"El hinduismo no tiene un único fundador y ni siquiera una única dogmática. Las mitologías, las creencias religiosas, los cultos de distintos pueblos y de múltiples corrientes se encontraron, entrecruzaron y fundieron para formar una tradición milenaria, muy vinculada a la identidad hindú, que ha mostrado a lo largo de los siglos una fuerte tendencia a la continuidad en la renovación. En la India se han sucedido reinos e imperios, pero el mundo brahmánico ha seguido centrado en sus propias normas, aceptando y fundiendo en un núcleo conceptual básico las innovaciones especulativas que se desarrollaban en su seno o las influencias del exterior. Sus filósofos y sus místicos han elaborado una visión casi intemporal, en la que las distintas expresiones históricas de lo sagrado son manifestaciones de una verdad única y más profunda, destinada a vivir eternamente.
El punto central de la experiencia espiritual hinduista es la fe en un absoluto, el brahmán, la única realidad verdadera, increada, fuente primera y fin último de toda forma del cosmos, concebido también como un dios supremo y personal (Visnú, Siva). Brahmán es el Uno y es también el Todo. A su vez, el atman es el principio universal que ilumina por sí mismo al individuo empírico, el aliento de eternidad encerrado en toda forma mutable de la existencia. Las vidas se suceden en un ciclo infinito y aprisionante de reencarnaciones, gobernado por el karman, la ley de la retribución de los actos, pero el atman permanece. Las vías de liberación mostradas a través de generaciones por los maestros espirituales son diversas: vías de renuncia, de meditación, o vías de devoción, pero todas invitan a una búsqueda interior que permita al hombre comprender finalmente que los dos términos —esa chispa de infinito en nosotros y el absoluto— son la misma realidad.
La visión hinduista penetra en todos los aspectos de la vida sacralizándolos con las normas de pureza y con rituales, en la convicción de que el sentido de la propia existencia y la armonía de la propia comunidad se basan en una ley verdadera y eterna, el dharma; es decir, que el orden del cosmos puede reflejarse en el orden social y en la vida de cada individuo, disciplinada por los ritos transmitidos en los textos de la revelación védica, por las reglas de conducta pura codificadas por la tradición, e iluminada por la reflexión interior y por la devoción. La percepción cultural de este orden es tan profunda que implica también la fase de la propia destrucción y de la reencarnación. Todo el pensamiento hinduista está imbuido del sentido del conflicto y, a la vez, de la unión última entre la bondad de la regla sagrada y el valor creativo del desorden, entre la belleza de la vida y el sentido de su ilusioriedad, entre el deseo y la renuncia. Y es significativo que la visión brahmánica siempre se haya mostrado receptiva frente al mundo transgresor de los ascetas que renunciaban o de los místicos devotos que despreciaban la formalidad, que rechazaban el orden y desafiaban el rigor de la pureza, en nombre de una verdad completamente interior, de un orden más profundo, de una pureza espiritual que se convertía en auténtica liberación.
La especulación hinduista siempre ha reconocido el valor de la antigua sabiduría sagrada contenida en los textos de los Veda. Ha habido muchas interpretaciones, a veces radicalmente contrarias, pero la autoridad espiritual de los Veda siempre ha estado por encima de la historia, basándose en la convicción de que las palabras de los videntes transmitidas de generación en generación eran la revelación del absoluto" (Filoramo, Massenzio, Raveri y Scarpi, "Historia de las Religiones").
Música: intro, "Prabhujee"; fondo, "Genesis", ambos de Ravi Shankar.