En lo que respecta a nuestra posición, Dios nos ve perfectos en Cristo Jesús. En cuanto a la práctica, al hacer, nos ve como ovejas, a veces estamos fuertes, otras débiles, unas veces somos obedientes, otras somos vacilantes, en ocasiones somos moldeables y en otras rígidos. Dios es capaz de guiarnos como lo que somos: ovejas de su prado.