Guitarristas y tocaores son seres especiales, concentrados en su instrumento, bregando para tocar la nota exacta y por ser originales al tiempo. Seres solitarios que, también, necesitan a los demás para crecer (aunque sea por las orejas).
Alfred Hitchcock usaba un elemento que, aparentemente, distraía en la narración de sus películas, lo llamaba “Mcguffin” y aquí aparece como antónimo. Un cantante que parece que ha perdido la voz para encontrarse a sí mismo. Quizás no pinta nada aquí rodeado de tocaores ensimismados, quizás.
Entre Barragán y Rafael Riqueni caben muchos guitarristas: Joselito Acedo, Josemi Carmona, Rycardo Moreno (con Cenk Erdogan, adivinen quién es quien) Juan Carmona, Melón Jiménez, Yago Santos y Diego Pozo. Cada uno luchando por ser original persiguiendo la nota que conviene, la que interesa para llegar al tipo con orejas que tienen delante.
Todos han sentido algo al pasar por Triana: su casa, su abuela, su patria y su exilio. Se buscan los sonidos que sean universales y se encuentran en ese rincón que tú y yo sabemos.
A ratos se cuela un bajista de Pamplona y otro de Villanueva de los Castillejos (Huelva). Javier Colina y Juanfe Pérez son bichos vivientes y sonantes que han llegado aquí para hacer felices a los flamencos. Ya saben la definición de Manuel Molina: “Un flamenco es un pájaro con las patas mu largas”.
Quizás todo sea un error y lo que conviene sea escuchar al mundo de cada cual por separado y luego tomarse una tila o una manzanilla para llorar a gusto. Pero si hacen eso, esto no tendría sentido.