Cuando Madlib, uno de los productores más respetados e
intuitivos del hip-hop, decidió en 2003 sumergirse en el catálogo de Blue Note
para componer el álbum Shades Of Blue: Madlib Invades Blue Note, estaba
proponiendo combatir un axioma no del todo demostrado: que los breaks de James
Brown, el soulman del grito sincopado, son los más usados por los mezcladores
para componer nuevos patrones. Para Madlib, había al menos otra mina de diamantes
de tanto valor, los discos de Donald Byrd, Bobby Hutcherson, Horace Silver,
John Coltrane, Art Blakey, Lou Donaldson, Herbie Hancock y otros músicos del
sello de jazz más rítmico de la historia.
Esta playlist, que abre y cierra, por pura admiración y
respeto, el agraciado Madlib, demuestra al menos dos claves. Una, que Blue Note
alimentó al hip-hop de las primeras hornadas al colarse los surcos inflamados
de hardbop en los collages sonoros de Dr Dre, 2Pac, Ice Cube, Beastie Boys, De
La Soul, Ice-T, Busta Rhymes, Public
Enemy, Common, Nas y decenas de raperos sedientos de fuego. Dos, que el torno
se ha volteado y es ahora el hip-hop quien devuelve a Blue Note la ampliación
de horizontes.
El
guitarrista Grant Green, un gran trazador de ambientes muy dados para ejercer
con propiedad el ritmo lírico, grabó Down Here on the Ground en 1970. En 2012,
el mejor MC del presente, Kendrick Lamar, usó la canción como uno de los tracks
de Sing About Me, I’m Dying Of Thirst.
También A Tribe Called Quest echó mano con décadas de plazo
a uno de los más sicodélicos surcos de Blue Note, el slow Mystic Brew, de
Ronnie Foster (1972), que recuperaron en 1993 para la zigzagueante pieza Electric Relaxation.
La pujanza de la música construida mediante el chopeo y la
mezcla ha sido recibida por Blue Note como una bendición. La discográfica ha
dado cobijo a experimentos avanzados como los dos volúmenes de Black Radio,
coordinados por el imparable Robert Glasper, colaborador a su vez de Lamar e
impulsor de proyectos tan éticos como I Stand Alone, que busca recuperar el
orgullo de las expresiones individuales y que la sociedad se sacuda de tanta
falsa esperanza dominada por el supuesto valor de lo colectivo.