Hay personas que son tercas u obstinadas, tienen todo lo que cualquiera pudiera desear, posición favorable, un esposo, hijos, salud, y aun así, negados a reconocer el señorío de Jesús sobre sus vidas. Estas personas tienen endurecido el corazón, son insensibles, tercos, y es posible que no cambie, están tan enceguecidos consigo mismos, que no pueden ver más allá.