Este lugar es donde el Señor lloró, en Dominus Flevit, desde este monte, Jesús vio a la ciudad que amaba, la contempló, no vio la gloria de la ciudad sino su futuro, uno de desolación. Lucas 19:41-42 nos relata este pasaje. Su llanto no solo era por la destrucción física de la ciudad sino por la ceguera espiritual, por su rechazo al amor de Dios. Este llanto es uno de amor y esperanza.