Este domingo, coincidiendo con la solemnidad de la Santísima Trinidad, la Iglesia celebra la Jornada Pro Orantibus para acercar a los fieles la realidad de la vida contemplativa. Bajo el lema «Vida contemplativa: ¿por quién eres?», la jornada pone en valor la entrega de las religiosas de clausura. En el programa 'El Espejo de la Iglesia' de la cadena COPE, Ana Belén Caballero, ha destacado esta celebración con el testimonio de sor María Verónica García Salmerón, clarisa franciscana en el monasterio del Santo Cristo del Pasmo en Montijo (Badajoz).
Originaria de México, sor María Verónica sintió su primera llamada a través de las Sagradas Escrituras. Antes de ingresar en la clausura, fue misionera durante 11 años con los Misioneros Apóstoles de la Palabra, una experiencia que recuerda con "una alegría inmensa". Sin embargo, un anhelo más profundo comenzó a gestarse en su interior.
Fue en el año 2000 cuando empezó a sentir "un llamado más profundo a la oración". Aunque en ese momento no sabía definir bien lo que era la vida contemplativa, comenzó a dedicar sus ratos libres a la oración. "Aprovechaba lo máximo con ir a las visitas al Santísimo, levantarme en la noche, a veces me dormía un rato y luego me despertaba y me levantaba a hacer un poquito de oración", ha explicado.
Su familia, acostumbrada a su vida activa como misionera, recibió la noticia con sorpresa. Su padre llegó a decirle: "Es que para qué te vas tan lejos, aquí le puedes servir al Señor, también aquí está Dios". Pero ella sentía que el Señor la llamaba a otro lugar y, con el tiempo, su familia comprendió y apoyó su decisión.
Su camino hacia la clausura la llevó primero a ingresar con las clarisas capuchinas en México, donde permaneció cinco años. La llamada a España surgió cuando el monasterio de Montijo, con una comunidad de hermanas mayores, pidió "refuerzos". Sor María Verónica sintió entonces una voz interior inequívoca: "Siento una llamada dentro, profundamente, en el corazón. [...] Fue una voz interior que algo me decía, 'eres tú, eres tú la que tiene que ir'".
La confirmación de que ese era su camino llegó de una forma sorprendente. Sin tener documentación para viajar, se puso en manos de Dios. "Me sorprendió mucho, porque en 8 días ya tenía todo listo", ha relatado la religiosa, que llegó a Montijo en el año 2013, donde reside desde entonces.
Frente a un mundo marcado por "las prisas, la dispersión interior y la necesidad de resultados inmediatos", la vida en el convento es un remanso de paz. Desde su atalaya de silencio, las once hermanas del monasterio miran la realidad exterior a través de la oración. "Hay personas que vienen y nos dicen, 'ustedes no conocen el mundo'. Pero nosotros nos imaginamos, ¿por qué? Porque estuvimos una vez afuera, y al entrar aquí, solamente nos acordamos del mundo para orar por él", ha afirmado sor María Verónica.
La principal fortaleza que las sostiene es la vida sacramental. "La Jesús eucaristía es nuestra fortaleza", ha subrayado la clarisa. Junto a ella, la confesión mensual, los retiros y los ejercicios espirituales anuales son pilares fundamentales en su entrega. A pesar de ser humanas y cometer "pecado de pensamiento, de palabra, con los sentidos", encuentran en el sagrario su refugio.
El día a día en el monasterio, lejos de ser monótono, está lleno de actividad. "Prácticamente, no hay tiempo para aburrirse", asegura. La jornada, ofrecida a Dios desde el amanecer, transcurre entre los momentos de oración, el trabajo en la elaboración de dulces para el mantenimiento de la comunidad y los tiempos de recreación. Además, sienten el cariño de los vecinos de Montijo, que "nunca nos dejan solas".
A las jóvenes que sienten inquietud vocacional pero tienen miedo, sor María Verónica les lanza una invitación a la confianza: "Si una joven está sintiendo esa llamada en su interior, yo le invitaría a que responda, porque muchas veces ya cuando quieren responder es demasiado tarde". Y concluye con una certeza: "Si le damos al señor nuestro corazón, no vamos a perder nada, nada, al contrario, lo vamos a ganar todo".
La Jornada Pro Orantibus es, como recuerdan los obispos de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada, una "ocasión privilegiada para hacer visible, agradecer y sostener la vida contemplativa". En la Archidiócesis de Mérida-Badajoz, existen actualmente trece comunidades de vida contemplativa —una de Agustinas, tres de Carmelitas, siete de Clarisas y dos de Concepcionistas—, que suman un total de unas ciento cincuenta religiosas que, como sor María Verónica, sostienen al mundo con su oración silenciosa.