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Hoy, Domingo XVIII del Tiempo Ordinario, vivimos el Milagro de la Multiplicación de los panes y los peces. Jesús se aparta con sus discípulos a un lugar tranquilo para descansar y poder comer con serenidad. No lo consiguen porque desembarca una gran multitud y Él les ve como ovejas que no tienen pastor. Entonces cura a los enfermos y les enseña con calma.
Pero se hace tarde y los discípulos le apremian a que despida a la gente porque el día avanza y tienen que comer. Lo curioso es que el Maestro les invita a saciarlos ellos mismo el hambre. Aunque no entienden, al final Cristo toma los cinco panes de cebada y dos peces que tiene un chico y los multiplica dándolos a la multitud para que coman hasta saciarse.
Y para guiarnos hasta Jesús y que nos sacie, nos acercamos en este día a una Advocación Mariana muy especial: Nuestra Señora La Virgen de los Ángeles, honrada en Getafe. Cuando Alfonso VI conquista Madrid, los cristianos honraban a la Virgen en el Cerro de los Ángeles.
Este punto geográficamente es el centro de la Península. Siglos más tarde, concretamente entre el XIV y el XV unos pastores vieron la Virgen con el Niño y flanqueada por dos ángeles. Durante varias veces la llevaron fuera pero al Imagen volvía al Cerro.
Entonces el sacerdote entendió que Santa María quería quedarse en su lugar de origen y así levantan la Iglesia. Por eso Nuestra Señora de los Ángeles es Patrona de Getafe. Muchos son los favores recibido por La Virgen Nuestra Madre con este Título.
En aquellos días, los sacerdotes y los profetas dijeron a los magistrados y a la gente:
«Este hombre es reo de muerte, pues ha profetizado contra esta ciudad, como lo habéis podido oír vosotros mismos».
Jeremías respondió a los magistrados y a todos los presentes:
«El Señor me ha enviado a profetizar contra este templo y esta ciudad todo lo que acabáis de oír.
Ahora bien, si enmendáis vuestra conducta y vuestras acciones y escucháis la voz del Señor vuestro Dios, el Señor se arrepentirá de la amenaza que ha pronunciado contra vosotros.
Yo, por mi parte, estoy en vuestras manos: haced de mí lo que mejor os parezca.
Pero sabedlo bien: si me matáis, os haréis responsables de sangre inocente, que caerá sobre vosotros, sobre esta ciudad y sobre sus habitantes. Porque es cierto que el Señor me ha enviado para que os comunique personalmente estas palabras».
Los magistrados del pueblo dijeron a los sacerdotes y a los profetas:
«Este hombre no es reo de muerte, pues nos ha hablado en nombre del Señor nuestro Dios».
Entonces Ajicán, hijo de Safán, se hizo cargo de Jeremías para que no lo entregaran al pueblo y le dieran muerte.
Arráncame del cieno, que no me hunda;
líbrame de los que me aborrecen,
y de las aguas sin fondo.
Que no me arrastre la corriente,
que no me trague el torbellino,
que no se cierre la poza sobre mi. R/.
Yo soy un pobre malherido;
Dios mío, tu salvación me levante.
Alabaré el nombre de Dios con cantos,
proclamaré su grandeza con acción de gracias. R/.
Miradlo, los humildes, y alegraos;
buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.
Que el Señor escucha a sus pobres,
no desprecia a sus cautivos. R/.
En aquel tiempo, oyó el tetrarca Herodes lo que se contaba de Jesús y dijo a sus cortesanos:
«Ese es Juan el Bautista, que ha resucitado de entre los muertos, y por eso las fuerzas milagrosas actúan en él».
Es que Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel encadenado, por motivo de Herodías, mujer de su hermano Filipo; porque Juan le decía que no le era lícito vivir con ella. Quería mandarlo matar, pero tuvo miedo de la gente, que lo tenía por profeta.
El día del cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó delante de todos y le gustó tanto a Herodes, que juró darle lo que pidiera.
Ella, instigada por su madre, le dijo:
«Dame ahora mismo en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista».
El rey lo sintió, pero, por el juramento y los invitados, ordenó que se la dieran, y mandó decapitar a Juan en la cárcel.
Trajeron la cabeza en una bandeja, se la entregaron a la joven y ella se la llevó a su madre.
Sus discípulos recogieron el cadáver, lo enterraron, y fueron a contárselo a Jesús.
La inteligencia en el Santo de este día ha sido un Don del Cielo para la misión que le tenía encomendada. Hoy celebramos a San Alfonso María de Ligorio. Nacido en Nápoles en el año 1696, fue el primogénito de siete hermanos. Desde muy pequeño se le notó una predisposición a la reflexión y el estudio.
Doctorado en Derecho en plena adolescencia -lo cual supuso dispensa-, ejerció de abogado, y siempre tuvo un buen Director Espiritual. El amor al Señor y su Madre nunca le abandonaron. Durante su visita a un hospital, siente la llamada del Cielo a la consagración especial a Cristo y a la Virgen, su Madre.
Ordenado sacerdote, su sencillez toca el corazón de muchos incluido el de su propio padre. Poco después se le juntan varios sacerdotes. Así surge la Congregación del Divino Redentor, también conocidos como los Redentoristas.
Nombrado Obispo de Santa Águeda de los Godos, se puso en Manos de Dios para desempeñar el Ministerio Episcopal, porque no se veía digno de esta misión pero lo asumió en un gesto de obediencia. Como pastor predica las misiones entre sus diocesanos.
Esta iniciativa suponía explicar de forma didáctica las Verdades de Fe que se aprenden en el catecismo para fortalecer el amor a Dios. San Alfonso María de Ligorio muere en el año 1787. Entre sus legados destacan los Tratados de Teología Moral, algunos Villancicos en honor del Niño Dios que se cantan en nuestro días y el Libro Popular “Las Glorias de María”.
Al comienzo del reinado de Joaquim, hijo de Josías, rey de Judá, recibió Jeremías esta palabra de parte del Señor:
«Esto dice el Señor:
“Ponte en el atrio del templo y, cuando los ciudadanos de Judá entren en él para adorar, les repites a todos las palabras que yo te mande decirles; no dejes ni una sola.
A ver si escuchan y se convierte cada cual de su mala conducta, y así me arrepentiré yo del mal que tengo pensado hacerles a causa de sus malas acciones. Les dirás: ‘Esto dice el Señor: Si no me obedecéis y cumplís la ley que os promulgué, si no escucháis las palabras de mis siervos los profetas, que os he enviado sin cesar (a pesar de que no hacíais caso), trataré a este templo como al de Siló, y haré de esta ciudad fórmula de maldición para todos los pueblos de la tierra’”».
Los profetas, los sacerdotes y todos los presentes oyeron a Jeremías pronunciar estas palabras en el templo del Señor.
Cuando Jeremías acabó de transmitir cuanto el Señor le había ordenado decir a la gente, los sacerdotes, los profetas y todos los presentes lo agarraron y le dijeron:
«Eres reo de muerte. ¿Por qué profetizas en nombre del Señor que este templo acabará como el de Siló y que esta ciudad quedará en ruinas y deshabitada?».
Y el pueblo se arremolinó en torno a Jeremías en el templo del Señor.
Más que los pelos de mi cabeza
son los que me odian sin razón;
numerosos los que me atacan injustamente.
¿Es que voy a devolver lo que no he robado? R/.
Por ti he aguantado afrentas,
la vergüenza cubrió mi rostro.
Soy un extraño para mis hermanos,
un extranjero para los hijos de mi madre.
Porque me devora el celo de tu templo,
y las afrentas con que te afrentan caen sobre mi. R/.
Mi oración se dirige a ti,
Señor, el día de tu favor;
que me escuche tu gran bondad,
que tu fidelidad me ayude. R/.
En aquel tiempo, Jesús fue a su ciudad y se puso a enseñar en su sinagoga.
La gente decía admirada:
«¿De dónde saca este esa sabiduría y esos milagros? ¿No es el hijo del carpintero? ¿No es su madre María, y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? ¿No viven aquí todas sus hermanas? Entonces, ¿de dónde saca todo eso?».
Y se escandalizaban a causa de él.
Jesús les dijo:
«Solo en su tierra y en su casa desprecian a un profeta».
Y no hizo allí muchos milagros, por su falta de fe.
La adhesión especial al Vicario de Cristo y Sucesor de Pedro se muestra en el Santo del día. Hoy celebramos a San Ignacio de Loyola. Nacido en Azpeitia -Loyola-, (San Sebastián) en 1491, le cría una nodriza, ya que su madre muere cuando él es muy pequeño todavía. Su padre es muy religioso, pero no logra que su hijo lo sea también. Inquieto por la realidad caballeresca, encuentra su colmadas sus aspiraciones en leer libros de caballería y en el mundo militar. Su participación en la Batalla de Pamplona le hace dar un giro cuando es herido en la rodilla. Este hecho le deja fuera de juego un tiempo y le hace reflexionar sobre el interior del hombre. Su conversión es total. Camino de Jerusalén, se consagra a la Virgen de Montserrat. Posteriormente en las Cuevas de Manresa escribe sus experiencias de Fe, como un camino de Conversión a Dios que crea al hombre y una vez que comente el pecado le salva haciendo todas las cosas nuevas en Cristo. Son los Ejercicios Espirituales. A su vuelta, pasa por Alcalá y Salamanca, doctorándose en Filosofía en París. Al poco tiempo va con un grupo de compañeros a ponerse a disposición del Papa. Es el inicio de la Compañía de Jesús, los jesuitas. Además de los votos de pobreza, castidad y obediencia, añaden un cuarto voto que es la obediencia directa al Pontífice. Era una manera de poner de relieve la Figura del Papa, devaluada por la Reforma protestante. Entregado a la ayuda de los necesitados, y gran defensor de Trento, San Ignacio de Loyola muere en el año 1556.
Palabra que el Señor dirigió a Jeremías:
«Anda, baja al taller del alfarero, que allí te comunicaré mi palabra».
Bajé al taller del alfarero, que en aquel momento estaba trabajando en el torno. Cuando le salía mal una vasija de barro que estaba torneando (como suele ocurrir al alfarero que trabaja con barro), volvía a hacer otra vasija, tal como a él le parecía.
Entonces el Señor me dirigió la palabra en estos términos:
«¿No puedo yo trataros como este alfarero, casa de Israel?
—oráculo del Señor—.
Pues lo mismo que está el barro en manos del alfarero, así estáis vosotros en mi mano, casa de Israel».
Alaba, alma mía, al Señor:
alabaré al Señor mientras viva,
tañeré para mi Dios mientras exista. R/.
No confiéis en los príncipes,
seres de polvo que no pueden salvar;
exhalan el espíritu y vuelven al polvo,
ese día perecen sus planes. R/.
Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob,
el que espera en el Señor, su Dios,
que hizo el cielo y la tierra,
el mar y cuanto hay en él. R/.
En aquel tiempo, dijo Jesús al gentío:
«El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran.
Lo mismo sucederá al final de los tiempos: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno de fuego. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.
¿Habéis entendido todo esto?».
Ellos le responden:
«Sí».
Él les dijo:
«Pues bien, un escriba que se ha hecho discípulo del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando de su tesoro lo nuevo y lo antiguo».
Cuando Jesús acabó estas parábolas, partió de allí.
La sabiduría y la sencillez impregnan al Obispo de este día. Hoy celebramos a San Pedro Crisólogo. Nacido en Imola (Italia) el año 380, estudió Ciencias Sagradas, siendo ordenado diácono por el Obispo Cornelio que le había dado la formación teológica propia para su aspiración a la vida consagrada.
En este periodo se forjó en la contemplación como advirtiendo que el Cielo le tenía preparada una gran tarea ministerial y de apostolado. Una de las grandes lecciones las aprende reflexionando sobre la Sagrada Escritura, que le enseña a valorar las cosas de Dios teniendo en nada la riqueza.
A la muerte del Obispo de Rávena, él será consagrado Prelado de esa Diócesis, teniendo un recibimiento muy frío al principio. El paganismo y la relajación de la gente fueron los continuos problemas contra los que tuvo que luchar, consiguiendo notables frutos, dado su espíritu de oración por todos y su capacidad de acogida a todos.
Son 176 las homilías que se conservan de él, todas ellas muy breves porque quería ser siempre conciso explicando las cosas, sin dar muchos rodeos. Incluso su sobrenombre “Crisólogo” alude al significado de “Oro en crisol”. En los últimos tiempos de su vida regresa a Imola, su ciudad natal. San Pedro Crisólogo muere en el año 451. Sus reliquias son llevadas a la Iglesia de San Casiano donde reposan en la actualidad.
Los tres Santos de esta jornada acogieron a Dios en su humilde posada y en su corazón. Hoy celebramos a los Santos hermanos Lázaro, Marta y María. Los tres forman parte de esta familia de Betania, donde el Señor se alojaba. En varios Pasajes del Evangelio aparecen los tres. En uno de ellos María se sienta a los pies del Señor.
Mientras tanto, Marta se multiplica en el servicio, pero no da abasto, hasta que se para en seco le pide a Jesús que mande a su hermana que le eche una mano. El Maestro dice que María ha escogido la mejor parte y no le será quitada.
Pero uno de los momentos más conocidos es la resurrección del hermano. Cuando Lázaro enferma gravemente, las hermanas manda recado al Señor avisándole de que su amigo a quien ama, está gravemente enfermo. Jesús va a los cuatro días cuando ya ha muerto con la idea de arrancar un gesto de Fe a las hermanas.
Y lo consigue. Una vez en el sepulcro Jesucristo llora por su amigo. Y ante la vista de todos, el Señor le resucita. En el caso de María, uno de los Pasajes evangélicos nos sitúa cuando en vísperas de la Pasión, presintiendo que al Maestro le iba a pasar algo, le unge con un perfume de alabastro.
Según la tradición, Santa Marta huye a Provenza tras la lapidación de San Esteban. Lázaro y María, por su parte, van Marsella. El Papa Francisco en 2021 establece la fiesta de los tres el día 29 de julio cuando antes solamente era Santa Marta. Los Santos Lázaro, Marta y María son Patronos del gremio de hostelería.
Queridos hermanos, amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios.
Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor.
En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Hijo único, para que vivamos por medio de él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación por nuestros pecados.
Queridos, si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros. A Dios nadie lo ha visto nunca. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud.
En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros: en que nos ha dado de su Espíritu. Y nosotros hemos visto y damos testimonio de que el Padre envió a su Hijo para ser Salvador del mundo.
Quien confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios.
Y nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él.
Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios, y Dios en él.
Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloria en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren. R/.
Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su nombre.
Yo consulté al Señor, y me respondió,
me libró de todas mis ansias. R/.
Contempladlo, y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
El afligido invocó al Señor,
él lo escuchó y lo salvó de sus angustias. R/.
El ángel del Señor acampa en torno
a quienes lo temen y los protege.
Gustad y ved qué bueno es el Señor,
dichoso el que se acoge a él. R/.
Todos sus santos, temed al Señor,
porque nada les falta a los que lo temen;
los ricos empobrecen y pasan hambre,
los que buscan al Señor no carecen de nada. R/.
En aquel tiempo, muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María para darles el pésame por su hermano.
Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedó en casa. Y dijo Marta a Jesús:
«Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá».
Jesús le dijo:
«Tu hermano resucitará».
Marta respondió:
«Sé que resucitará en la resurrección en el último día».
Jesús le dijo:
«Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?».
Ella le contestó:
«Sí, Señor: yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo».
El martirio fue la expresión de entrega absoluta que tuvo el Santo de este día. Hoy celebramos a San Pedro Poveda. Nacido en Linares (Jaén) en 1874, en el seno de una familia, de muy joven se siente llamado al Sacerdocio.
De esta manera ingresa en el Seminario de Jaén para concluir sus estudios y formación en Guadix-Baza. Aquí fue ordenado sacerdote. Entonces difunde el Evangelio a través del ámbito educativo a las zonas marginales, en las cuevas que bordean la ciudad. La realidad le hace tomar un gran contacto con la miseria y la falta de formación de las personas.
Entre otras cosas funda las Escuelas del Sagrado Corazón y comedores. Su objetivo era que la cultura llegase a todos. Calumniado por la gente influyente y algunos sectores eclesiásticos, es destinado al incomparable marco de Nuestra Señora de Covadonga, en Asturias.
Allí se ejercitará en la oración, algo que compaginará con el análisis de la realidad que afecta a su tiempo. En 1911 funda la Institución Teresiana, como fruto de su reflexión en bien de llevar el Evangelio de Cristo a todos los hombres.
Por entonces se recrudece la persecución religiosa en España. Pero él sigue con su ministerio sacerdotal y apostolado, hasta que es interceptado y arrestado. San Pedro Poveda muere mártir en el año 1936. Es canonizado por el Papa San juan Pablo II en su última visita a Madrid el día 4 de mayo del año 2003.
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