quedarán en las ciudades que os he dado,
3:20 hasta que Dios dé reposo a vuestros hermanos, así como a vosotros, y hereden ellos también la tierra que Dios vuestro Dios les da al otro lado del Jordán; entonces os volveréis cada uno a la heredad que yo os he dado.
3:21 Ordené también a Josué en aquel tiempo, diciendo: Tus ojos vieron todo lo que Dios vuestro Dios ha hecho a aquellos dos reyes; así hará Dios a todos los reinos a los cuales pasarás tú.
3:22 No los temáis; porque Dios vuestro Dios, él es el que pelea por vosotros
CONCEPTOS JUDÍOS, CON IRIT GREEN – La primera mención del ayuno del 17 del mes de Tamúz, se encuentra en el libro de Zacarías 8:19. Aparece dentro de una serie de días de ayuno que recuerdan las tragedias, los que en la era mesiánica se transformarán en ocasiones de júbilo. Oficialmente, es el comienzo de la estación de duelo porque ese día comenzó el sitio de las murallas de Jerusalén en la época del Segundo Templo.
KABALÁ: LA DIMENSIÓN INTERIOR, CON ISAAC CHOCRON – En este programa:
a) Qué calamidades pasaron en 17 de Tamuz y 9 de Av
b) Cuál es la enseñanza que nos trae de la kabalá sobre estos 21 días
c) Cuál es la conducta que debemos asumir estos días
Para preguntas e inquietudes, pueden escribir a: [email protected]
HABLEMOS DE LA BIBLIA, CON IRIT GREEN – Lamentaciónes
1:1 ¡Cómo ha quedado sola la ciudad populosa!
La grande entre las naciones se ha vuelto como viuda,
La señora de provincias ha sido hecha tributaria.
1:2 Amargamente llora en la noche, y sus lágrimas están en sus mejillas.
No tiene quien la consuele de todos sus amantes;
Todos sus amigos le faltaron, se le volvieron enemigos.
1:3 Judá ha ido en cautiverio a causa de la aflicción y de la dura servidumbre;
Ella habitó entre las naciones, y no halló descanso;
Todos sus perseguidores la alcanzaron entre las estrechuras.
1:4 Las calzadas de Sion tienen luto, porque no hay quien venga a las fiestas solemnes;
Todas sus puertas están asoladas, sus sacerdotes gimen,
Sus vírgenes están afligidas, y ella tiene amargura.
1:5 Sus enemigos han sido hechos príncipes, sus aborrecedores fueron prosperados,
Porque Dios la afligió por la multitud de sus rebeliones;
Sus hijos fueron en cautividad delante del enemigo.
1:6 Desapareció de la hija de Sion toda su hermosura;
Sus príncipes fueron como ciervos que no hallan pasto,
Y anduvieron sin fuerzas delante del perseguidor.
1:7 Jerusalén, cuando cayó su pueblo en mano del enemigo y no hubo quien la ayudase,
Se acordó de los días de su aflicción, y de sus rebeliones,
Y de todas las cosas agradables que tuvo desde los tiempos antiguos.
La miraron los enemigos, y se burlaron de su caída.
1:8 Pecado cometió Jerusalén, por lo cual ella ha sido removida;
Todos los que la honraban la han menospreciado, porque vieron su vergüenza;
Y ella suspira, y se vuelve atrás.
1:9 Su inmundicia está en sus faldas, y no se acordó de su fin;
Por tanto, ella ha descendido sorprendentemente, y no tiene quien la consuele.
Mira, oh Dios, mi aflicción, porque el enemigo se ha engrandecido.
1:10 Extendió su mano el enemigo a todas sus cosas preciosas;
Ella ha visto entrar en su santuario a las naciones
De las cuales mandaste que no entrasen en tu congregación.
1:11 Todo su pueblo buscó su pan suspirando;
Dieron por la comida todas sus cosas preciosas, para entretener la vida.
Mira, oh Dios, y ve que estoy abatida.
1:12 ¿No os conmueve a cuantos pasáis por el camino?
Mirad, y ved si hay dolor como mi dolor que me ha venido;
Porque Dios me ha angustiado en el día de su ardiente furor.
1:13 Desde lo alto envió fuego que consume mis huesos;
Ha extendido red a mis pies, me volvió atrás,
Me dejó desolada, y con dolor todo el día.
1:14 El yugo de mis rebeliones ha sido atado por su mano;
Ataduras han sido echadas sobre mi cerviz; ha debilitado mis fuerzas;
Me ha entregado el Señor en manos contra las cuales no podré levantarme.
1:15 El Señor ha hollado a todos mis hombres fuertes en medio de mí;
Llamó contra mí compañía para quebrantar a mis jóvenes;
Como lagar ha hollado el Señor a la virgen hija de Judá.
1:16 Por esta causa lloro; mis ojos, mis ojos fluyen aguas,
Porque se alejó de mí el consolador que dé reposo a mi alma;
Mis hijos son destruidos, porque el enemigo prevaleció.
1:17 Sion extendió sus manos; no tiene quien la consuele;
Dios dio mandamiento contra Jacob, que sus vecinos fuesen sus enemigos;
Jerusalén fue objeto de abominación entre ellos.
1:18 Dios es justo; yo contra su palabra me rebelé.
Oíd ahora, pueblos todos, y ved mi dolor;
Mis vírgenes y mis jóvenes fueron llevados en cautiverio.
1:19 Di voces a mis amantes, mas ellos me han engañado;
Mis sacerdotes y mis ancianos en la ciudad perecieron,
Buscando comida para sí con que entretener su vida.
1:20 Mira, oh Dios, estoy atribulada, mis entrañas hierven.
Mi corazón se trastorna dentro de mí, porque me rebelé en gran manera.
Por fuera hizo estragos la espada; por dentro señoreó la muerte.
1:21 Oyeron que gemía, mas no hay consolador para mí;
Todos mis enemigos han oído mi mal, se alegran de lo que tú hiciste.
Harás venir el día que has anunciado, y serán como yo.
1:22 Venga delante de ti toda su maldad,
Y haz con ellos como hiciste conmigo por todas mis rebeliones;
Porque muchos son mis suspiros, y mi corazón está adolorido.
2:1 ¡Cómo oscureció el Señor en su furor a la hija de Sion!
Derribó del cielo a la tierra la hermosura de Israel,
Y no se acordó del estrado de sus pies en el día de su furor.
2:2 Destruyó el Señor, y no perdonó;
Destruyó en su furor todas las tiendas de Jacob;
Echó por tierra las fortalezas de la hija de Judá,
Humilló al reino y a sus príncipes.
2:3 Cortó con el ardor de su ira todo el poderío de Israel;
Retiró de él su diestra frente al enemigo,
Y se encendió en Jacob como llama de fuego que ha devorado alrededor.
2:4 Entesó su arco como enemigo, afirmó su mano derecha como adversario,
Y destruyó cuanto era hermoso.
En la tienda de la hija de Sion derramó como fuego su enojo.
2:5 El Señor llegó a ser como enemigo, destruyó a Israel;
Destruyó todos sus palacios, derribó sus fortalezas,
Y multiplicó en la hija de Judá la tristeza y el lamento.
2:6 Quitó su tienda como enramada de huerto;
Destruyó el lugar en donde se congregaban;
Dios ha hecho olvidar las fiestas solemnes y los días de reposo en Sion,
Y en el ardor de su ira ha desechado al rey y al sacerdote.
2:7 Desechó el Señor su altar, menospreció su santuario;
Ha entregado en mano del enemigo los muros de sus palacios;
Hicieron resonar su voz en la casa de Dios como en día de fiesta.
2:8 Dios determinó destruir el muro de la hija de Sion;
Extendió el cordel, no retrajo su mano de la destrucción;
Hizo, pues, que se lamentara el antemuro y el muro; fueron desolados juntamente.
2:9 Sus puertas fueron echadas por tierra, destruyó y quebrantó sus cerrojos;
Su rey y sus príncipes están entre las naciones donde no hay ley;
Sus profetas tampoco hallaron visión de Dios.
2:10 Se sentaron en tierra, callaron los ancianos de la hija de Sion;
Echaron polvo sobre sus cabezas, se ciñeron de cilicio;
Las vírgenes de Jerusalén bajaron sus cabezas a tierra.
2:11 Mis ojos desfallecieron de lágrimas, se conmovieron mis entrañas,
Mi hígado se derramó por tierra a causa del quebrantamiento de la hija de mi pueblo,
Cuando desfallecía el niño y el que mamaba, en las plazas de la ciudad.
2:12 Decían a sus madres: ¿Dónde está el trigo y el vino?
Desfallecían como heridos en las calles de la ciudad,
Derramando sus almas en el regazo de sus madres.
2:13 ¿Qué testigo te traeré, o a quién te haré semejante, hija de Jerusalén?
¿A quién te compararé para consolarte, oh virgen hija de Sion?
Porque grande como el mar es tu quebrantamiento; ¿quién te sanará?
2:14 Tus profetas vieron para ti vanidad y locura;
Y no descubrieron tu pecado para impedir tu cautiverio,
Sino que te predicaron vanas profecías y extravíos.
2:15 Todos los que pasaban por el camino batieron las manos sobre ti;
Silbaron, y movieron despectivamente sus cabezas sobre la hija de Jerusalén, diciendo:
¿Es esta la ciudad que decían de perfecta hermosura, el gozo de toda la tierra?
2:16 Todos tus enemigos abrieron contra ti su boca;
Se burlaron, y crujieron los dientes; dijeron: Devorémosla;
Ciertamente este es el día que esperábamos; lo hemos hallado, lo hemos visto.
2:17 Dios ha hecho lo que tenía determinado;
Ha cumplido su palabra, la cual él había mandado desde tiempo antiguo.
Destruyó, y no perdonó;
Y ha hecho que el enemigo se alegre sobre ti,
Y enalteció el poder de tus adversarios.
2:18 El corazón de ellos clamaba al Señor;
Oh hija de Sion, echa lágrimas cual arroyo día y noche;
No descanses, ni cesen las niñas de tus ojos.
2:19 Levántate, da voces en la noche, al comenzar las vigilias;
Derrama como agua tu corazón ante la presencia del Señor;
Alza tus manos a él implorando la vida de tus pequeñitos,
Que desfallecen de hambre en las entradas de todas las calles.
2:20 Mira, oh Dios, y considera a quién has hecho así.
¿Han de comer las mujeres el fruto de sus entrañas, los pequeñitos a su tierno cuidado?
¿Han de ser muertos en el santuario del Señor el sacerdote y el profeta?
2:21 Niños y viejos yacían por tierra en las calles;
Mis vírgenes y mis jóvenes cayeron a espada;
Mataste en el día de tu furor; degollaste, no perdonaste.
2:22 Has convocado de todas partes mis temores, como en un día de solemnidad;
Y en el día del furor de Dios no hubo quien escapase ni quedase vivo;
Los que crié y mantuve, mi enemigo los acabó.
PARASHÁ – 30:2 Cuando alguno hiciere voto a Dios, o hiciere juramento ligando su alma con obligación, no quebrantará su palabra; hará conforme a todo lo que salió de su boca.
30:3 Mas la mujer, cuando hiciere voto a Dios, y se ligare con obligación en casa de su padre, en su juventud;
30:4 si su padre oyere su voto, y la obligación con que ligó su alma, y su padre callare a ello, todos los votos de ella serán firmes, y toda obligación con que hubiere ligado su alma, firme será.
30:5 Mas si su padre le vedare el día que oyere todos sus votos y sus obligaciones con que ella hubiere ligado su alma, no serán firmes; y Dios la perdonará, por cuanto su padre se lo vedó.
30:6 Pero si fuere casada e hiciere votos, o pronunciare de sus labios cosa con que obligue su alma;
30:7 si su marido lo oyere, y cuando lo oyere callare a ello, los votos de ella serán firmes, y la obligación con que ligó su alma, firme será.
30:8 Pero si cuando su marido lo oyó, le vedó, entonces el voto que ella hizo, y lo que pronunció de sus labios con que ligó su alma, será nulo; y Dios la perdonará.
30:9 Pero todo voto de viuda o repudiada, con que ligare su alma, será firme.
30:10 Y si hubiere hecho voto en casa de su marido, y hubiere ligado su alma con obligación de juramento,
30:11 si su marido oyó, y calló a ello y no le vedó, entonces todos sus votos serán firmes, y toda obligación con que hubiere ligado su alma, firme será.
30:12 Mas si su marido los anuló el día que los oyó, todo lo que salió de sus labios cuanto a sus votos, y cuanto a la obligación de su alma, será nulo; su marido los anuló, y Dios la perdonará.
30:13 Todo voto, y todo juramento obligándose a afligir el alma, su marido lo confirmará, o su marido lo anulará.
30:14 Pero si su marido callare a ello de día en día, entonces confirmó todos sus votos, y todas las obligaciones que están sobre ella; los confirmó, por cuanto calló a ello el día que lo oyó.
30:15 Mas si los anulare después de haberlos oído, entonces él llevará el pecado de ella.
30:16 Estas son las ordenanzas que Dios mandó a Moisés entre el varón y su mujer, y entre el padre y su hija durante su juventud en casa de su padre.
Capítulo 31
31:1 Dios habló a Moisés, diciendo:
31:2 Haz la venganza de los hijos de Israel contra los madianitas; después serás recogido a tu pueblo.
31:3 Entonces Moisés habló al pueblo, diciendo: Armaos algunos de vosotros para la guerra, y vayan contra Madián y hagan la venganza de Dios en Madián.
31:4 Mil de cada tribu de todas las tribus de los hijos de Israel, enviaréis a la guerra.
31:5 Así fueron dados de los millares de Israel, mil por cada tribu, doce mil en pie de guerra.
31:6 Y Moisés los envió a la guerra; mil de cada tribu envió; y Finees hijo del sacerdote Eleazar fue a la guerra con los vasos del santuario, y con las trompetas en su mano para tocar.
31:7 Y pelearon contra Madián, como Dios lo mandó a Moisés, y mataron a todo varón.
31:8 Mataron también, entre los muertos de ellos, a los reyes de Madián, Evi, Requem, Zur, Hur y Reba, cinco reyes de Madián; también a Balaam hijo de Beor mataron a espada.
31:9 Y los hijos de Israel llevaron cautivas a las mujeres de los madianitas, a sus niños, y todas sus bestias y todos sus ganados; y arrebataron todos sus bienes,
31:10 e incendiaron todas sus ciudades, aldeas y habitaciones.
31:11 Y tomaron todo el despojo, y todo el botín, así de hombres como de bestias.
31:12 Y trajeron a Moisés y al sacerdote Eleazar, y a la congregación de los hijos de Israel, los cautivos y el botín y los despojos al campamento, en los llanos de Moab, que están junto al Jordán frente a Jericó.
31:13 Y salieron Moisés y el sacerdote Eleazar, y todos los príncipes de la congregación, a recibirlos fuera del campamento.
31:14 Y se enojó Moisés contra los capitanes del ejército, contra los jefes de millares y de centenas que volvían de la guerra,
31:15 y les dijo Moisés: ¿Por qué habéis dejado con vida a todas las mujeres?
31:16 He aquí, por consejo de Balaam ellas fueron causa de que los hijos de Israel prevaricasen contra Dios en lo tocante a Baal-peor, por lo que hubo mortandad en la congregación de Dios.
31:17 Matad, pues, ahora a todos los varones de entre los niños; matad también a toda mujer que haya conocido varón carnalmente.
31:18 Pero a todas las niñas entre las mujeres, que no hayan conocido varón, las dejaréis con vida.
31:19 Y vosotros, cualquiera que haya dado muerte a persona, y cualquiera que haya tocado muerto, permaneced fuera del campamento siete días, y os purificaréis al tercer día y al séptimo, vosotros y vuestros cautivos.
31:20 Asimismo purificaréis todo vestido, y toda prenda de pieles, y toda obra de pelo de cabra, y todo utensilio de madera.
31:21 Y el sacerdote Eleazar dijo a los hombres de guerra que venían de la guerra: Esta es la ordenanza de la ley que Dios ha mandado a Moisés:
31:22 Ciertamente el oro y la plata, el bronce, hierro, estaño y plomo,
31:23 todo lo que resiste el fuego, por fuego lo haréis pasar, y será limpio, bien que en las aguas de purificación habrá de purificarse; y haréis pasar por agua todo lo que no resiste el fuego.
31:24 Además lavaréis vuestros vestidos el séptimo día, y así seréis limpios; y después entraréis en el campamento.
31:25 Y Dios habló a Moisés, diciendo:
31:26 Toma la cuenta del botín que se ha hecho, así de las personas como de las bestias, tú y el sacerdote Eleazar, y los jefes de los padres de la congregación;
31:27 y partirás por mitades el botín entre los que pelearon, los que salieron a la guerra, y toda la congregación.
31:28 Y apartarás para Dios el tributo de los hombres de guerra que salieron a la guerra; de quinientos, uno, así de las personas como de los bueyes, de los asnos y de las ovejas.
31:29 De la mitad de ellos lo tomarás; y darás al sacerdote Eleazar la ofrenda de Dios.
31:30 Y de la mitad perteneciente a los hijos de Israel tomarás uno de cada cincuenta de las personas, de los bueyes, de los asnos, de las ovejas y de todo animal, y los darás a los levitas, que tienen la guarda del tabernáculo de Dios.
31:31 E hicieron Moisés y el sacerdote Eleazar como Dios mandó a Moisés.
31:32 Y fue el botín, el resto del botín que tomaron los hombres de guerra, seiscientas setenta y cinco mil ovejas,
31:33 setenta y dos mil bueyes,
31:34 y sesenta y un mil asnos.
31:35 En cuanto a personas, de mujeres que no habían conocido varón, eran por todas treinta y dos mil.
31:36 Y la mitad, la parte de los que habían salido a la guerra, fue el número de trescientas treinta y siete mil quinientas ovejas;
31:37 y el tributo de las ovejas para Dios fue seiscientas setenta y cinco.
31:38 De los bueyes, treinta y seis mil; y de ellos el tributo para Dios, setenta y dos.
31:39 De los asnos, treinta mil quinientos; y de ellos el tributo para Dios, sesenta y uno.
31:40 Y de las personas, dieciséis mil; y de ellas el tributo para Dios, treinta y dos personas.
31:41 Y dio Moisés el tributo, para ofrenda elevada a Dios, al sacerdote Eleazar, como Dios lo mandó a Moisés.
31:42 Y de la mitad para los hijos de Israel, que apartó Moisés de los hombres que habían ido a la guerra
31:43 (la mitad para la congregación fue: de las ovejas, trescientas treinta y siete mil quinientas;
31:44 de los bueyes, treinta y seis mil;
31:45 de los asnos, treinta mil quinientos;
31:46 y de las personas, dieciséis mil);
31:47 de la mitad, pues, para los hijos de Israel, tomó Moisés uno de cada cincuenta, así de las personas como de los animales, y los dio a los levitas, que tenían la guarda del tabernáculo de Dios, como Dios lo había mandado a Moisés.
31:48 Vinieron a Moisés los jefes de los millares de aquel ejército, los jefes de millares y de centenas,
31:49 y dijeron a Moisés: Tus siervos han tomado razón de los hombres de guerra que están en nuestro poder, y ninguno ha faltado de nosotros.
31:50 Por lo cual hemos ofrecido a Dios ofrenda, cada uno de lo que ha hallado, alhajas de oro, brazaletes, manillas, anillos, zarcillos y cadenas, para hacer expiación por nuestras almas delante de Dios.
31:51 Y Moisés y el sacerdote Eleazar recibieron el oro de ellos, alhajas, todas elaboradas.
31:52 Y todo el oro de la ofrenda que ofrecieron a Dios los jefes de millares y de centenas fue dieciséis mil setecientos cincuenta siclos.
31:53 Los hombres del ejército habían tomado botín cada uno para sí.
31:54 Recibieron, pues, Moisés y el sacerdote Eleazar el oro de los jefes de millares y de centenas, y lo trajeron al tabernáculo de reunión, por memoria de los hijos de Israel delante de Dios.
Capítulo 32
32:1 Los hijos de Rubén y los hijos de Gad tenían una muy inmensa muchedumbre de ganado; y vieron la tierra de Jazer y de Galaad, y les pareció el país lugar de ganado.
32:2 Vinieron, pues, los hijos de Gad y los hijos de Rubén, y hablaron a Moisés y al sacerdote Eleazar, y a los príncipes de la congregación, diciendo:
32:3 Atarot, Dibón, Jazer, Nimra, Hesbón, Eleale, Sebam, Nebo y Beón,
32:4 la tierra que Dios hirió delante de la congregación de Israel, es tierra de ganado, y tus siervos tienen ganado.
32:5 Por tanto, dijeron, si hallamos gracia en tus ojos, dése esta tierra a tus siervos en heredad, y no nos hagas pasar el Jordán.
32:6 Y respondió Moisés a los hijos de Gad y a los hijos de Rubén: ¿Irán vuestros hermanos a la guerra, y vosotros os quedaréis aquí?
32:7 ¿Y por qué desanimáis a los hijos de Israel, para que no pasen a la tierra que les ha dado Dios?
32:8 Así hicieron vuestros padres, cuando los envié desde Cades- barnea para que viesen la tierra.
32:9 Subieron hasta el torrente de Escol, y después que vieron la tierra, desalentaron a los hijos de Israel para que no viniesen a la tierra que Dios les había dado.
32:10 Y la ira de Dios se encendió entonces, y juró diciendo:
32:11 No verán los varones que subieron de Egipto de veinte años arriba, la tierra que prometí con juramento a Abraham, Isaac y Jacob, por cuanto no fueron perfectos en pos de mí;
32:12 excepto Caleb hijo de Jefone cenezeo, y Josué hijo de Nun, que fueron perfectos en pos de Dios.
32:13 Y la ira de Dios se encendió contra Israel, y los hizo andar errantes cuarenta años por el desierto, hasta que fue acabada toda aquella generación que había hecho mal delante de Dios.
32:14 Y he aquí, vosotros habéis sucedido en lugar de vuestros padres, prole de hombres pecadores, para añadir aún a la ira de Dios contra Israel.
32:15 Si os volviereis de en pos de él, él volverá otra vez a dejaros en el desierto, y destruiréis a todo este pueblo.
32:16 Entonces ellos vinieron a Moisés y dijeron: Edificaremos aquí majadas para nuestro ganado, y ciudades para nuestros niños;
32:17 y nosotros nos armaremos, e iremos con diligencia delante de los hijos de Israel, hasta que los metamos en su lugar; y nuestros niños quedarán en ciudades fortificadas a causa de los moradores del país.
32:18 No volveremos a nuestras casas hasta que los hijos de Israel posean cada uno su heredad.
32:19 Porque no tomaremos heredad con ellos al otro lado del Jordán ni adelante, por cuanto tendremos ya nuestra heredad a este otro lado del Jordán al oriente.
32:20 Entonces les respondió Moisés: Si lo hacéis así, si os disponéis para ir delante de Dios a la guerra,
32:21 y todos vosotros pasáis armados el Jordán delante de Dios, hasta que haya echado a sus enemigos de delante de sí,
32:22 y sea el país sojuzgado delante de Dios; luego volveréis, y seréis libres de culpa para con Dios, y para con Israel; y esta tierra será vuestra en heredad delante de Dios.
32:23 Mas si así no lo hacéis, he aquí habréis pecado ante Dios; y sabed que vuestro pecado os alcanzará.
32:24 Edificaos ciudades para vuestros niños, y majadas para vuestras ovejas, y haced lo que ha declarado vuestra boca.
32:25 Y hablaron los hijos de Gad y los hijos de Rubén a Moisés, diciendo: Tus siervos harán como mi señor ha mandado.
32:26 Nuestros niños, nuestras mujeres, nuestros ganados y todas nuestras bestias, estarán ahí en las ciudades de Galaad;
32:27 y tus siervos, armados todos para la guerra, pasarán delante de Dios a la guerra, de la manera que mi señor dice.
32:28 Entonces les encomendó Moisés al sacerdote Eleazar, y a Josué hijo de Nun, y a los príncipes de los padres de las tribus de los hijos de Israel.
32:29 Y les dijo Moisés: Si los hijos de Gad y los hijos de Rubén pasan con vosotros el Jordán, armados todos para la guerra delante de Dios, luego que el país sea sojuzgado delante de vosotros, les daréis la tierra de Galaad en posesión;
32:30 mas si no pasan armados con vosotros, entonces tendrán posesión entre vosotros, en la tierra de Canaán.
32:31 Y los hijos de Gad y los hijos de Rubén respondieron diciendo: Haremos lo que Dios ha dicho a tus siervos.
32:32 Nosotros pasaremos armados delante de Dios a la tierra de Canaán, y la posesión de nuestra heredad será a este lado del Jordán.
32:33 Así Moisés dio a los hijos de Gad, a los hijos de Rubén, y a la media tribu de Manasés hijo de José, el reino de Sehón rey amorreo y el reino de Og rey de Basán, la tierra con sus ciudades y sus territorios, las ciudades del país alrededor.
32:34 Y los hijos de Gad edificaron Dibón, Atarot, Aroer,
32:35 Atarot-sofán, Jazer, Jogbeha,
32:36 Bet-nimra y Bet-arán, ciudades fortificadas; hicieron también majadas para ovejas.
32:37 Y los hijos de Rubén edificaron Hesbón, Eleale, Quiriataim,
32:38 Nebo, Baal-meón (mudados los nombres) y Sibma; y pusieron nombres a las ciudades que edificaron.
32:39 Y los hijos de Maquir hijo de Manasés fueron a Galaad, y la tomaron, y echaron al amorreo que estaba en ella.
32:40 Y Moisés dio Galaad a Maquir hijo de Manasés, el cual habitó en ella.
32:41 También Jair hijo de Manasés fue y tomó sus aldeas, y les puso por nombre Havot-jair.
32:42 Asimismo Noba fue y tomó Kenat y sus aldeas, y lo llamó Noba, conforme a su nombre.
Capítulo 33
33:1 Estas son las jornadas de los hijos de Israel, que salieron de la tierra de Egipto por sus ejércitos, bajo el mando de Moisés y Aarón.
33:2 Moisés escribió sus salidas conforme a sus jornadas por mandato de Dios. Estas, pues, son sus jornadas con arreglo a sus salidas.
33:3 De Ramesés salieron en el mes primero, a los quince días del mes primero; el segundo día de la pascua salieron los hijos de Israel con mano poderosa, a vista de todos los egipcios,
33:4 mientras enterraban los egipcios a los que Dios había herido de muerte de entre ellos, a todo primogénito; también había hecho Dios juicios contra sus dioses.
33:5 Salieron, pues, los hijos de Israel de Ramesés, y acamparon en Sucot.
33:6 Salieron de Sucot y acamparon en Etam, que está al confín del desierto.
33:7 Salieron de Etam y volvieron sobre Pi-hahirot, que está delante de Baal-zefón, y acamparon delante de Migdol.
33:8 Salieron de Pi-hahirot y pasaron por en medio del mar al desierto, y anduvieron tres días de camino por el desierto de Etam, y acamparon en Mara.
33:9 Salieron de Mara y vinieron a Elim, donde había doce fuentes de aguas, y setenta palmeras; y acamparon allí.
33:10 Salieron de Elim y acamparon junto al Mar Rojo.
33:11 Salieron del Mar Rojo y acamparon en el desierto de Sin.
33:12 Salieron del desierto de Sin y acamparon en Dofca.
33:13 Salieron de Dofca y acamparon en Alús.
33:14 Salieron de Alús y acamparon en Refidim, donde el pueblo no tuvo aguas para beber.
33:15 Salieron de Refidim y acamparon en el desierto de Sinaí.
33:16 Salieron del desierto de Sinaí y acamparon en Kibrot- hataava.
33:17 Salieron de Kibrot-hataava y acamparon en Hazerot.
33:18 Salieron de Hazerot y acamparon en Ritma.
33:19 Salieron de Ritma y acamparon en Rimón-peres.
33:20 Salieron de Rimón-peres y acamparon en Libna.
33:21 Salieron de Libna y acamparon en Rissa.
33:22 Salieron de Rissa y acamparon en Ceelata.
33:23 Salieron de Ceelata y acamparon en el monte de Sefer.
33:24 Salieron del monte de Sefer y acamparon en Harada.
33:25 Salieron de Harada y acamparon en Macelot.
33:26 Salieron de Macelot y acamparon en Tahat.
33:27 Salieron de Tahat y acamparon en Tara.
33:28 Salieron de Tara y acamparon en Mitca.
33:29 Salieron de Mitca y acamparon en Hasmona.
33:30 Salieron de Hasmona y acamparon en Moserot.
33:31 Salieron de Moserot y acamparon en Bene-jaacán.
33:32 Salieron de Bene-jaacán y acamparon en el monte de Gidgad.
33:33 Salieron del monte de Gidgad y acamparon en Jotbata.
33:34 Salieron de Jotbata y acamparon en Abrona.
33:35 Salieron de Abrona y acamparon en Ezión-geber.
33:36 Salieron de Ezión-geber y acamparon en el desierto de Zin, que es Cades.
33:37 Y salieron de Cades y acamparon en el monte de Hor, en la extremidad del país de Edom.
33:38 Y subió el sacerdote Aarón al monte de Hor, conforme al dicho de Dios, y allí murió a los cuarenta años de la salida de los hijos de Israel de la tierra de Egipto, en el mes quinto, en el primero del mes.
33:39 Era Aarón de edad de ciento veintitrés años, cuando murió en el monte de Hor.
33:40 Y el cananeo, rey de Arad, que habitaba en el Neguev en la tierra de Canaán, oyó que habían venido los hijos de Israel.
33:41 Y salieron del monte de Hor y acamparon en Zalmona.
33:42 Salieron de Zalmona y acamparon en Punón.
33:43 Salieron de Punón y acamparon en Obot.
33:44 Salieron de Obot y acamparon en Ije-abarim, en la frontera de Moab.
33:45 Salieron de Ije-abarim y acamparon en Dibón-gad.
33:46 Salieron de Dibón-gad y acamparon en Almón-diblataim.
33:47 Salieron de Almón-diblataim y acamparon en los montes de Abarim, delante de Nebo.
33:48 Salieron de los montes de Abarim y acamparon en los campos de Moab, junto al Jordán, frente a Jericó.
33:49 Finalmente acamparon junto al Jordán, desde Bet-jesimot hasta Abel-sitim, en los campos de Moab.
33:50 Y habló Dios a Moisés en los campos de Moab junto al Jordán frente a Jericó, diciendo:
33:51 Habla a los hijos de Israel, y diles: Cuando hayáis pasado el Jordán entrando en la tierra de Canaán,
33:52 echaréis de delante de vosotros a todos los moradores del país, y destruiréis todos sus ídolos de piedra, y todas sus imágenes de fundición, y destruiréis todos sus lugares altos;
33:53 y echaréis a los moradores de la tierra, y habitaréis en ella; porque yo os la he dado para que sea vuestra propiedad.
33:54 Y heredaréis la tierra por sorteo por vuestras familias; a los muchos daréis mucho por herencia, y a los pocos daréis menos por herencia; donde le cayere la suerte, allí la tendrá cada uno; por las tribus de vuestros padres heredaréis.
33:55 Y si no echareis a los moradores del país de delante de vosotros, sucederá que los que dejareis de ellos serán por aguijones en vuestros ojos y por espinas en vuestros costados, y os afligirán sobre la tierra en que vosotros habitareis.
33:56 Además, haré a vosotros como yo pensé hacerles a ellos.
Capítulo 34
34:1 Y Dios habló a Moisés, diciendo:
34:2 Manda a los hijos de Israel y diles: Cuando hayáis entrado en la tierra de Canaán, esto es, la tierra que os ha de caer en herencia, la tierra de Canaán según sus límites,
34:3 tendréis el lado del sur desde el desierto de Zin hasta la frontera de Edom; y será el límite del sur al extremo del Mar Salado hacia el oriente.
34:4 Este límite os irá rodeando desde el sur hasta la subida de Acrabim, y pasará hasta Zin; y se extenderá del sur a Cades- barnea; y continuará a Hasar-adar, y pasará hasta Asmón.
34:5 Rodeará este límite desde Asmón hasta el torrente de Egipto, y sus remates serán al occidente.
34:6 Y el límite occidental será el Mar Grande; este límite será el límite occidental.
34:7 El límite del norte será este: desde el Mar Grande trazaréis al monte de Hor.
34:8 Del monte de Hor trazaréis a la entrada de Hamat, y seguirá aquel límite hasta Zedad;
34:9 y seguirá este límite hasta Zifrón, y terminará en Hazar- enán; este será el límite del norte.
34:10 Por límite al oriente trazaréis desde Hazar-enán hasta Sefam;
34:11 y bajará este límite desde Sefam a Ribla, al oriente de Aín; y descenderá el límite, y llegará a la costa del mar de Cineret, al oriente.
34:12 Después descenderá este límite al Jordán, y terminará en el Mar Salado: esta será vuestra tierra por sus límites alrededor.
34:13 Y mandó Moisés a los hijos de Israel, diciendo: Esta es la tierra que se os repartirá en heredades por sorteo, que mandó Dios que diese a las nueve tribus, y a la media tribu;
34:14 porque la tribu de los hijos de Rubén según las casas de sus padres, y la tribu de los hijos de Gad según las casas de sus padres, y la media tribu de Manasés, han tomado su heredad.
34:15 Dos tribus y media tomaron su heredad a este lado del Jordán frente a Jericó al oriente, al nacimiento del sol.
34:16 Y habló Dios a Moisés, diciendo:
34:17 Estos son los nombres de los varones que os repartirán la tierra: El sacerdote Eleazar, y Josué hijo de Nun.
34:18 Tomaréis también de cada tribu un príncipe, para dar la posesión de la tierra.
34:19 Y estos son los nombres de los varones: De la tribu de Judá, Caleb hijo de Jefone.
34:20 De la tribu de los hijos de Simeón, Semuel hijo de Amiud.
34:21 De la tribu de Benjamín, Elidad hijo de Quislón.
34:22 De la tribu de los hijos de Dan, el príncipe Buqui hijo de Jogli.
34:23 De los hijos de José: de la tribu de los hijos de Manasés, el príncipe Haniel hijo de Efod,
34:24 y de la tribu de los hijos de Efraín, el príncipe Kemuel hijo de Siftán.
34:25 De la tribu de los hijos de Zabulón, el príncipe Elizafán hijo de Parnac.
34:26 De la tribu de los hijos de Isacar, el príncipe Paltiel hijo de Azán.
34:27 De la tribu de los hijos de Aser, el príncipe Ahiud hijo de Selomi.
34:28 Y de la tribu de los hijos de Neftalí, el príncipe Pedael hijo de Amiud.
34:29 A éstos mandó Dios que hiciesen la repartición de las heredades a los hijos de Israel en la tierra de Canaán.
Capítulo 35
35:1 Habló Dios a Moisés en los campos de Moab, junto al Jordán frente a Jericó, diciendo:
35:2 Manda a los hijos de Israel que den a los levitas, de la posesión de su heredad, ciudades en que habiten; también daréis a los levitas los ejidos de esas ciudades alrededor de ellas.
35:3 Y tendrán ellos las ciudades para habitar, y los ejidos de ellas serán para sus animales, para sus ganados y para todas sus bestias.
35:4 Y los ejidos de las ciudades que daréis a los levitas serán mil codos alrededor, desde el muro de la ciudad para afuera.
35:5 Luego mediréis fuera de la ciudad al lado del oriente dos mil codos, al lado del sur dos mil codos, al lado del occidente dos mil codos, y al lado del norte dos mil codos, y la ciudad estará en medio; esto tendrán por los ejidos de las ciudades.
35:6 Y de las ciudades que daréis a los levitas, seis ciudades serán de refugio, las cuales daréis para que el homicida se refugie allá; y además de éstas daréis cuarenta y dos ciudades.
35:7 Todas las ciudades que daréis a los levitas serán cuarenta y ocho ciudades con sus ejidos.
35:8 Y en cuanto a las ciudades que diereis de la heredad de los hijos de Israel, del que tiene mucho tomaréis mucho, y del que tiene poco tomaréis poco; cada uno dará de sus ciudades a los levitas según la posesión que heredará.
35:9 Habló Dios a Moisés, diciendo:
35:10 Habla a los hijos de Israel, y diles: Cuando hayáis pasado al otro lado del Jordán a la tierra de Canaán,
35:11 os señalaréis ciudades, ciudades de refugio tendréis, donde huya el homicida que hiriere a alguno de muerte sin intención.
35:12 Y os serán aquellas ciudades para refugiarse del vengador, y no morirá el homicida hasta que entre en juicio delante de la congregación.
35:13 De las ciudades, pues, que daréis, tendréis seis ciudades de refugio.
35:14 Tres ciudades daréis a este lado del Jordán, y tres ciudades daréis en la tierra de Canaán, las cuales serán ciudades de refugio.
35:15 Estas seis ciudades serán de refugio para los hijos de Israel, y para el extranjero y el que more entre ellos, para que huya allá cualquiera que hiriere de muerte a otro sin intención.
35:16 Si con instrumento de hierro lo hiriere y muriere, homicida es; el homicida morirá.
35:17 Y si con piedra en la mano, que pueda dar muerte, lo hiriere y muriere, homicida es; el homicida morirá.
35:18 Y si con instrumento de palo en la mano, que pueda dar muerte, lo hiriere y muriere, homicida es; el homicida morirá.
35:19 El vengador de la sangre, él dará muerte al homicida; cuando lo encontrare, él lo matará.
35:20 Y si por odio lo empujó, o echó sobre él alguna cosa por asechanzas, y muere;
35:21 o por enemistad lo hirió con su mano, y murió, el heridor morirá; es homicida; el vengador de la sangre matará al homicida cuando lo encontrare.
35:22 Mas si casualmente lo empujó sin enemistades, o echó sobre él cualquier instrumento sin asechanzas,
35:23 o bien, sin verlo hizo caer sobre él alguna piedra que pudo matarlo, y muriere, y él no era su enemigo, ni procuraba su mal;
35:24 entonces la congregación juzgará entre el que causó la muerte y el vengador de la sangre conforme a estas leyes;
35:25 y la congregación librará al homicida de mano del vengador de la sangre, y la congregación lo hará volver a su ciudad de refugio, en la cual se había refugiado; y morará en ella hasta que muera el sumo sacerdote, el cual fue ungido con el aceite santo.
35:26 Mas si el homicida saliere fuera de los límites de su ciudad de refugio, en la cual se refugió,
35:27 y el vengador de la sangre le hallare fuera del límite de la ciudad de su refugio, y el vengador de la sangre matare al homicida, no se le culpará por ello;
35:28 pues en su ciudad de refugio deberá aquél habitar hasta que muera el sumo sacerdote; y después que haya muerto el sumo sacerdote, el homicida volverá a la tierra de su posesión.
35:29 Estas cosas os serán por ordenanza de derecho por vuestras edades, en todas vuestras habitaciones.
35:30 Cualquiera que diere muerte a alguno, por dicho de testigos morirá el homicida; mas un solo testigo no hará fe contra una persona para que muera.
35:31 Y no tomaréis precio por la vida del homicida, porque está condenado a muerte; indefectiblemente morirá.
35:32 Ni tampoco tomaréis precio del que huyó a su ciudad de refugio, para que vuelva a vivir en su tierra, hasta que muera el sumo sacerdote.
35:33 Y no contaminaréis la tierra donde estuviereis; porque esta sangre amancillará la tierra, y la tierra no será expiada de la sangre que fue derramada en ella, sino por la sangre del que la derramó.
35:34 No contaminéis, pues, la tierra donde habitáis, en medio de la cual yo habito; porque yo Dios habito en medio de los hijos de Israel.
Capítulo 36
36:1 Llegaron los príncipes de los padres de la familia de Galaad hijo de Maquir, hijo de Manasés, de las familias de los hijos de José; y hablaron delante de Moisés y de los príncipes, jefes de las casas paternas de los hijos de Israel,
36:2 y dijeron: Dios mandó a mi señor que por sorteo diese la tierra a los hijos de Israel en posesión; también ha mandado Dios a mi señor, que dé la posesión de Zelofehad nuestro hermano a sus hijas.
36:3 Y si ellas se casaren con algunos de los hijos de las otras tribus de los hijos de Israel, la herencia de ellas será así quitada de la herencia de nuestros padres, y será añadida a la herencia de la tribu a que se unan; y será quitada de la porción de nuestra heredad.
36:4 Y cuando viniere el jubileo de los hijos de Israel, la heredad de ellas será añadida a la heredad de la tribu de sus maridos; así la heredad de ellas será quitada de la heredad de la tribu de nuestros padres.
36:5 Entonces Moisés mandó a los hijos de Israel por mandato de Dios, diciendo: La tribu de los hijos de José habla rectamente.
36:6 Esto es lo que ha mandado Dios acerca de las hijas de Zelofehad, diciendo: Cásense como a ellas les plazca, pero en la familia de la tribu de su padre se casarán,
36:7 para que la heredad de los hijos de Israel no sea traspasada de tribu en tribu; porque cada uno de los hijos de Israel estará ligado a la heredad de la tribu de sus padres.
36:8 Y cualquiera hija que tenga heredad en las tribus de los hijos de Israel, con alguno de la familia de la tribu de su padre se casará, para que los hijos de Israel posean cada uno la heredad de sus padres,
36:9 y no ande la heredad rodando de una tribu a otra, sino que cada una de las tribus de los hijos de Israel estará ligada a su heredad.
36:10 Como Dios mandó a Moisés, así hicieron las hijas de Zelofehad.
36:11 Y así Maala, Tirsa, Hogla, Milca y Noa, hijas de Zelofehad, se casaron con hijos de sus tíos paternos.
36:12 Se casaron en la familia de los hijos de Manasés, hijo de José; y la heredad de ellas quedó en la tribu de la familia de su padre.
36:13 Estos son los mandamientos y los estatutos que mandó Dios por medio de Moisés a los hijos de Israel en los campos de Moab, junto al Jordán, frente a Jericó.
From the publisher's feed