En Nina Simone encuentro todo lo que fui a buscar al flamenco.
Aquí devuelvo algo de lo que recibí. A lo largo de la playlist, las canciones de Nina Simone obtienen respuestas por parte de algunas cantantes flamencas que se explayan por tangos y rumbas; ya saben que son palos flamencos especialmente vinculados a los ritmos africanos. También aparece Johan Sebastian Bach, el más grande improvisador de la llamada música clásica y finalmente aparece Carmen Amaya en un encuentro confirmado por el dueño del club de jazz Village Gate de Nueva York.
El sello Verve ha lanzado el disco Feeling Good: Her Greatest Hits & Remixes, que completa el retrato que tenemos de Nina Simone a través de documentales y películas y que hemos visto en los últimos años. Algunas de las remezclas no están mal.
Estuve a punto de ir a ver el concierto que ofreció Nina Simone en Pamplona a principios de los años 80. Consulté con los sabios de la tribu del jazz y me dijeron que no merecía la pena el esfuerzo. Años más tarde el añorado periodista danés Ebbe Traberg me contaba una experiencia parecida: tuvo la oportunidad de ver a Billie Holiday en su última gira europea. Le contaron que estaba mal de voz, que se drogaba, esas cosas. A mí me contaron que Nina Simone salía al escenario con varias copas de más. No lo sé. Yo me arrepentí de no haber hecho el esfuerzo y Ebbe Traberg también. De aquello aprendí que tenía que tomar mis propias decisiones y hacer caso de mi intuición. Es verdad que los discos que tenía de Nina Simone sobrepasaban el concepto del jazz del fabuloso trío de cantantes a las que sí que fuimos a ver en la época: Ella Fitzgerald, Sarah Vaughan y Carmen McRae. Las tres espléndidas en su madurez... pero ninguna contaba lo que contaba Nina Simone, con esa rabia, esas letras y esa cierta sensación de derrota que luego ha cautivado a varias generaciones.
Es verdad, en Nina Simone está todo eso que fui a buscar al flamenco. A ratos pienso que con ella me puedo ahorrar todo lo demás, que no pueden convivir juntas. Por eso he querido reconstruir la sensación del encuentro en el Village Gate neoyorquino entre Nina Simone y Carmen Amaya, ambas con esa mirada que desafía a todas las películas del este y del oeste.