Sacerdote, periodista, empresario y activista social. La polifacética vida de Luis de Lezama (1936-2025) es objeto de una exposición en la Plaza de Toros de Las Ventas de Madrid con motivo del 90 aniversario de su nacimiento. Bajo el título 'El cura de los maletillas', la muestra repasa la trayectoria de un hombre que fundó locales emblemáticos como la Taberna del Alabardero y que dedicó su vida a ayudar a jóvenes con dificultades. Juan Carlos Antón, comisario de la exposición y su secretario personal en sus últimos años, ha recordado su figura en el programa 'Fin de Semana' de la Cadena COPE, con Cristina López Schlichting.
Nacido en Amurrio (Álava) en 1936, Luis de Lezama se ordenó sacerdote y se licenció en periodismo, volcándose desde sus inicios en las causas sociales. Su apodo, que da nombre a la exposición, proviene de su etapa como cura de Chinchón en 1962. Allí creó lo que él mismo denominó una "segunda familia", según recordó en una entrevista en 2005. Su labor consistía en acoger a "muchachos que andaban por los caminos y carreteras, y querían ser toreros, abrirse un lugar social en la vida, y ese fue el enganche en el año 1962".
Años más tarde, destinado en el barrio de Vallecas, su casa volvió a llenarse de jóvenes que vivían en la calle. Fue entonces cuando, junto a un grupo de 16 de ellos, tuvo la idea de fundar la mítica Taberna del Alabardero en 1974, cerca del Teatro Real de Madrid. "Se nos ocurre poner una taberna en el año 74", explicó el propio Lezama. Aquel local fue el germen de un proyecto gastronómico que se convertiría en un gran grupo empresarial.
Quienes lo conocieron de cerca, como Juan Carlos Antón, lo definen como "un genio en el sentido más amplio, en todas las acepciones de la palabra". Antón, que fue su secretario personal durante los últimos cuatro años de su vida, recalca que "la grandeza de don Luis es que no era un santo como quizás en el imaginario de la iglesia católica lo podemos tener, sino que era una persona muy apasionada por las cosas del día a día, que tenía también mucho carácter". Esa arrolladora personalidad, unida a su fe en Dios y "también fe en los demás", fue el motor de todos sus proyectos.
Ese fuerte temperamento le llevaba a tener una "considerable mala leche", como apuntaba la periodista Cristina López Schlichting. Antón lo corrobora con humor: "se cuentan por 100 los platos que habrá roto". Exigía más a las personas que más quería, y él y Joaquín Martínez, consejero delegado de la empresa durante 30 años, bromeaban sobre quién "había sido despedido más veces". Sin embargo, esa exigencia iba acompañada de una "gran entrega de corazón", preocupándose por las "cosas pequeñas" y conociendo la vida y las inquietudes de cada uno de sus empleados, haciendo presente su creencia en el capital humano.
El proyecto que comenzó con 16 jóvenes en una taberna es hoy un grupo empresarial con 16 establecimientos que emplea a más de 600 personas. José Carlos Antón destaca especialmente la labor de la Escuela de Hostelería de Sevilla, que desde hace 12 años forma a 350 alumnos cada curso. "Lo bonito de esto es ver cómo muchachos que empezaron de nada, hoy están situados en el panorama de la hostelería española", subraya Antón.
Aunque las circunstancias sociales han cambiado y ya no existen las tasas de analfabetismo de entonces, Antón asegura que la obra de Lezama sigue siendo necesaria. "Sigue habiendo, han cambiado las necesidades, pero sigue habiendo, y esto yo creo que, por desgracia, pasará siempre, personas que requieren que alguien crea en ellas, que alguien les dé esa oportunidad, y a eso nos seguimos dedicando". La Fundación Lezama ahora se enfoca en problemas como la soledad no deseada, el acceso al primer empleo o la formación artística de alta cualificación.
Su faceta como periodista lo llevó a ser corresponsal en la Guerra de los Seis Días en Israel, un conflicto que vivió con "muchísima preocupación" en los últimos años de su vida. Nombrado Vasco Universal en 2017, Lezama defendía que había que "salir más allá de las paredes del frontón", combinando su trabajo en lo más próximo con una "gran visión universal".
Luis de Lezama falleció el 11 de enero de 2025 en Madrid, tras revolucionar también el barrio de Montecarmelo con la parroquia de Santa María la Blanca. Según Antón, a pesar de una larga enfermedad hepática, fue un "trabajador incansable" que estuvo activo "hasta el mismo día de reyes". Afrontó sus últimos meses con "una gran paz" y dejó como principal legado "su ejemplo" y la conciencia del trabajo para cambiar el mundo.
La exposición 'El cura de los maletillas' puede visitarse en la Plaza de Toros de Las Ventas hasta el 10 de mayo. Posteriormente, los días 22, 23 y 24 de mayo, se celebrarán las 'Jornadas Luis de Lezama' en Chinchón, con visitas guiadas y un concierto de zarzuela.