Mi justificación es la más obvia: el silencio de los historiadores profesionales. Ninguno
de ellos ha elaborado un estudio crítico de la cuestión o cualquier otro trabajo que
verdaderamente discuta cualquier punto particular de la cuestión del exterminio y aporte
las pruebas en apoyo de su tesis. Lo más parecido a esto es el libro de Reitlinger, que al
menos está dispuesto a hacer mención explícita de algunas de las irregularidades que
surgen al estudiar la Historia del "Holocausto", pero Reitlinger no es un historiador sino un
artista y coleccionista de obras de arte. Ha escrito varios libros, siendo el más importante
su estudio de tres tomos acerca de la Historia del comercio con objetos de arte "The
Economics of Taste". Después de Reitlinger, Hilberg adopta un pequeño ápice de
criticismo, pero Hilberg es profesor de Ciencias Políticas (en la Universidad de Vermont) y
su doctorado trata de Legislación y Gestión Públicas.
Los libros de Reitlinger y Hilberg reconocen, de mala manera pero sin embargo
significativamente, la responsabilidad de convencer a los escépticos. Los otros mitólogos
del exterminio no intentan en modo alguno demostrar que los exterminios tuvieron lugar;
únicamente suponen que todos sabemos que sucedieron y luego comienzan a partir de
ahí. Este es el caso de los tres restantes mitólogos exterminacionistas principales - Nora
Levin, León Poliakov y Lucy S. Dawidowicz. Levin fué bibliotecaria mientras escribía su
libro y ahora da clases de Historia en el Gratz College, un pequeño colegio judío de
Filadelfia. Poliakov es director de investigación del "Centre Mondiale de Documentation
Juive Contemporaine" de París y por consiguiente un propagandista judío profesional.
Dawidowicz es el único historiador profesional del grupo y ocupa la Cátedra "Leah Lewis"
de Estudios del Holocausto en la Universidad Yeshiva de Nueva York. Los cinco
principales mitólogos del exterminio son judíos.
En los libros y artículos que tratan temas que no son el "Holocausto" pero que lo
mencionan, los historiadores profesionales invariablemente prestan apoyo a la mentira, no
obstante sus escritos aluden a lo contrario en grado considerable. Ningún historiador
profesional ha publicado un libro discutiendo, y aportando pruebas, en contra o a favor de
los exterminios. Las razones son obvias. Ningún historiador bien situado está dispuesto a
dañar su reputación escribiendo obras pedantes en apoyo de las pretensiones
exterminacionistas, a referirse solemnemente a documentos y testimonios presentados en
juicios ilegales que tuvieron lugar en condiciones de histeria y a exponer con toda
seriedad, sin disculparse, simples idioteces como la del presunto doble cometido del gas
Zyklon. Al menos, ningún intento de aportar semejante obra parece haber tenido lugar.
Por otra parte, la presión del conformismo intelectual académico (por decirlo cortésmente)
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BUTZ : La Fabula del Holocausto
ha autorizado el silencio a los historiadores con opiniones contrarias. Siendo este el caso,
está justificado y es de esperar que obras como la presente sean escritas por ingenieros o
por cualquier otro profesional.