actos que se convierten en un verdadero signo de Dios para la Iglesia
y esta semana hemos sido testigos de uno de ellos en Madrid. En un
ambiente de fiesta, de fraternidad sincera y de profunda alegría
espiritual, más de 1.200 sacerdotes madrileños con encargo
pastoral, convocados por el cardenal José Cobo, se han reunido en la
primera Asamblea Presbiteral CONVIVIUM,
un encuentro histórico que ha permitido al presbiterio reflexionar
sobre su ministerio y sobre el sacerdote que necesita hoy la ciudad
lo largo de estos días, cada presbítero con el que he hablado me
repetía lo mismo: “hacía
falta algo así”.
Lo expresaban con esa mezcla de serenidad y entusiasmo que nace
cuando uno se siente confirmado en la fe y acompañado por sus
hermanos. Y todos coincidían en una misma esperanza: que este
encuentro fuera verdaderamente fecundo, que el Espíritu Santo
suscite una renovación interior capaz de impulsar un mayor
acercamiento a la realidad pastoral.
aquí, como laico, quiero detenerme. Porque te aseguro que me
emocionó ver a tantos sacerdotes reunidos en un ejercicio precioso
de comunión; como decía uno de ellos un gran coro: voces distintas,
timbres diferentes, pero una misma partitura, entregados decía a
muerte para evangelizar… mostrando la fuerza de un presbiterio
fue hermoso verles hablar de la necesidad de estar acompañados, de
sanación, porque también ellos necesitan sentirse sostenidos. A
veces olvidamos que son hombres frágiles, con cansancios y heridas,
y que la comunidad debemos cuidarles.
Se
recordaba en estos días las palabras de los cardenales Kasper y
Ratzinger cuando hablaban del sacerdote como “servidor
de la alegría que brota de la amistad con Cristo”.
de lo vivido estos días doy fe de un presbiterio que camina unido,
renovado y esperanzado. Y eso, no es es solo un regalo para la
Iglesia de Madrid sino para la Iglesia Universal.