La última noche europea de La Fonteta fue triste. Triste por lo que había pasado antes del partido contra Hapoel y triste por el desenlace de un encuentro en el que a Valencia Basket le pesaron los dos defectos que le han perseguido toda la temporada: 1. en partidos de tensión no desarrolla su juego. 2. Le falta físico, mucho, para frenar a según que rivales. Me llamó la atención el nivel de entrega de los aficionados en todo momento, incluso con el equipo nueve bajo en el último cuarto, viniendo del tremendo disgusto del que vienen miles de aficionados con el precio de los abonos del Roig Arena. La familia taronja fue, como tantas otras veces, una afición entregada a su equipo. No sé qué pasará la temporada que viene cuando vengan mal dadas y el equipo necesite ayuda. No sé si esos 10.000 clientes que se buscan, un porcentaje de ellos turistas, extranjeros, curiosos o gente ajena a esa familia taronja, llevarán en volandas al equipo como ayer. Tengo mis dudas.