El cinturon podrido: cuando el orgullo se pudre por dentro
Dios le pide a Jeremías hacer algo extraño: comprar un cinturon de lino, usarlo, y luego enterrarlo. Cuando lo desentierra, está podrido — imagen exacta de lo que le pasa al orgullo humano cuando se aleja de Dios. Y en el Evangelio, Jesús nos regala dos parábolas pequeñitas pero enormes: el grano de mostaza y la levadura, la promesa de que el Reino de Dios crece desde lo más pequeño y lo más escondido. Hoy hablamos de la diferencia entre lo que se pudre por soberbia y lo que crece por fe silenciosa.