Bruselas acordó cortar por completo el ingreso de gas ruso en 2027, mientras que Moscú advierte que el veto empujará a la Unión Europea hacia fuentes más caras y profundizará el desgaste económico del bloque.
“Es un suicidio colectivo del estamento político de Bruselas, que ha entrado en un callejón sin salida, está inmersa en una trampa suicida, que significa una enorme dependencia energética, una menor competitividad en muchos sectores y un enorme coste para el hogar europeo”, explicó Lupicinio Rodriguez, abogado español experto en Comercio y Arbitraje Internacional, en diálogo con Séptimo Piso.