A veces, el cristiano, sin el Espíritu Santo puede parecer que está cubierto, pero está vacío de poder, de la vida del Espíritu. Nos toca rendirnos a Él porque Él desea llenar nuestra vida. Fuimos diseñados para ser templos del Espíritu Santo pues desea habitar en nosotros, quiere llenarnos por completo, pero no entra a la puerta, pero sí con poder.