A comienzos de 1940, Auschwitz no era todavía más que una ciudad de la Alta Silesia alemana, habitada por 13.000 habitantes.
En mayo de 1940, en las afueras de Auschwitz comenzó a edificarse, sobre el emplazamiento de un cuartel de artillería del ejército polaco, un "campo de transito" para 10.000 detenidos polacos.
En los años siguientes, con el agravamiento de la guerra, Auschwitz se convirtió en el centro de un conjunto de cerca de cuarenta campos y subcampos y la capital de un enorme complejo agrícola e industrial (minas, petroquímica, fábricas de armamento...) donde trabajaban numerosos detenidos, polacos y judíos en particular, junto a trabajadores civiles.
Auschwitz fue, a la vez o sucesivamente, un campo de prisioneros de guerra, un vasto campo de transito, un campo hospital, un campo de concentración y un campo de trabajos forzados y de trabajo libre. No fue nunca un "campo de exterminio" (expresión inventada por los Aliados).
A pesar de las drásticas medidas de higiene y de la multiplicidad de los edificios y de los barracones hospitalarios, a veces provistos de los últimos perfeccionamientos de la ciencia médica alemana, el tifus, que era endémico en la población judía polaca y entre los prisioneros de guerra rusos, causo, con la fiebre tifoidea y otras epidemias, estragos en los campos y en la ciudad de Auschwitz en el seno de la población concentracionaria, incluso entre los médicos alemanes, y en la población civil. Es así como, durante toda la existencia del campo, estas epidemias, aliadas, para algunos, a terribles condiciones de trabajo en esta zona pantanosa, al hambre, al calor y al frio, causaron, del 20 de mayo de 1940 al 18 de enero de 1945, la muerte de probablemente 150.000 detenidos (1).
El rumor de Auschwitz.
Como es normal en tiempo de guerra y de propaganda de guerra, se desarrollaron múltiples rumores a partir de estos hechos dramáticos. Sobre todo hacia el final de la guerra y sobre todo en los medios judíos en el exterior de Polonia, se conto que los alemanes mataban en Auschwitz millones de detenidos de manera sistemática, en base a una orden recibida de Berlín.
Según estos rumores, los nazis habían instalado "fábricas de la muerte", especialmente para los judíos; disecaban a los detenidos vivos (vivisección) o bien los quemaban vivos (en fosas, en altos hornos o en crematorios); o también, antes de quemarlos, gaseaban a los judíos en mataderos químicos llamados "cámaras de gas". Se encuentran aquí ciertos mitos de la primera guerra mundial (2).
Auschwitz
El apuro de los liberadores soviéticos.
Los soviéticos ocuparon Auschwitz el 27 enero 1945. Lo que descubrieron era talmente contrario a lo que propalaba la propaganda que se puede decir que se quedaron boquiabiertos. Por su organización misma y por sus instalaciones sanitarias, tan modernas a los ojos de los soviéticos, este campo era todo lo contrario de un "campo de exterminio".
También durante varios días, Pravda permaneció silencioso y, en ese momento, ninguna comisión de investigación aliada fue invitada a venir para constatar sobre el terreno la verdad de Auschwitz.
Por fin, el 1 de febrero, Pravda salió de su silencio. No fue más que para poner en la boca de un prisionero, y de uno solo, las palabras siguientes:"Los hitlerianos mataban por medio de gas a los niños, a los enfermos, así como a los hombres y mujeres no aptos para el trabajo. Incineraban los cadáveres en hornos especiales. En el campo había doce de estos hornos".
Se añadía que el número de muertos se evaluaba en "millares y millares" y no en millones.
Al día siguiente, el gran reportero oficial del diario, el judío Boris Polevoi, afirmó que el medio esencial utilizado por los alemanes para exterminar a sus víctimas era... la electricidad. "Se utilizaba una cadena eléctrica donde centenares de personas eran matadas simultáneamente por una corriente eléctrica; los cadáveres caían sobre una cinta lentamente movida por una cadena y avanzaban así; hacia un alto horno".
La propaganda soviética estaba desconcertada y pudo mostrar solamente en sus películas las personas muertas o moribundas que los alemanes, en retirada, habían dejado sobre el terreno. Había también, como muestran los noticiarios de la época sobre la liberación del campo, numerosos niños vivos así como adultos con buena salud. La propaganda judía vino entonces en socorro de la propaganda soviética.
La propaganda a finales de 1944.
En la primavera de 1944, dos judíos evadidos de Auschwitz se habían refugiado en Eslovaquia. Allí, con ayuda de correligionarios, comenzaron a poner a punto una historia de los campos de Auschwitz, de Birkenau (campo anexo de Auschwitz) y de Majdanek, descritos por ellos como "campos de exterminio".
El más conocido de estos judíos era Walter Rosenberg, alias Rudolf Vrba, que vive todavía hoy en Canadá. Su relato, altamente fantasioso, pasó enseguida, siempre en medios judíos, a Hungría, a Suiza y, por fin, a los Estados Unidos. Tomó la forma de un informe mecanografiado publicado por el War Refugee Board en noviembre de 1944, con el sello de la presidencia de los Estados Unidos; el War Refugee Board debía su creación a Henry Morgenthau Junior (1891-1967), secretario del Tesoro, que iba a hacerse célebre por el "plan Morgenthau" que, si hubiese sido seguido por Roosevelt y Truman, habría conducido al aniquilamiento físico, después de la guerra, de millones de alemanes.
Este informe sirvió de matriz a la "verdad" oficial de Auschwitz. Los soviéticos se inspiraron en él para su documento URSS-008 de 6 mayo 1945 al que, en el proceso de Nuremberg, se otorgó, como a su informe sobre Katyn, el estatuto de documento "de valor autentico", que estaba prohibido discutir. Según este documento, los alemanes habían matado en Auschwitz a más de 4.000.000 de personas, especialmente gaseándolas con el insecticida llamado "Zyklon B". Esta "verdad" oficial iba a hundirse en 1990.
La confesión de Rudolf Höss.
El 15 abril 1946, uno de los tres comandantes sucesivos de Auschwitz, Rudolf Höss (no confundir con Rudolf Hess) "confesó" bajo juramento, ante sus jueces y ante los periodistas del mundo entero, que, en el tiempo de su mando, es decir del 20 mayo 1940 al 1 diciembre 1943, al menos 2,500 detenidos de Auschwitz habían sido ejecutados por el gas y que al menos otros 500 habían sucumbido de hambre y enfermedades, lo que hacía un total de al menos 3,000 muertos durante este solo periodo. Ni un momento R. Höss fue interrogado o contrainterrogado sobre la materialidad de los hechos extraordinarios de los que informaba.
Fue entregado a los polacos. Bajo la vigilancia de sus carceleros comunistas, redactó con lápiz una confesión en buena y debida forma. Tras lo que fue colgado en Auschwitz el 16 abril 1947. Curiosamente, hubo que esperar hasta 1958 para tener comunicación, parcial, de esta confesión conocida por el gran público con el título de Comandante de Auschwitz.
Imposibilidades fisicoquímicas.
La descripción, extremadamente vaga y rápida, de la operación de gaseamiento de los detenidos, tal como la relata R. Höss en su confesión escrita, era imposible por razones de física y química. No hay que confundir un gaseamiento de ejecución con un gaseamiento suicida o accidental: ¡en un gaseamiento de ejecución se quiere matar sin ser muerto!
El Zyklon B es un insecticida a base de ácido cianhídrico, utilizado desde 1922 y todavía hoy. Es de una gran peligrosidad. Se adhiere a las superficies. Es difícil de evacuar. Es explosivo. Los americanos utilizan el gas cianhídrico para la ejecución, en ciertos estados, de sus condenados a muerte. Una cámara de gas de ejecución es necesariamente muy sofisticada y el procedimiento es largo y peligroso. Ahora bien, R. Höss, en su confesión, decía que el equipo encargado de extraer los cadáveres de una cámara de gas penetraba en los lugares desde la puesta en marcha de un ventilador y procedía a esta tarea hercúlea, comiendo y fumando, es decir, si se ha entendido bien, sin incluso una máscara antigás.
Imposible. Nadie habría podido penetrar así en un océano de acido cianhídrico para manipular allí millares de cadáveres intoxicados con cianuro, ellos mismos convertidos en intocables al estar impregnados de un violento veneno que mata por contacto. Incluso con máscaras antigás con filtro especial para el ácido cianhídrico, la tarea habría sido imposible pues estos filtros no podían resistir en caso de respiración profunda debida a un esfuerzo físico, incluso de débil intensidad.
Una respuesta de 34 historiadores.
En Le Monde de 29 diciembre 1978 y de 16 enero 1979, yo exponía brevemente las razones por las cuales, conociendo los lugares y el pretendido procedimiento seguido, estimaba que los gaseamientos de Auschwitz eran técnicamente imposibles.
El 21 febrero 1979, siempre en Le Monde, apareció una declaración de 34 historiadores que concluía así:
"No hace falta preguntarse cómo, técnicamente, tal crimen en masa ha sido posible. Ha sido posible técnicamente porque ha tenido lugar".
En mi opinión, los "exterminacionistas", como yo los llamo, firmaban una capitulación incondicional.
En el plano de la ciencia y de la historia, el mito de las cámaras de gas acababa de recibir un golpe fatal. Desde esta fecha, ninguna obra exterminacionista ha venido a aportar aclaraciones sobre este punto, y sobre todo no la de Jean-Claude Pressac, falazmente titulada Auschwitz: Technique and Operation of the Gas Chambers (3). Para comenzar, ha acabado el tiempo en que los historiadores osaban decirnos que era autentica tal cámara de gas presentada a los turistas como "en estado original", "en reconstitución" o "en estado de ruina" (las ruinas pueden ser parlantes). Las pretendidas cámaras de gas de Auschwitz no eran más que cámaras frías para la conservación de cadáveres en espera de su cremación, tal como lo atestiguan los planos que descubrí en 1976.
Muéstrenme o dibújenme...
En marzo de 1992, yo lanzaba en Estocolmo un desafío de alcance internacional: "¡Muéstrenme o dibújenme una cámara de gas nazi!" Precisaba que no estaba interesado por un edificio que supuestamente contenía una tal cámara de gas, ni por una pared, ni por una puerta, ni por cabellos, ni por calzado. Yo quería una representación completa del arma del crimen, de su técnica, de su funcionamiento. Añadía que, si se pretendía ahora que los alemanes habían destruido esta arma, era preciso que se me dibujara esta arma. Yo rehusaba creer en una "realidad material" desprovista de representación material.
El Holocaust Memorial Museum
El 30 agosto 1994 visité el Holocaust Memorial Museum de Washington. No encontré allí ninguna representación física de la mágica cámara de gas. Ante cuatro testigos, en su oficina, pedí entonces a Michael Berenbaum, Research Director del museo, que me explicara esta anomalía. Después de un arrebato violento, acabo por responderme que ¡"se había tomado la decisión de no dar ninguna representación física de la cámara de gas nazi"!
No trató incluso de invocar la existencia en su museo de una maqueta artística del crematorio II de Birkenau. Sabía que esta maqueta, que por otra parte no reproducía en su libro-guía del museo (4), no era más que una creación artística sin relación con la realidad.
El hundimiento exterminacionista
Al Sr. Berenbaum tuve la ocasión de recordarle algunos acontecimientos desastrosos para la causa exterminacionista.
En 1968, en su tesis, la historiadora judía Olga Wormser-Migot había reconocido que existía un "problema de las cámaras de gas" y había escrito que Auschwitz I estaba "sin cámara de gas" (¡esta "cámara de gas" visitada por millones de turistas!)(5).
En 1983, un británico, por otra parte defensor de la leyenda del exterminio, revelaba como Rudolf Höss, antes de testificar ante el Tribunal de Nuremberg, había sido torturado por miembros, judíos, de la Seguridad militar británica, y después había confesado a fuerza de patadas, de puñetazos, de latigazos, de exposición al frío y de privación de sueño (6).
En 1985, en el primer proceso de Ernst Zundel en Toronto, el testigo n· 1, Rudolf Vrba, y el historiador n· 1 de la tesis exterminacionista, Raul Hilberg, se hundieron ante el contrainterrogatorio llevado por el abogado Douglas Christie, al que yo asistí (7).
En 1988, el historiador judío americano Arno Mayer, que afirmaba creer en el genocidio y en las cámaras de gas, escribía: "Sources for the study of the gas chambers are at once rare and unreliable /.../. Besides, from 1942 to 1945, certainly at Auschwitz, but probably overall, more Jews were killed by so-called 'natural' causes than by 'unnatural' ones" (Las fuentes sobre el estudio de las cámaras de gas son raras y están sometidas a caución /.../. Dicho eso, de 1942 a 1945, ciertamente en Auschwitz, pero probablemente también en todas partes, las causas llamadas 'naturales' mataron más judíos que las causas 'no naturales'" /subalimentación, enfermedades, epidemias, agotamiento/) (8).
En 1992 Yehuda Bauer, profesor de la Universidad hebrea de Jerusalén, calificaba de "silly" (inepta) la tesis según la cual la decisión de exterminar a los judíos había sido tomada el 20 enero 1942 en Berlín-Wansee (9).
En 1993, J.C. Pressac evaluaba el número de muertos de Auschwitz (judíos y no judíos) en un total de 775 y, en 1994, en una cifra comprendida entre 630 y 710 (10).