Daniel no podía asistir a su colegio y aprender en tranquilidad y seguridad, no encontraba sostén en sus compañeros, no era capaz de tomarse el espacio que le correspondía, se sentía vulnerable, en peligro, y los síntomas físicos comenzaban a hacer su aparición, dolores de cabeza y de estómago, un mensaje del cuerpo para intentar ponerlo a salvo. Por otra parte, su existencia perdía color, no estaba disfrutando, se alejaba de las cosas buenas, permanecía estático, para él no había aprendizajes, recreo, partido de futbol ni risas, y perdía así la relación con la vida.