Este podcast, será a su modo, un parte de batalla, de los primeros días de la guerra contra la inflación.
No hace falta que les comente a ustedes, ávidos usuarios de las redes sociales, que una catarata de memes inundaron todas las plataformas, dando cuenta de la enorme creatividad popular, desde que el gobierno anunció con bombos y platillos el inicio de la guerra contra los precios altos.
Pero detrás de los bombazos de polenta, y las promos de “pague dos, lleve uno”, que indican que, siendo completamente objetivos, estamos perdiendo como en la guerra… hay que preguntarse de qué lado juega cada quien.
Porque a decir verdad… el gobierno se acordó un poco tarde de que los precios están mes a mes erosionando el poder adquisitivo de millones de trabajadores.
Con los últimos datos del indec, algunos analistas afirmaron que la inflación en Argentina ya es la más alta de América Latina, por arriba incluso de la de Venezuela.
Los datos indican que la inflación de febrero fue del 4,7% y parte del motor de este aumento son los alimentos y las bebidas, los cuales se incrementaron en un 7,5%, la mayor desde septiembre de 2018, en plena crisis cambiaria del gobierno de Macri. Con estos números, la inflación ya acumula 8,8% en apenas los primeros dos meses del año, y un 52,3% interanual.
El país ya venía acumulando un alza de precios y esto se agravó a partir de la invasión de Rusia a Ucrania, lo que produjo un aumento del 40% en el precio internacional del trigo.
Y esto se agrava con la pasividad que tuvieron los dirigentes sindicales ligados al peronismo, cruzándose de brazos mientras el salario iba perdiendo poder adquisitivo mes a mes, como los traidores de la CGT que ahora apoyan incluso el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional.
Y este es un dato importante, porque lejos de orientar su política en beneficio de los intereses de las mayorías populares como lo anunció en su campaña electoral, el Frente de Todos viene de aprobar, con un acuerdo de todas las fuerzas del sistema el acuerdo con el FMI para el pago de la deuda externa contraída ilegalmente por el gobierno de Macri.
Un acuerdo que ata de pies y manos a la Argentina frente al imperialismo, que incluso impide que aproveche el alza de los precios de las commodities por su rol de agroexportador, atando cada aumento de la recaudación al pago de la deuda externa.
Además de establecer el gobierno, explícitamente, un compromiso de bajas las retenciones.
Y si bien el bloque oficialista exhibe hoy una crisis con el ala Kirchnerista, que de palabra dijo oponerse al acuerdo con el FMI. La realidad es que la juventud maravillosa no movió un dedo para que no se apruebe este saqueo, esta injerencia del imperialismo en la política económica de la Argentina.
Porque uno de los puntos más escabrosos del acuerdo con el fondo son las revisiones trimestrales del organismo sobre nuestra política económica. Que obligarán al gobierno a aplicar los planes de ajuste dictados por el organismo con la amenaza de detener los derechos de giro, los dólares contantes y sonantes pautados con el fondo.
Y esto el gobierno lo afirma sin eufemismos, sin sonrojare, a cara de piedra. Son varios los comunicadores K oficialistas que se quejan de cómo el fernandismo carece de la retórica necesaria para enmascarar los puntos escabrosos de su política de ajuste.
Aunque parezca irreal, el acuerdo firmado y difundido por el Frente de Todos deja sentado expresamente el sometimiento de la política económica al organismo imperialista. El texto afirma que las medidas de política económica serán consultadas con el FMI, y, en una de las líneas más humillantes, se lee: “Evitaremos cualquier política que no sea consistente con los objetivos del programa y nuestros compromisos en el contexto de éste”.
El gobierno se compromete a alinear toda la política económica (todo el gobierno) en función de sus com