Revisionismo Histórico I (abre los ojos)

Revisionismo Histórico I (abre los ojos)

By Ramanuyacaria das VanapastraReligion & Spirituality
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Revisionismo Histórico I (abre los ojos) episodes

  • historia criminal del comunismo 5
    Tal vez sea cierto. Es una constante histórica que cuando las organizaciones comunistas se ven en mermadas de apoyos piden un diálogo que luego niegan a sus adversarios cuando se han reforzado. Sea como fuere, el hecho es que las ideas de Marx, Engels, Lenin, Mao o Enver Hoxa son intelectualmente erróneas, pero perfectamente inocuas si no salen del papel. Abimael Guzmán sembró el terror en Perú con una banda de asesinos conocida como Sendero Luminoso. Estos asesinos justificaban sus crímenes en la idea, pero, al cabo, eran ellos mismos los culpables no la idea, que por lo demás sigue por ahí, rondando de cabeza en cabeza sin que hayamos tenido que lamentar más muertes desde la detención del carnicero Guzmán en 1992 y la desarticulación de la banda. Si la experiencia, es decir, la Historia, nos enseña que el comunismo sólo tiene un modo, necesariamente violento, de alcanzar y conservar el poder, la teoría nos advierte de los riesgos que se corren al adoptar como propias ciertas ideas que recategorizan a los seres humanos entre buenos y salvables, y malos y condenables. El comunismo debería ser, por consiguiente, una ideología poco atractiva y con un fuerte estigma social como lo son otras de corte parecido como el nazismo o el fascismo, ambas nacidas de la matriz socialista en los años veinte del siglo pasado. El comunismo, sin embargo, mantiene una suerte de bula justificada en algo tan simple como las intenciones. La intención del comunista es construir una sociedad más justa. Punto. Eso les ha salvado de la quema. Bueno, eso y la ventaja de disponer de una técnica propagandística depuradísima y un transformismo político digno de encomio. Ese es el secreto de que la momia siga vivaqueando. Esto en lo que toca a la parte «criminal» de la ideología. Para la sectaria echemos mano nuevamente de la Historia.
    20 min
  • historia criminal del comunismo 4
    H Prólogo ¿Es el comunismo una «secta» criminal? ACE unos años, la izquierda local de un ayuntamiento de la Comunidad de Madrid, montó una sonora campaña contra Jesús Gómez, un concejal del Partido Popular que, una década antes, había escrito un artículo sobre los límites que el Estado nunca debe sobrepasar. El concejal, que cuando escribió el citado artículo ejercía de periodista, argumentaba que bajo ningún concepto el Estado puede arrogarse la facultad de retirar la patria potestad a los ciudadanos por motivos ideológicos. La polémica había surgido a raíz de una secta de cristianos fundamentalistas que, en los años noventa, vio como sus hijos les eran arrebatados por los servicios sociales de la Generalidad de Cataluña. Los padres recurrieron a los tribunales de Justicia, que terminaron por darles la razón obligando a la administración regional a devolver a los menores de edad a sus padres. Para apuntalar su argumento Jesús Gómez puso como ejemplo el comunismo, que, como ideología, ha sido responsable de la muerte de cien millones de seres humanos y que, en ciertos momentos y lugares, adquirió la categoría de auténtica secta destructiva. ¿Tiene derecho el Estado a retirar la patria potestad a los padres comunistas?, se preguntó Gómez para, a continuación, responder que no, que en ese caso regía idéntico principio que con la secta cristiana. La izquierda de ese ayuntamiento, formada a la sazón por el Partido Socialista y la coalición comunista Izquierda Unida, acusó al concejal conservador de defender justo lo contrario de lo que decía amputando y descontextualizando una frase. La izquierda, una vez más, utilizaba la mentira como arma revolucionaria. La cuestión en aquel momento no era tanto lo que había dicho el concejal como organizar un escándalo político, airearlo en los medios y luego pedir su dimisión. El caso de Jesús Gómez llegó a los periódicos y murió pronto porque la mentira era tan grosera que no se pudo sostener durante mucho tiempo más. A cambio se abrió un pequeño debate que, como era de esperar, vino acompañado de una formidable polémica. El debate se resumía en una sola pregunta: a la luz de los hechos, de un siglo de barbarie en nombre del ideal, ¿debía o no debía el comunismo ser considerado una secta criminal? Desde el punto de vista teórico evidentemente no. No delinquen las ideas sino las personas. Decir, por ejemplo, que la burguesía debe de ser borrada de la faz de la Tierra, guerra de clases mediante, no es ni debería ser delictivo bajo ningún orden político que se autodenominase libre. Las palabras pueden herir la sensibilidad pero nunca han matado a nadie.
    11 min
  • historia criminal del comunismo 3
    La izquierda, una vez más, utilizaba la mentira como arma revolucionaria. La cuestión en aquel momento no era tanto lo que había dicho el concejal como organizar un escándalo político, airearlo en los medios y luego pedir su dimisión. El caso de Jesús Gómez llegó a los periódicos y murió pronto porque la mentira era tan grosera que no se pudo sostener durante mucho tiempo más. A cambio se abrió un pequeño debate que, como era de esperar, vino acompañado de una formidable polémica. El debate se resumía en una sola pregunta: a la luz de los hechos, de un siglo de barbarie en nombre del ideal, ¿debía o no debía el comunismo ser considerado una secta criminal? Desde el punto de vista teórico evidentemente no. No delinquen las ideas sino las personas. Decir, por ejemplo, que la burguesía debe de ser borrada de la faz de la Tierra, guerra de clases mediante, no es ni debería ser delictivo bajo ningún orden político que se autodenominase libre. Las palabras pueden herir la sensibilidad pero nunca han matado a nadie.
    20 min
  • historia criminal del comunismo 2
    El libro narra 34 episodios en los que la implantación o mantenimiento del comunismo dieron lugar a eventos terribles. Millones de muertos, la mayoría por hambre, represiones brutales de disidentes o atentados contra la naturaleza, son descritos de manera breve pero ilustrativa.
    16 min
  • historia criminal del comunismo 1
    H Prólogo ¿Es el comunismo una «secta» criminal? ACE unos años, la izquierda local de un ayuntamiento de la Comunidad de Madrid, montó una sonora campaña contra Jesús Gómez, un concejal del Partido Popular que, una década antes, había escrito un artículo sobre los límites que el Estado nunca debe sobrepasar. El concejal, que cuando escribió el citado artículo ejercía de periodista, argumentaba que bajo ningún concepto el Estado puede arrogarse la facultad de retirar la patria potestad a los ciudadanos por motivos ideológicos. La polémica había surgido a raíz de una secta de cristianos fundamentalistas que, en los años noventa, vio como sus hijos les eran arrebatados por los servicios sociales de la Generalidad de Cataluña. Los padres recurrieron a los tribunales de Justicia, que terminaron por darles la razón obligando a la administración regional a devolver a los menores de edad a sus padres. Para apuntalar su argumento Jesús Gómez puso como ejemplo el comunismo, que, como ideología, ha sido responsable de la muerte de cien millones de seres humanos y que, en ciertos momentos y lugares, adquirió la categoría de auténtica secta destructiva. ¿Tiene derecho el Estado a retirar la patria potestad a los padres comunistas?, se preguntó Gómez para, a continuación, responder que no, que en ese caso regía idéntico principio que con la secta cristiana. La izquierda de ese ayuntamiento, formada a la sazón por el Partido Socialista y la coalición comunista Izquierda Unida, acusó al concejal conservador de defender justo lo contrario de lo que decía amputando y descontextualizando una frase. La izquierda, una vez más, utilizaba la mentira como arma revolucionaria. La cuestión en aquel momento no era tanto lo que había dicho el concejal como organizar un escándalo político, airearlo en los medios y luego pedir su dimisión. El caso de Jesús Gómez llegó a los periódicos y murió pronto porque la mentira era tan grosera que no se pudo sostener durante mucho tiempo más. A cambio se abrió un pequeño debate que, como era de esperar, vino acompañado de una formidable polémica. El debate se resumía en una sola pregunta: a la luz de los hechos, de un siglo de barbarie en nombre del ideal, ¿debía o no debía el comunismo ser considerado una secta criminal? Desde el punto de vista teórico evidentemente no. No delinquen las ideas sino las personas. Decir, por ejemplo, que la burguesía debe de ser borrada de la faz de la Tierra, guerra de clases mediante, no es ni debería ser delictivo bajo ningún orden político que se autodenominase libre. Las palabras pueden herir la sensibilidad pero nunca han matado a nadie.
    13 min
  • 1100: EL ROBO DEL CONTINENTE DE ANTILIA 16 FIN
    Infancia y juventud
    De acuerdo con Antonio de Remesal, su primer biógrafo, Bartolomé de las Casas nació en Sevilla en 1474. Sin embargo, las investigaciones de Helen Rand Parish y Harold E. Weidman en 1976 determinaron que la fecha más probable de su nacimiento fue el 11 de noviembre de 1484 en Triana, Sevilla.11​ Juan Antonio Llorente, en su compendio de obras de fray Bartolomé de 1822, dice que fue en 1474 y que probablemente fue el 24 de agosto por ser el día de la celebración del martirio del Apóstol San Bartolomé, y ser un uso muy general en España poner a los niños el nombre del santo que la iglesia diocesana celebra el día del nacimiento cuando no se dé el nombre del padre, que no se da en este caso porque el padre se llamaba Antonio.12​
    Pudo haber nacido en alguna de estas tres parroquias: la de San Lorenzo, la de San Vicente o la de la Magdalena, en Sevilla. Fue bautizado en la Catedral. Debió vivir su infancia oyendo hablar mucho de las batallas de la Reconquista en las que habían participado sus familiares y, cuando los Reyes Católicos se instalaron en Sevilla, su tío Alfonso Téllez Girón de las Casas era uno de los ocho caballeros que portaban las varas del palio bajo el que entraron.
    Bartolomé cursó sus estudios primarios, probablemente, en el Colegio de San Miguel, y sus primeros contactos con la vida de los religiosos debieron ser cuando visitaba a su tía Juana, que era monja en el Monasterio de Santa María de las Dueñas. Posiblemente en 1490 fue a estudiar "ambos derechos" (canónico y estatal) a la Universidad de Salamanca. Un familiar suyo era sacerdote en el convento de San Esteban, donde en aquel entonces residía Cristóbal Colón, por lo que pudo conocerlo allí por primera vez. Colón también mantenía cierta amistad con la familia Las Casas y había pasado largas temporadas en Sevilla, la ciudad natal de Fray Bartolomé.
    En 1492 su tío paterno, Juan de la Peña, participó en el primer viaje de Colón, que partió del Puerto de Palos (Huelva) el 3 de agosto de ese año. La expedición regresó en 1493 habiendo descubierto la nueva ruta a las Indias, lo que generó gran expectación. En su ruta a Badalona para presentar su logro a los Reyes Católicos, Colón pasó en marzo de 1493 por Sevilla con sus pájaros y siete indios y se situó en el entorno de la iglesia de San Nicolás para exhibirlos. Esto fue presenciado por Bartolomé de las Casas.
    El padre de Bartolomé, el comerciante Pedro de las Casas,10​ decidió, junto con su hermano Francisco de Peñalosa, embarcar con Colón rumbo a las Indias para su segundo viaje, que partió de Cádiz el 25 de septiembre de 1493. Más adelante acompañaron al padre sus hermanos Diego y Gabriel Peñaloza. Cuando la expedición regresó, trajo 600 indios y el padre le regaló uno a su hijo Bartolomé para que le sirviera.13​ Sin embargo, Bartolomé utilizó al indio como objeto de estudio humanístico, y le preguntó por su religión para investigar si se parecía al cristianismo. Como había estudiado latín en Salamanca y Sevilla,14​ aprovechó sus conocimientos en filología y latín para estudiar posibles semejanzas con su lengua.
    Al saber la reina Isabel I de Castilla que Colón estaba haciendo esclavos a los indios, ordenó que no se tratara así a sus súbditos, sino como otros súbditos de la corona, y ordenó que se castigara con la pena de muerte a todo aquel que tuviera indios como esclavos. Esto privó a Bartolomé de Las Casas del servicio de su indio. Colón argumentaba que los indios esclavos solamente eran los que se habían hecho prisioneros en "guerra justa" y que las costumbres de estos eran paganas y a veces caníbales y que bien estaba traerlos a Castilla para así quitarlos de esas costumbres. La reina respondió que se afanara por convertirlos al cristianismo en sus tierras. Isabel falleció en 1504 y en su testamento pidió que se tratara bien y justamente a los indios, sin hacerles ofensas.
    Otro aspecto que ha generado debates sobre la vida de Bartolomé de las Casas, tiene que ver con el momento en el cual realizó su primer viaje a las Indias. En uno de los textos en latín del padre Antonio Salucci, amigo personal de Fray Bartolomé, comenta que este viajó por vez primera a las Indias, siendo aún muy joven, en 1493 junto a su padre y su tío, empleados en el segundo viaje de Colón, y refiere que era una anécdota que le oyó relatar al mismo Fray Bartolomé. No obstante, su biógrafo Llorente opina que Bartolomé de las Casas no se embarcaría por primera vez sino hasta 1498 en el tercer viaje de Colón. Otros historiadores discuten sobre este hecho como poco probable, ya que Bartolomé sería estudiante en Salamanca durante esos años, y que realizó su primer viaje a las Indias hasta 1502.
    Probablemente en 1500, Bartolomé de las Casas concluyó sus estudios en Salamanca y consiguió una plaza como doctrinero en la expedición a las Indias que partió del puerto de Sanlúcar de Barrameda, el 13 de febrero de 1502. Para algunos historiadores, esto lo hizo con el objetivo de cumplir méritos para ser fraile, y otros señalan que lo hizo para hacerse cargo de los negocios de terrateniente que su padre había dejado en el Caribe. Esa expedición estaba comandada por Antonio Torres y llevaba consigo a Nicolás de Ovando, que iba a relevar en su puesto de Gobernador de La Española a Francisco de Bobadilla. Bobadilla había sido enviado antes como juez pesquisidor para investigar y arrestar a Cristóbal Colón, tomando el cargo de gobernador y llevando a cabo una serie de políticas de privatización de las tierras descubiertas y repartimiento de encomiendas. La llegada de Bartolomé de Las Casas a la La Española se produjo el 15 de abril de 1502.14​
    Dentro de las actividades económicas que realizaban los encomenderos, las de caza y trabajo en el campo para sus amos eran más llevaderas. Sin embargo, la actividad que más justificaba la presencia española en la isla era la búsqueda de oro, y esta era la actividad más dura.
    Cuando la expedición llegó a la isla, algunos barcos se dispusieron a regresar a España, llevando consigo a Francisco de Bobadilla y, al mismo tiempo, Cristóbal Colón se aproximaba a La Española en su cuarto viaje. El nuevo gobernador, Nicolás de Ovando, no le permitió a Colón desembarcar. Justo por esos días, se desató un huracán que arrasó Santo Domingo y hundió a los barcos que llevaban a Francisco de Bobadilla a España, logrando salvarse Cristóbal Colón por su pericia como marinero, al recalar en una caleta que consideró apropiada para resistir el temporal. El huracán provocó muchos muertos y, posteriormente, esta situación de insalubridad generó una epidemia. Hay diferentes versiones del papel de Fray Bartolomé en este momento. Unos dicen que él se encontraba en Santo Domingo ayudando a sanar a los enfermos durante la epidemia o que se encontraba tierra adentro administrando su Encomienda.
    La guerra en La Española
    Cacicazgo de Higüey en La Española.
    Un grupo de españoles decidió irse de caza llevando consigo unos perros de presa. Estos perros se toparon con los indios por la selva de Saona y atacaron a un jefe indio del lugar causándole la muerte. Los nativos atacaron a los españoles que, ante su ira, decidieron embarcar de regreso a España. Tiempo después, un grupo de españoles montó un campamento en esa zona, siendo atacados con flechas por los indios y muriendo ocho. Nicolás de Ovando envió una partida de 300 hombres para vengarse, dirigidos por Juan de Esquivel. Bartolomé de Las Casas estaba en la partida. Los españoles ganaron la guerra y el cacique Cotubanamá decidió pactar la paz. Entonces los españoles montaron en la zona una fortaleza y dejaron en ella 9 personas al mando del capitán Villamán. Sin embargo, los indios los mataron a todos y solamente sobrevivió uno, que fue a Santo Domingo a decirle lo sucedido a Juan de Esquivel. Cotubano convenció a los indios de la provincia de Higüey para que se rebelaran. Rota la tregua, se inició una verdadera guerra que duró 8 o 9 meses. Pero como los indios se escondían muy bien en la selva con sus arcos y flechas envenenadas, tuvieron que hacerla con pequeños contingentes de personas. Las Casas combatió en el cacicazgo de Higüey bajo las órdenes del capitán Diego Velázquez de Cuéllar, y por tal motivo recibió una encomienda en la Villa de la Concepción de la Vega, la cual administró hasta 1506.15​ Finalmente, tras una gran cantidad de muertos en ambos bandos, los españoles lograron encontrar el escondite de Cotubano en la isla de Saona, arrestándolo y siendo condenado a muerte por Nicolás de Ovando.
    Regreso a Sevilla y viaje a Roma
    En 1506, Bartolomé de las Casas regresó a Sevilla, en donde recibió las órdenes menores al sacerdocio.14​ En 1507 viajó a Roma y fue ordenado como presbítero, pero esperó hasta 1510 para cantar su primera misa en Concepción de la Vega.
    Regreso a La Española
    Bartolomé de las Casas regresó a La Española en 1508. En septiembre de 1509 Nicolás de Ovando fue sustituido en el gobierno de la isla por Diego Colón, hijo de Cristóbal Colón. En Concepción, Las Casas comenzó su trabajo como doctrinero, que compaginó con su oficio de encomendero.
    En 1510 llegó a la isla la Orden de los Dominicos, que a la postre fue la que mayor aporte hizo en favor de los derechos de los indios. Los primeros dominicos que vinieron a la isla fueron cuatro, de los cuales solo se conserva el nombre de tres: fray Pedro de Córdoba, fray Antonio de Montesinos y fray Bernardo de Santo Domingo. Posteriormente llegaron más, aumentando el número a ocho. Pronto empezaron a preocuparse por los derechos de los aborígenes.
    La víspera del domingo 21 de diciembre de 1511, los ocho miembros de la congregación elaboraron una predicación que fray Antonio fue encargado de transmitir y que defendía enormemente a los indios. Este discurso fue dado en el Adviento. El conocido como Sermón de Adviento decía:
    Para dároslo a conocer me he subido yo aquí, que yo soy la voz de Cristo en el desierto de esta isla, y por tanto me conviene que con atención, no cualquiera, sino con todo vuestro corazón y con todos vuestros sentidos, la oigáis; la cual voz será la más nueva que nunca oísteis, la más áspera y dura y más espantable y peligrosa que jamás pensasteis oír [...] Todos estáis en pecado mortal y en él vivís y morís, por la crueldad y tiranía que usáis con estas inocentes gentes. Decid, ¿con qué derecho y con qué justicia tenéis en tan cruel y horrible servidumbre a estos indios? ¿Con qué autoridad habéis hecho tan detestables guerras a estas gentes, que estaban en sus tierras mansas y pacíficas, donde tan infinitas de ellas, con muertes y estragos nunca oídos habéis consumido? ¿Cómo los tenéis tan oprimidos y fatigados, sin darles de comer y curarlos en sus enfermedades, que de los excesivos trabajos que les dais incurren y se os mueren, y por mejor decir los matáis, por sacar y adquirir oro cada día? ¿Y qué cuidado tenéis de quien los doctrine, y conozcan a su Dios y criador, y sean bautizados, oigan misa y guarden las fiestas y los domingos? ¿Estos, no son hombres? ¿No tienen ánimas racionales? ¿No sois obligados a amarlos como a vosotros mismos? ¿Esto no entendéis, esto no sentís? ¿Cómo estáis en esta profundidad, de sueño tan letárgico, dormidos? Tened por cierto que, en el estado en que estáis, no os podéis más salvar, que los moros y turcos que carecen y no quieren la fe de Jesucristo.
    La prédica generó grandes protestas en la isla, y Diego Colón se dirigió a hablar con fray Pedro de Córdoba al convento de los dominicos para que expulsara de la isla a fray Antonio o que, al menos, diera a la semana siguiente un sermón más suave que apaciguara los ánimos. Gran sorpresa fue que, al domingo siguiente, la prédica fue mucho más beligerante por los indios y dio cinco principios: que las leyes de la religión están por encima de las leyes de los particulares y del Estado, que no existen diferencias raciales ante los ojos de Dios, que la esclavitud y la servidumbre son ilícitas, que se debía restituir a los indios su libertad y bienes y que se debían convertir a los indios al cristianismo con el ejemplo.
    Varios encomenderos y religiosos se quejaron al rey Fernando el Católico y le solicitaron la expulsión de los dominicos. El provincial de los dominicos de Castilla, Alfonso de Loaysa, llegó a pedir a fray Pedro de Córdoba que dejasen esa actitud, porque corrían el riesgo de que la orden fuera expulsada del Nuevo Mundo. Desde La Española fue enviado a España un representante de los encomenderos, el franciscano fray Alonso de Espinar, y los dominicos mandaron a Antonio de Montesinos. El rey Fernando los escuchó a los dos y ordenó que se hiciera una junta para estudiar la situación de los indios. De esta junta, reunida en Burgos en 1512, y de la posterior en 1513, surgieron las primeras normas para defender a los nativos,16​ y con todas las normas posteriores pasaron a constituir las Leyes de Indias, la primera legislación de derechos humanos de la historia. Aunque su aplicación en el Nuevo Mundo era muchas veces pasada por alto.
    Tras aquel sermón, a Las Casas se le negó la absolución debido a que en esa época aún mantenía su repartimiento indígena.17​
    Las Casas permaneció sin meterse en este duelo entre frailes y encomenderos, atendiendo a su labor de doctrinero y a la gestión de sus encomiendas en La Concepción.16​
    Viaje a Cuba
    En 1511, Diego Colón decidió que era el momento de explorar el interior de la cercana isla de Cuba. El capitán Diego Velázquez Cuéllar preparó una expedición de 300 hombres en cuatro naves, que partieron del Puerto de Salvatierra de Sabana rumbo a Maisí, provincia al este de Cuba, y desembarcaron en el llamado Puerto de la Palma.
    Sin embargo, el cacique Hatuey había huido de La Española en la guerra contra Cotubano y había organizado la resistencia en Cuba. Los indios iniciaron una guerra descarnada contra los españoles en Cuba que duró tres meses, y que finalizó con el exterminio de los indios rebeldes.18​ Era preciso cristianizar al resto, por lo que, a solicitud de Diego Velázquez, en la primavera de 1512, Bartolomé de las Casas se trasladó a la isla de Cuba como capellán en compañía de Pánfilo de Narváez. Los españoles avanzaban por la isla a través de la espesa selva, conquistando pueblos, cristianizándolos y extendiendo el dominio de España. La labor de Las Casas fue muy importante para abrirse paso entre las tribus hostiles, ya que siempre enviaba a un indio amigo a parlamentar con los indios, y por esto era conocido como el behique bueno.19​
    Bartolomé de Las Casas bautizando prisioneros en Cuba en 1511
    En la biografía de Bartolomé de las Casas del historiador Héctor Anabitarte, se narra que Las Casas hablaba con los indios y les explicaba la doctrina cristiana. Los indios se mostraban participativos y relataban que en su religión había habido un diluvio universal. Un anciano nativo indicó que un hombre salvó a la humanidad metiendo en un arca a personas y animales. Una vez ese hombre se quedó dormido bebiendo un vino que los cubanos hacían con las parras y un hijo malo se rio del viejo pero el otro hijo, que era bueno, le cubrió con unas mantas. El anciano indio explicó que ellos descendían del hijo malo, y por eso iban desnudos, y que los españoles descendían del hijo bueno y que por eso iban vestidos e iban a caballo.19​ Luego los indios explicaron que todo lo que existía lo habían creado personas que venían de todo el mundo, y Bartolomé les explicó que esas personas eran realmente la Santísima Trinidad. La fama de Las Casas se extendió por la isla y comenzó a desaparecer el temor hacia los españoles, que había venido de los indios que se habían sublevado en La Española. Bartolomé, siempre comprensivo, comenzó a bautizar a los niños y prometió el amor eterno de Dios a todos aquellos indios que decidían bautizarse.20​
    El teniente Narváez se adentró, con 25 soldados, en la provincia de Bayamo, donde fueron atacados por una gran cantidad indios, que lograron repeler la agresión. Todos esos indios se refugiaron en Camagüey, hasta que pactaron con los españoles y solicitaron al behique su perdón y protección. Se les perdonó y, en agradecimiento, los indios les regalaron a Las Casas y a Narváez unos sartales de rústicas cuentas muy valorados por ellos.20​
    La matanza de Caonao
    En 1513 los españoles llegaron a la localidad de Caonao, donde fueron recibidos con un banquete. Sin embargo, se desconoce la razón, los españoles se exaltaron creyéndose que iban a ser atacados y comenzaron a matar indios con sus espadas. Bartolomé de Las Casas intentó detener la matanza pero los soldados no le obedecieron. Finalmente, se acercó a un joven que estaba dentro de una choza y le dijo que no había peligro, y cuando salió fue apuñalado por un soldado. Entonces se agarró a Bartolomé y a este solamente le dio tiempo a bautizarlo y luego murió.21​
    Después de la matanza de Caonao,22​ Narváez le cuestionó: «¿Qué parece a vuestra merced destos nuestros españoles qué han hecho?», formulando la pregunta como si el capitán no tuviese que ver con esas acciones. Las Casas le respondió: «Que os ofrezco a vos y a ellos al diablo».23​
    Los indios comenzaron a abandonar sus pueblos y los soldados se encontraron con pueblos vacíos y sin alimento. Posteriormente, se encargó a Las Casas volver a dialogar con los nativos, cosa que consiguió gracias a un intermediario, y finalmente estos llegaron a un arreglo con los españoles. Sin embargo, Las Casas estaba molesto porque se le pidió ayuda para la conciliación pero no se le consultaban las decisiones militares que generaban muertos, por lo que los nativos podrían pensar que, en realidad, él era un behique malo.24​
    Los españoles se enteraron de que cerca de La Habana estaban prisioneros tres españoles y mandaron a un indio, que había aprendido a leer, con una carta para que la leyera. Los indios consideraron que la carta era mágica porque no entendían que un papel pudiera contar cosas y algunos incluso acercaban las orejas al papel para ver si a ellos les decía algo.24​ Las Casas se alojó en un pueblo de casas construidas sobre estacas en el mar, llamado Carahact. Cuando se acercó una canoa con dos mujeres, que eran las que estaban cautivas, explicaron que iban acompañadas pero que fueron atacadas y que solo las perdonaron a ellas dos por ser mujeres. Sin embargo, aún quedaba un español cautivo y Las Casas envió cartas para que vinieran los caciques, que no se les haría nada malo. Ellos llegaron y trajeron comida para honrar a los blancos. Sin embargo, Narváez apresó a los 20 caciques y ordenó que los quemaran vivos. Las Casas le dijo que se lo pensaba contar todo al rey y, por miedo, Narváez reculó en su decisión y decidió liberarlos a todos menos a uno, posiblemente el más importante. Sin embargo, llegó el capitán Diego Velázquez y ordenó que a él también le pusieran en libertad.25​ Finalmente, los nativos liberaron en una aldea al español, Pablo Miranda.
    Renuncia a sus encomiendas
    Como recompensa por sus acciones durante la conquista de Cuba, Bartolomé de Las Casas recibió en 1514 un nuevo repartimiento de indios en Canarreo, a orillas del río Arimao, cerca de Cienfuegos. Y, junto con su socio Pedro de Rentería, mandó extraer oro de los yacimientos auríferos del río. Se centró completamente en los negocios y empezó a tener fama de codicioso. Y, aunque trataba a los indios de manera suave y les enseñaba la doctrina de Cristo, les ordenaba a sus indios encomendados extraer oro en las minas y hacer sementeras y todo lo que él quería. En 1514 los socios decidieron ampliar sus negocios y Pedro de Rentería se trasladó a Jamaica en busca de más víveres, que en Cuba ya escaseaban. Entonces llegaron a La Española tres dominicos: Gutiérrez de la Ampudia, Pedro de San Martín y Bernardo de Santo Domingo. Estos le dijeron a Las Casas que sabían de él y de los esfuerzos que había hecho por procurar el bienestar de los aborígenes. Esto le marcó profundamente y empezó a plantearse el objetivo de su misión en el Nuevo Mundo. Tomó conciencia paulatinamente de lo injusto que era el sistema y se convenció de que debía «procurar el remedio de esta gente divinamente ordenado».
    En una misa de Pascua, encontrándose en Sancti Spíritus, dio un sermón en el cual condenaba los malos tratos a los indios y explicaba vivencias sobre ellos. Esto despertó críticas entre la gente, pero estas críticas no fueron tanto contra su prédica, sino contra su persona, puesto que Las Casas era un encomendero y no era justo que insultara a un grupo al que él mismo pertenecía. Entonces se dirigió a Diego Velázquez y le dijo que no deseaba seguir teniendo encomiendas. Velázquez intentó persuadirle, le dijo que se estaba forjando un futuro merecido como hombre rico,26​ pero Las Casas insistió y le dijo que la decisión sería secreta hasta que volviera su socio de Jamaica. Escribió a Rentería para pedirle que regresara porque quería volver a Castilla. El 15 de agosto de 1514, día de la Asunción, a la edad de treinta años, pronunció un sermón en Sancti Spíritus27​ donde, en presencia de todos y del propio Velázquez, dijo que reiteraba sus críticas y que cedía todas sus encomiendas, ante el asombro de todos.28​ Cuando regresó Rentería y Las Casas le comunicó su decisión, lejos de enfadarse, su antiguo socio le dijo que le apoyaba en sus demandas y que pondría a su disposición todo el dinero que necesitara.
    En 1515 se dirigió a Santo Domingo, en La Española, a hablar con el dominico Pedro de Córdoba, que le escuchó con agrado y le dijo que eran conocidos los poderosos intereses que defendían el Obispo de Burgos Juan Rodríguez de Fonseca, con 800 indios encomendados, y el secretario Lope de Conchillos, gran terrateniente en las tierras descubiertas y con muchas encomiendas.29​ Estas dos personalidades, al lado del rey, eran las que manejaban los asuntos de Estado.
    Protector Universal de Todos los Indios
    En septiembre de 1515 Bartolomé de Las Casas embarcó rumbo a Sevilla junto con fray Antonio de Montesinos. Los frailes llegaron a Sevilla el 6 de octubre. Allí visitaron el convento dominico de San Pablo y Montesinos le presentó a sus superiores, que se mostraron encantados de ayudarle y le recomendaron al arzobispo de Sevilla, fray Diego de Deza, hombre que había ayudado a Colón a descubrir Las Indias. Diego de Deza, cercano al monarca, recibió la visita de Las Casas que le contó la situación de los indios, y Deza decidió ayudarlo. Le aconsejó que se entrevistase con el rey Fernando el Católico y le entregó una carta de recomendación. Las Casas se encaminó a Plasencia, donde en ese momento se encontraba la Corte. Gracias a las gestiones del dominico y confesor del monarca, Tomás Matienzo, logró entrevistarse con el rey. Sin embargo el rey estaba muy enfermo, tumbado en la cama, y le dijo que debería aplazar la decisión para más adelante.
    Posteriormente se entrevistó con Juan Rodríguez de Fonseca, que, cuando escuchó su alegato, le dijo que a él no le importaba en absoluto y que él era un necio por preocuparse por eso. El rey Fernando tenía previsto viajar a Sevilla y Deza arregló otro encuentro entre el monarca y Las Casas; sin embargo, el monarca falleció por el camino en el pueblo extremeño de Madrigalejo. Antes de morir entregó la regencia al cardenal fray Francisco Jiménez Cisneros, Arzobispo de Toledo. Las Casas preparó un texto para Cisneros y otro para Adriano de Utrecht, que era el tutor del príncipe Carlos, el futuro emperador Carlos V.
    Cisneros le prestó toda su atención a Las Casas, escuchándole varias veces. Y Adriano también dio buena cuenta de sus escritos remitiéndoselos al regente. En presencia de Cisneros, los partidarios de Conchillos se pusieron en evidencia porque, durante la lectura en voz alta de las leyes proclamadas tras la junta de Burgos, omitieron decir que todos los nativos americanos que trabajan en las granjas merecían una libra de carne cada ocho días y en las fiestas.30​
    En 1516 Las Casas escribió su Memorial de los Agravios, de los Remedios y de las Denuncias, que provocó la sustitución de Fonseca por el Obispo de Ávila, Francisco Ruiz, y de Conchillos por el secretario Jorge de Baracaldo. El acceso al trono de Carlos V permitió a Las Casas ser escuchado en la corte, de manera que la Corona le encargó un plan de colonización en Tierra Firme según sus propuestas.
    En abril, Cisneros determinó enviar a tres frailes jerónimos para ejercer la gobernación de La Española. Las Casas fue comisionado consejero de los frailes y se le nombró Procurador o protector universal de todos los indios de las Indias,14​31​ cargo similar al de Ombudsman de Suecia que fue instituido a principios del siglo xix.
    Bartolomé de Las Casas fue, desde ese momento, protector de los indios en las islas La Española, Cuba, San Juan y Jamaica, así como en tierra firme, en referencia al continente americano. Su misión era informar a los padres jerónimos o al resto de personas que entendiesen de ello de la salud e integridad de los aborígenes. El Almirante y jueces de apelación mandados debían guardar ese poder de Bartolomé, y las desobediencias a él se castigarían con el pago de 10 000 maravedíes.32​
    Encomiendas
    El 11 de noviembre de 1516 Bartolomé de Las Casas embarcó junto con los tres padres jerónimos rumbo a La Española. Lo hicieron en naves distintas. Al llegar a San Juan de Puerto Rico el barco de Las Casas sufrió una avería, debiendo prolongar su estancia allí dos semanas. Al llegar a La Española Las Casas se dio cuenta de que los encomenderos se habían ganado el favor de los padres jerónimos. Estos los recibieron con festejos y les habían dicho que las encomiendas eran necesarias, porque de lo contrario los nativos americanos se rebelarían y que además tenían costumbres primitivas, y los padres jerónimos se limitaron a suprimir las encomiendas de los que no vivían la isla. Las Casas solamente logró que se respetaran de las Ordenanzas lo que se refería a la libertad de los aborígenes encomendados a jueces y oficiales del rey.33​
    En junio de 1517 regresó a España para indicar a Cisneros que las cosas no iban según lo previsto y cuando llegó a Sevilla se enteró de que el Cardenal estaba moribundo en Aranda de Duero y fue a hablar con él, pero, enfermo, decidió aplazar la decisión para más adelante y murió en septiembre. El príncipe Carlos desembarcó en Asturias y llegó con un importante séquito a Valladolid. Pronto surgieron bandos para hacerse con el poder. Por un lado estaban los "castellanos", encabezados por el obispo Fonseca y Lope Conchillos, y por otro lado están los "flamencos", donde están el Gran Canciller de Castilla; Juan Sauvage, el camarero mayor; Monsieur de Xevres, y el camarero privado; Monsieur Laxao. El presidente de todos los Consejos era el Gran Canciller, y era al que se dirigía Las Casas y fue considerado uno de sus hombres de confianza. En 1519 el Canciller le pidió a Las Casas que redacte memoriales para reformar la legislación de Indias, sin embargo Sauvage murió poco después de una enfermedad.
    En 1518 las Casas planeó un proyecto para colonizar tierras de aborígenes con labradores reclutados en España. Esto era un intento de crear una experiencia colonizadora pacífica en un territorio no hallado por conquistadores y encomenderos. Sin embargo, hubo de tener un arduo debate contra el fraile franciscano Juan de Quevedo, quien había sido nombrado obispo de Santa María la Antigua del Darién, y se pronunciaba a favor de la esclavitud de los indígenas.34​ Juan de Quevedo se apoyaba en Aristóteles para argumentar que las gentes rudas y bárbaras son esclavos por naturaleza. Las Casas argumentaba que los nativos americanos podían ser civilizados en paz y respetándose su libertad, porque Dios les había dado los mismos talentos que al hombre blanco.35​
    Al igual que Pedro Mártir de Anglería, en abril de 1520, las Casas conoció a los indígenas totonacas que fueron llevados ante la presencia del nuevo monarca por Alonso Hernández Portocarrero y Francisco de Montejo, ambos emisarios de Hernán Cortés, conquistador de México.
    Un par de meses más tarde, en Santiago de Compostela, el Consejo de Castilla hizo para sí las ideas de Las Casas quien estaba convencido de que la labor de conquista y colonización de América debía ser ejercida pacíficamente a través del anuncio y difusión de la fe católica. Así, el Consejo de Castilla lo autorizó a llevar a cabo el proyecto para crear una colonia pacífica en el territorio de Cumaná (Venezuela), para que él aplicase sus teorías consistentes en poblar la tierra firme, sin derramar sangre y anunciar el evangelio, sin estrépito de armas.36​37​
    Sin embargo, son momentos convulsos en España. Toledo, Segovia, Ávila, Zamora, Salamanca y Valladolid se sublevaron contra Carlos V y esto ralentizó que se emitan las cédulas reales que Bartolomé necesitaba para su proyecto. En Sevilla, Juan de Figueroa organizó un motín que fue aplastado al día siguiente por sus rivales, los Guzmanes. Bartolomé llegó después de estos sucesos y no le fue posible encontrar socios y capitales para su proyecto y hubo de contentarse con llevar como tripulación a un grupo de 70 amotinados, condenados y proscritos, que embarcaban para fugarse a América. El 14 de diciembre de 1520 partieron rumbo a Puerto Rico.
    Llegaron a Puerto Rico el 10 de enero de 1521. Allí les llegó la noticia de que Alonso de Ojeda había iniciado en tierra firme una cacería de esclavos que había enfurecido a los aborígenes, y que por ello los indios chiribichi y macarapana habían asesinado a todos los frailes dominicos que se habían asentado en Cumaná, territorio de la actual Venezuela. El Virrey de La Española, Diego Colón, ordenó a Gonzalo de Ocampo que les diera una lección a los aborígenes. La expedición de Ocampo llegó con 300 soldados a San Juan de Puerto Rico, donde pudo conocer los planes del Virrey. Sin embargo, Las Casas habló con Ocampo y le dijo que no podía llevar a cabo una expedición militar a esas tierras porque le habían sido concedidas a él por Cédula Real. Ocampo comprobó la validez de los documentos de Las Casas, pero decidió no hacerle caso. Las Casas fue a Santo Domingo a hablar con Diego Colón para que diera validez a sus títulos en el Nuevo Mundo, y dejó en Puerto Rico a su tripulación de labradores. Sin embargo, los 70 socios de Las Casas, al ver el cariz de los acontecimientos, decidieron alistarse con Juan Ponce de León a explorar la Florida.38​
    Las Casas fue recibido fríamente en La Española. Allí se acordó darle un par de carabelas para ir a Cumaná donde debía de asentarse. Además, su mentor fray Pedro de Córdoba falleció el 4 de mayo de 1521. Tras participar en su funeral el 30 de julio de 1521 salió hacia Puerto Rico con sus dos carabelas, la Concepción y la Sancti Spíritu. Junto con Las Casas viajaban su segundo, Francisco de Soto, su capellán Blas Hernández y su auxiliar Juan de Zamora. Días antes, la expedición de Juan Ponce de León había finalizado porque los indios habían atacado a los españoles en Florida, matando a Ponce de León de un flechazo. Sin embargo, una vez en Puerto Rico los labriegos rechazaron acompañarlos. Allí les habían dicho que Bartolomé era un embaucador que lo que quería era matarlos a trabajar y que si se quedaban en la isla tendrían acceso a tierras y a indios que trabajaran para ellos. Sin embargo, decidió ir a Cumaná de todas formas. Allí fue bien recibido por los franciscanos. Los soldados de Ocampo, que se encontraban en un campamento cercano al que llamaron Nueva Toledo, no lo tomaron bien, porque con Las Casas allí su caza de esclavos había terminado. Entonces los soldados se trasladaron a La Española, desde donde siguieron haciendo incursiones para buscar esclavos en las tierras de Las Casas. Esto hizo que los guaiqueríes se rebelaran y Bartolomé, consciente del peligro que corría el asentamiento cristiano, fue a pedir ayuda a Santo Domingo en diciembre de 1521. Sin embargo una tormenta se desató y fue a parar con su nave a Yaiquimo, en el lado opuesto de La Española. Su segundo, Francisco de Soto, aprovechó la ausencia de Las Casas para organizar una cacería de esclavos. Los indios se valieron de la ausencia de Las Casas y atacaron e incendiaron la misión el 10 de enero de 1522 y mataron a su regreso a Francisco de Soto, al franciscano fray Dionisio y al artillero Artieda, pudiendo el resto de los cristianos escapar a la península de Araya, de allí a Cubagua y luego a Santo Domingo. Las Casas caminó de Yaiquimo a Santo Domingo y, a su llegada, se enteró del fracaso de su misión y entra en depresión. Aceptó el consejo de fray Domingo de Betanzos para entrar en el convento dominico de Santo Domingo.39​
    En el convento siguió compartiendo y mejorando el trabajo de muchos religiosos que venían elaborando estudios de derecho en la Escuela de Salamanca, sobre los justos títulos que tenía la Corona de Castilla en el Nuevo Mundo y sobre el estatus civil que debía dispensarse a los nativos, como hombres libres –y no esclavos– de la corona castellana. Al mismo tiempo criticó muchos aspectos de la colonización de América y, entre ellos, el sistema de encomiendas. Se retiró para dedicarse al estudio de la teología, la filosofía y el derecho canónico y medieval, y comenzó a escribir su Historia de las Indias.
    En 1523, tras pasar un año de novicio, profesó en la Orden de Predicadores, o frailes dominicos. En 1526 escribió al presidente de la Audiencia, Alonso de Fuenmayor, pidiendo por los aborígenes. Para satisfacer al arzobispo, los superiores del convento lo enviaron a otro convento, al de Puerto de la Plata, al norte de la isla. Allí llegó en 1527 y dedicó tres años al estudio y a la meditación.
    El Obispo de México, fray Juan de Zumárraga, y el de Tlaxcala, fray Julián Garcés, lo designaron como reformador de la Orden de los Dominicos en el Nuevo Mundo. En noviembre de 1531 desembarcó en Veracruz, junto con fray Tomás de Berlanga y con el presidente de la Real Audiencia de Santo Domingo, Don Sebastián Ramírez de Fuenreal. Sin embargo, los dominicos de México consiguieron el apoyo del Cabildo de la ciudad y lo encarcelaron, mandándolo luego de vuelta a La Española.
    En 1524 se había creado el Consejo Real y Supremo de las Indias, para hacerse cargo de todos los asuntos relacionados con la política de América. Su presidente era fray García de Loaysa. Tras su expulsión de Veracruz Las Casas escribió a este organismo una extensa carta. Esa carta fue el germen de otra obra, De Unico Vocationis Modo.40​
    En 1533 un encomendero arrepentido en su lecho de muerte le pidió a fray Bartolomé de Las Casas que libere a sus indios encomendados. Él lo hizo, sin embargo se granjeó la enemistad de su heredero, Pedro de Vadillo, y logró que lo encarcelen. Los dominicos impidieron que se cumpla la condena pero se le pidió que se recluya en un monasterio de la orden.41​
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  • 1099: EL ROBO DE TODO EL CONTINENTE DE ANTILIA 14
    Datos familiares
    Cuando el rey Fernando III de Castilla conquistó Sevilla en 1248, recibió apoyo internacional para su cruzada, y en sus tropas se encontró con un caballero francés de la estirpe del Conde de los Limonges, cuyo nombre era Bartolomé de Casaux. Tras la conquista de la ciudad se estableció en ella y cambió su apellido Casaux por Las Casas.8​ Según uno de sus biógrafos, esta familia era de origen judeoconverso,9​ aunque otros anteriores afirmaron que eran cristianos viejos.10​
    El rey Alfonso XI de Castilla nombró a un miembro de la familia Las Casas como "fiel regidor de las ordenanzas reales y como regidor número 24 del reino". Este número quedó unido a la familia hasta el siglo xvii, sucediéndose esa línea familiar en el ejercicio del cargo. Además, miembros de la familia Las Casas fueron nombrados en varias ocasiones para el cargo de tesorero mayor de Andalucía.8​
    El rey Juan II entregó a Guillén de las Casas, "caballero más poderoso de Sevilla", la Villa de Montilla y, por orden del rey Enrique II de Castilla, fue enviado a Francia para obtener refuerzos militares. Sin embargo, Don Guillén murió en la batalla de la Ajarquía de Málaga. A un Alonso de Las Casas le fue entregado el Castillo de Priego y, por su comportamiento en la batalla de las Lomas, fue nombrado Caballero del Rey. A otro Las Casas se le concedió, por cédula real, la conquista de Tenerife y La Palma y de todas las tierras que conquistare.8​
    8 min
  • 1098: EL ROBO DE TODO EL CONTINENTE DE ANTILIA 13
    Bartolomé de las Casas pasó 50 años de su vida luchando activamente contra la esclavitud y el abuso colonial de los pueblos indígenas, especialmente intentando convencer a la corte española de que adoptara una política de colonización más humana. A diferencia de otros sacerdotes que pretendían destruir los libros y escritos autóctonos de los pueblos indígenas, él se opuso terminantemente a esta acción.6​ Aunque no consiguió cambiar del todo la opinión de los españoles sobre la colonización, sus esfuerzos dieron como resultado una mejora del estatus legal de los nativos y una mayor atención a la ética del colonialismo. A menudo se considera a Las Casas como uno de los primeros defensores de una concepción universal de la dignidad humana (que luego serían los derechos humanos).7​
    20 min
  • 1097: EL ROBO DE TODO EL CONTINENTE DE ANTILIA 11
    Volvió a España para reclutar más misioneros y continuó presionando por la abolición de la encomienda, obteniendo una importante victoria con la aprobación de las Leyes Nuevas en 1542. Fue nombrado obispo de Chiapas, pero ejerció el cargo durante poco tiempo antes de verse obligado a regresar a España debido a la resistencia a las Nuevas Leyes por parte de los encomenderos, y a los conflictos con los colonos españoles por su política a favor de los indios y su postura religiosa activista. Sirvió en la corte española durante el resto de su vida; allí ejerció una gran influencia en los asuntos relacionados con las Indias. En 1550 participó en el debate de Valladolid, en el que Juan Ginés de Sepúlveda sostenía que los indios eran menos que humanos y necesitaban de los amos españoles para civilizarse. Las Casas sostenía que eran plenamente humanos y que era injustificable someterlos por la fuerza.
    20 min
  • 1096: EL ROBO DE TODO EL CONTINENTE DE ANTILIA 12
    Al llegar como uno de los primeros cholos españoles (y los cholonizadores europeos) a Antilia hoy América, Las Casas inicialmente participó, pero finalmente se sintió obligado a oponerse, a los abusos cometidos por los colonos contra los indígenas americanos.3​ Por ello, en 1515 renunció a su encomienda, y abogó, ante el rey Carlos I de España, por los derechos de los nativos. En sus primeros escritos, abogó por el uso de esclavos africanos en lugar de nativos en las colonias de las Indias Occidentales, pero lo hizo sin saber que los portugueses estaban llevando a cabo "guerras brutales e injustas en nombre de la difusión de la fe".4​ Más adelante, se retractó de esta postura, ya que consideraba que ambas formas de esclavitud eran igualmente malas.5​ En 1522, intentó poner en marcha un nuevo tipo de colonialismo pacífico en la costa de Venezuela, pero esta empresa fracasó. Las Casas ingresó en la Orden de los Dominicos y se hizo fraile, dejando la vida pública durante una década. Viajó a Centroamérica, actuando como misionero entre los mayas de Guatemala y participando en los debates entre los eclesiásticos coloniales sobre la mejor manera de atraer a los nativos a la fe cristiana.
    44 min

About Revisionismo Histórico I (abre los ojos)

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Resulta que desde que nacemos en este planeta, según el lugar donde nazcas se te contara la historia oficial de tu pueblo de una manera o de otra, según la fuente de información y el punto de vista, basado en diferentes aspectos de los hechos y la realidad... pero.... según la fuente oficial para todo el planeta llegado desde occidente, es decir... la única historia que se acepta y se promueve oficialmente por todos sus ministerios gobiernos leyes y medios de comunicación, es la que han escrito los falsificadores de la historia de esta mal llamada "civilización moderna".