Según cuenta una vieja leyenda del Camino de Santiago, recogida por Juan Ramón Corpas en su libro Curiosidades de Navarra. Aquí se apareció el diablo con la forma de un apuesto joven, a un sediento caminante que subía el puerto en pleno verano. El diablo le ofreció la posibilidad de refrescarse y de beber si renegaba de Dios, pero el peregrino rechazó la oferta.