El mundo se encuentra en confinamiento; la desesperación por la falta de información y la incertidumbre que han generado gobiernos y organizaciones sobre cómo afrontar la crisis y las estrategias que llevan a cabo para combatir la emergencia sanitaria, han llevado a sectores de la población a caer en una especie de síndrome de Estocolmo donde ven en sus gobernantes organismos internacionales, protección, olvidando así las libertades y restricciones que han impuesto sobre ellos.