Sinfonía de Fuego

Sinfonía de Fuego

By Matt WarriorArts
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Sinfonía de Fuego episodes

  • Ética de la Amistad
    La amistad es uno de los pilares fundamentales de la experiencia humana. Desde tiempos inmemoriales, filósofos y pensadores han debatido sobre su naturaleza y su importancia en nuestras vidas. Aristóteles, en su obra “Ética a Nicómaco”, distingue tres tipos de amistad: la amistad por utilidad, la amistad por placer y la amistad por virtud. De estos, la amistad por virtud es la más elevada, ya que se basa en el aprecio mutuo por el carácter del otro y no en beneficios externos.
    La amistad tiene un valor intrínseco que trasciende las meras relaciones transaccionales. Es en la amistad donde encontramos un refugio emocional, un espacio de confianza y apoyo incondicional. La amistad verdadera nos permite ser nosotros mismos sin máscaras, y nos ofrece una comprensión y aceptación que rara vez se encuentra en otros tipos de relaciones.
    La amistad por utilidad se basa en el beneficio mutuo que los amigos obtienen el uno del otro. Es una relación pragmática y, a menudo, temporal, ya que dura mientras ambas partes encuentren útil la relación. Aunque puede parecer superficial, estas amistades son importantes en la vida cotidiana, ya que facilitan la cooperación y el intercambio de recursos.
    En la amistad por placer, las personas se unen por el disfrute y el placer que obtienen de la compañía del otro. Es común en la juventud, cuando las personas buscan diversión y experiencias compartidas. Aunque estas amistades pueden ser intensas y apasionadas, también tienden a ser efímeras, ya que están basadas en emociones cambiantes y deseos temporales.
    La amistad por virtud es la más noble y duradera de todas. Se basa en el respeto mutuo y la admiración por el carácter y las virtudes del otro. En este tipo de amistad, los amigos desean el bien del otro por su propio bien, no por algún beneficio personal. Estas amistades son raras y requieren tiempo y esfuerzo para desarrollarse, pero son las más gratificantes y estables.
    La clasificación de Aristóteles nos invita a reflexionar sobre la naturaleza de nuestras propias amistades y a valorar aquellas que se basan en la virtud. Mientras que las amistades por utilidad y placer tienen su lugar en nuestras vidas, es la amistad por virtud la que realmente enriquece nuestra existencia y nos ayuda a crecer como individuos. En última instancia, la verdadera amistad es un reflejo de nuestras mejores cualidades y un testimonio de nuestra capacidad para amar y ser amados de manera desinteresada.
    La sinceridad es un componente esencial en cualquier tipo de amistad, ya que establece una base de confianza y autenticidad. En las amistades por utilidad, la falta de sinceridad puede llevar a malentendidos y desconfianza, erosionando rápidamente la relación. Aunque estas amistades son pragmáticas, la transparencia en las expectativas y beneficios mutuos es crucial para mantener una cooperación efectiva y evitar conflictos.
    En las amistades por placer, la sinceridad permite una conexión más profunda y genuina. Sin ella, las relaciones pueden volverse superficiales y frágiles, basadas únicamente en la búsqueda de diversión y evitando conversaciones significativas. La sinceridad en estas amistades facilita una comprensión mutua y una apreciación más auténtica de la compañía del otro, enriqueciendo la experiencia compartida.
    La amistad por virtud, siendo la más elevada según Aristóteles, depende en gran medida de la sinceridad. En este tipo de amistad, los amigos se valoran por sus cualidades morales y carácter, y la falta de sinceridad sería una traición a estos principios fundamentales. La sinceridad en estas relaciones fomenta un ambiente de confianza y respeto mutuo, permitiendo que ambos amigos se apoyen y se desafíen a crecer como individuos.
    La importancia de la sinceridad no solo radica en la salud de la amistad, sino también en la paz interior de cada individuo. Ser sincero con los amigos y con uno mismo evita la carga emocional de mantener apariencias o esconder la verdad. La sinceridad libera a las personas de la ansiedad y el estrés asociados con la falsedad, promoviendo un estado de bienestar y autenticidad.
    La sinceridad es vital para la estabilidad y profundidad de cualquier tipo de amistad. Facilita la confianza, el respeto y la comprensión mutua, elementos esenciales para una relación saludable y duradera. Además, ser sincero contribuye al bienestar emocional de cada individuo, permitiendo una vida más auténtica y en paz consigo mismo.
    En el ámbito de la amistad, el amor desempeña un papel fundamental que trasciende las meras interacciones sociales y utilitarias. El amor, entendido en su forma más pura y desinteresada, es el vínculo que une a los amigos en una relación de profunda reciprocidad y aprecio mutuo. Aristóteles, en su concepción de la amistad por virtud, sugiere que el amor es el elemento que eleva esta relación a su máxima expresión, donde los amigos no solo buscan el bien propio, sino también el bien del otro por su propio mérito.
    El amor en la amistad se manifiesta a través de la philia, un tipo de amor que se caracteriza por la afección y el compromiso mutuo. Este amor no es meramente emocional, sino que implica una voluntad activa de promover el bienestar del amigo, reflejando una armonía de almas que se reconocen y valoran mutuamente. La philia se distingue del eros, que es un amor más apasionado y a menudo posesivo, y del agape, que es un amor universal y altruista. En la amistad, la philia se convierte en el fundamento sobre el cual se construye una relación duradera y significativa.
    La importancia del amor en la amistad radica en su capacidad para fomentar una conexión auténtica y profunda. El amor permite a los amigos trascender las diferencias y conflictos, promoviendo una comprensión y aceptación incondicional. Este amor se expresa a través de actos de bondad, sacrificio y apoyo mutuo, creando un entorno en el que ambos amigos pueden florecer y desarrollarse plenamente.
    Desde una perspectiva filosófica, el amor en la amistad también tiene implicaciones éticas. La philia en la amistad por virtud implica una relación de igualdad y justicia, donde ambos amigos se tratan con respeto y dignidad. Este amor fomenta la virtud y el crecimiento moral, ya que los amigos se inspiran mutuamente a ser mejores personas y a actuar de acuerdo con principios éticos elevados.
    En conclusión, el amor es el elemento esencial que da vida y significado a la amistad. Es a través del amor que la amistad se convierte en una relación de valor intrínseco, donde los amigos encuentran en el otro un reflejo de sus propias virtudes y aspiraciones. La philia en la amistad no solo enriquece la vida de los individuos, sino que también contribuye al bienestar de la comunidad, promoviendo relaciones basadas en el respeto, la justicia y la bondad.
    Un amigo no te dice un amigo está para algo.
    Un amigo no dice quiero ser tu amigo.
    11 min
  • Mísera Humanidad
    Desde los albores de mi existencia, he contemplado el mundo con una mezcla de
    asombro y melancolía. El ser humano, esa criatura que se autoproclama racional,
    ha dejado una estela indeleble de miseria y devastación en su tránsito por la
    Tierra. Nos hemos erigido como los artífices de nuestra propia desdicha,
    edificando sociedades que perpetúan la desigualdad, la violencia y la
    desesperanza.
    Cada jornada, al observar mi entorno, soy testigo de los estragos de nuestras
    acciones: la naturaleza desolada, los océanos contaminados, las especies
    extintas. Hemos instaurado un sistema económico que valora más el vil metal que
    la vida misma, y una cultura que ensalza el poder y la codicia. Nos hemos alejado
    tanto de nuestra esencia primigenia que hemos olvidado lo que significa vivir en
    armonía con el cosmos que nos rodea.
    La humanidad, en su afán de dominación, ha despojado al mundo de su pureza,
    transformando parajes idílicos en desiertos de desesperanza. Hemos construido
    urbes que se alzan como monumentos a nuestra arrogancia, mientras en sus
    sombras se ocultan los desheredados, los olvidados, aquellos a quienes hemos
    relegado a los márgenes de nuestra sociedad.
    En medio de estas cavilaciones, me encuentro solo, sumido en un profundo
    soliloquio. Me pregunto, ¿cómo hemos llegado hasta este punto? ¿Qué nos ha
    llevado a convertirnos en una especie tan destructiva? Y entonces, como un rayo
    de claridad, la lógica aristotélica se impone en mi mente.
    Si el ser humano es una mala especie, y yo soy un ser humano, entonces, por
    ende, yo también soy malo. Este pensamiento me golpea con la fuerza de una
    verdad ineludible. Siento cómo la desolación se apodera de mi ser, un peso
    insoportable que amenaza con aplastarme.
    ¿Cómo puedo vivir con este conocimiento? ¿Cómo puedo reconciliarme con la
    idea de que formo parte de una especie que trae tanta miseria al mundo? La lógica
    es implacable, y no puedo escapar de su conclusión. Me miro en el espejo y veo en
    mis ojos el reflejo de toda la humanidad, con sus fallos y sus pecados.
    La oscuridad se cierne sobre mi alma, y la desesperanza se convierte en mi única
    compañera. No hay redención posible, no hay esperanza en el horizonte. Solo
    queda la certeza de que, como especie, estamos condenados a perpetuar nuestra
    propia ruina. La desolación es total, y en este abismo de desesperanza, solo
    puedo contemplar el vacío que hemos creado con nuestras propias manos.
    5 min
  • Sonrisa del Este
    En el horizonte del Este nace una sonrisa,
    brilla en lo profundo, en la noche precisa.
    Mujer valiente, auténtica, rebelde,
    su corazón de fuego, su esencia indeleble.
    Camina entre sombras de pasado incierto,
    sus ojos sinceros reflejan un desierto.
    Sensible guerrera de alma tempestuosa,
    en cada amanecer enciende su luminosa.
    Sensible al mundo, su espíritu vuela,
    Con cada latido su corazón lo revela.
    Cada paso que da, es un canto a la vida,
    aunque en su reflejo, su valor se olvida.
    Sus ojos, espejos de un mar sin final,
    donde la verdad y la pureza son igual.
    Su sonrisa, un faro en la tormenta,
    que ilumina caminos, que el miedo ahuyenta.
    Valiente guerrera, en la batalla diaria,
    su esencia es fuerza, su lucha necesaria.
    Pero en su interior, una duda persiste, no ve su grandeza,
    aunque en ella existe.
    El valor que porta se escapa de su vista,
    como bruma matinal, sutil arista.
    Su risa resuena con eco de auroras,
    trayendo consigo las más dulces memorias.
    En sus labios florece la verdad sin miedo,
    como un río salvaje, como un sueño anhelado.
    Mujer enigmática, de esencia pura y clara,
    en cada paso deja huella encantada.
    La fuerza que la habita es un verso en silencio,
    un poema callado, un secreto intenso.
    A pesar de todo, no ve su propio fulgor,
    su luz ilumina, su ser es amor.
    Sonrisa del Este, faro en la tormenta,
    guardiana de historias, de belleza lenta.
    En tu mirada encuentro el universo entero,
    mujer valiente, eres tu propio sendero.|
    4 min
  • Purgatorio
    En el abismo de la existencia, un alma rota vaga sin rumbo, atrapada entre la
    realidad y la imaginación. No sabe quién es ni a dónde va, y cada paso que da
    parece llevarla más lejos de cualquier sentido de pertenencia. Esta alma,
    podrida por dentro, siente que su esencia se descompone lentamente,
    purgando en busca de respuestas que nunca llegan.
    La confusión entre lo real y lo imaginario es su constante tormento. Como un
    espectro errante, se mueve a través de un mundo que no reconoce como
    propio. Las palabras de Arthur Schopenhauer resuenan en su mente: “La vida es
    un péndulo que oscila entre el dolor y el hastío”. En su caso, el péndulo parece
    haberse detenido en un punto muerto, donde ni siquiera el dolor puede darle
    una sensación de realidad.
    La podredumbre de su alma es un reflejo de su desesperación. Se siente
    atrapada en un ciclo interminable de autodesprecio y duda existencial. Friedrich
    Nietzsche, en su obra “Así habló Zaratustra”, habla del “eterno retorno”, la idea
    de que la vida se repite infinitamente. Para esta alma, la repetición es una
    maldición, un recordatorio constante de su incapacidad para encontrar
    significado.
    En su búsqueda de respuestas, se enfrenta a la pregunta fundamental: ¿qué
    significa existir? Jean-Paul Sartre, con su concepto de la “náusea”, describe la
    sensación de repulsión ante la mera existencia. Esta alma siente esa náusea en
    cada fibra de su ser, una aversión visceral hacia su propia presencia en el
    mundo.
    La purga que experimenta es tanto física como espiritual. Busca liberarse de la
    podredumbre interna, pero cada intento parece solo profundizar su
    desesperación. En su soledad, se pregunta si alguna vez encontrará redención
    o si está condenada a vagar eternamente en este limbo existencial.
    4 min
  • Mis Sombras
    En este infinito mundo, soy una sombra errante, un ente etéreo que deambula
    sin rumbo ni propósito. Mi existencia es un eco sordo en el abismo de la nada,
    un susurro perdido en el viento. Aun cuando el sol brilla y la vida bulle a mi
    alrededor, no encuentro mi lugar, no hallo sentido en los días que se suceden
    sin cesar.
    Soy un pobre alma que vaga por las calles, invisible a los ojos de los demás. Mi
    ser, aunque capaz de sentir, está sumido en un vacío insondable. No hay alegría
    ni tristeza, solo una indiferencia abrumadora que me envuelve como un manto
    pesado. Cada paso que doy es un recordatorio de mi insignificancia, de mi
    incapacidad para conectar con el mundo que me rodea.
    La gente pasa a mi lado, inmersa en sus propias vidas, sin percatarse de mi
    presencia. Soy un espectro, una figura borrosa en el paisaje urbano. Mis
    pensamientos son densos y oscuros, como un mar de tinta que se extiende sin
    fin. No hay luz que ilumine mi camino, solo sombras que se alargan y se
    entrelazan, creando un laberinto del que no puedo escapar.
    En mi interior, el vacío resuena con una fuerza ensordecedora. Es un abismo
    que consume todo a su paso, dejando solo un rastro de desolación. No hay
    esperanza, no hay sueños, solo una existencia monótona y sin sentido. Soy un
    náufrago en un océano de indiferencia, un ser que flota a la deriva, sin un puerto
    al que llegar.
    Así transcurren mis días, en una danza perpetua con la nada. Soy un testigo
    mudo de la vida, un observador distante que no puede participar en el festín de
    la existencia. Mi alma, aunque viva, está atrapada en un limbo de apatía y
    desarraigo. Y así, continúo mi camino, una sombra entre sombras, un ente
    etéreo que se desvanece en la inmensidad del mundo.
    Soy aquella sombra que aún viendo nada ve. Aquella sombra que aún oyendo
    nada oye, la que aún entendiendo nada entiende, la que aún sintiendo nada
    siente.
    Soy la nada, el dolor ya no duele, la alegría ya no es tal, al igual que la tristeza,
    ambas son la misma cara de la misma moneda. Estoy aquí sin estar, vivo sin
    vivir. Todas las hojas que piso al caminar secas están.
    No puedo llorar, no puedo reír. Observo mi interior y sólo veo sombras, sombras
    de sueños incumplidos, sombras de ilusiones rotas. En este purgatorio
    constante a veces me pregunto ¿Por qué nadie lo ve?
    Porque no emana sangre de la herida
    Porque el muerto camina de pie.
    5 min
  • Idolatría Imperfecta
    Transcripción
    En el vasto entramado de la existencia humana, una verdad ineludible se
    presenta ante nosotros: toda persona, en algún momento, nos fallará. Esta
    realidad, aunque difícil de aceptar, es una manifestación de la imperfección
    inherente a nuestra naturaleza. La falibilidad humana no es un defecto, sino una
    característica esencial que nos define y nos conecta en nuestra vulnerabilidad
    compartida.
    Idolatrar a otros, colocándolos en pedestales de perfección inalcanzable, es un
    acto que a menudo conduce a la desilusión. Cuando atribuimos valores y
    virtudes superiores a aquellos que no han demostrado poseerlos, nos
    exponemos a una inevitable decepción. La idolatría, en este sentido, es una
    forma de autoengaño que nos aleja de la realidad y nos impide ver a los demás
    como realmente son: seres humanos con fortalezas y debilidades, virtudes y
    defectos.
    Desde una perspectiva filosófica, la idolatría puede ser vista como una
    proyección de nuestras propias inseguridades y deseos no realizados. Al
    idealizar a otros, buscamos en ellos lo que sentimos que nos falta a nosotros
    mismos. Sin embargo, este acto de proyección es una trampa que nos impide
    crecer y desarrollarnos plenamente. En lugar de buscar héroes externos,
    debemos mirar hacia adentro y reconocer nuestro propio valor y potencial.
    Existencialmente, la relación más importante que debemos cultivar es la que
    tenemos con nosotros mismos. La autenticidad y la integridad personal son
    pilares fundamentales para una vida plena y significativa. Fallarnos a nosotros
    mismos, traicionar nuestros propios valores y principios, es el mayor error que
    podemos cometer. La autoaceptación y el compromiso con nuestro propio
    crecimiento son esenciales para navegar las complejidades de la vida con
    sabiduría y resiliencia.
    En conclusión, aceptar la imperfección de los demás y evitar la idolatría nos
    permite establecer relaciones más genuinas y realistas. Al mismo tiempo,
    debemos esforzarnos por no fallarnos a nosotros mismos, manteniendo un
    compromiso inquebrantable con nuestra propia integridad y desarrollo
    personal. Solo así podremos vivir de manera auténtica y significativa,
    enfrentando los desafíos de la existencia con coraje y claridad.
    4 min
  • El Pasado era Azul
    Transcripción
    El pasado es un vasto y enigmático territorio, un entramado de recuerdos que
    se entrelazan para formar la urdimbre de nuestra existencia. En él, la nostalgia
    actúa como un puente etéreo que nos transporta a épocas que, en nuestra
    memoria, se presentan como idílicas y plenas de significado. Sin embargo, esta
    idealización puede ser una trampa, una ilusión que nos hace olvidar las
    sombras y las luces que coexistían en esos momentos.
    La nostalgia, esa dulce melancolía, nos envuelve con su manto, evocando
    sensaciones de calidez y añoranza. Nos hace revivir instantes de felicidad, pero
    también puede sumergirnos en abismos de tristeza y arrepentimiento. Los
    recuerdos positivos nos brindan consuelo, mientras que los negativos nos
    recuerdan las cicatrices de nuestras experiencias pasadas.
    El pasado, con su carga de enseñanzas y vivencias, es un maestro implacable.
    Nos muestra el camino recorrido, las decisiones tomadas y las consecuencias
    de nuestros actos. Sin embargo, aferrarse a él puede ser un lastre que impide
    nuestro avance. La vida es un río en constante flujo, y lo que una vez fue, nunca
    volverá a ser exactamente igual. Incluso si algo del pasado regresa, lo hace
    transformado, bajo nuevas circunstancias y perspectivas.
    Por ello, es imperativo aprender a soltar el pasado. No se trata de renegar de él,
    sino de integrarlo como parte de nuestra historia, sin permitir que nos defina.
    Aceptar y liberar, he ahí la clave. Aceptar que esos momentos, con sus luces y
    sombras, son parte de nuestro ser, pero no determinan nuestro devenir. Liberar
    la nostalgia que nos ata y abrirnos a las infinitas posibilidades del presente y
    del futuro.
    Al final del día, el pasado es un capítulo cerrado en el libro de nuestra vida. Nos
    ha dotado de herramientas y sabiduría, pero la verdadera esencia de la
    existencia reside en el aquí y el ahora. Vivir plenamente el presente, con la
    sapiencia del pasado pero sin sus cadenas, es el camino hacia una vida
    auténtica y plena. En este devenir constante, encontramos la verdadera libertad
    y la posibilidad de ser, en cada instante, la mejor versión de nosotros mismos.
    4 min
  • Vida y Muerte
    Primer episodio de la segunda temporada. En este caso un reflexión sobre la vida y la muerte.
    Transcripción
    En un rincón tranquilo del universo, la Vida y la Muerte se encontraron para conversar. La Vida, vibrante y llena de colores, miró a la Muerte, serena y vestida de sombras, y le preguntó:
    “¿Por qué te temen, querida Muerte? ¿No ven que eres el descanso que sigue a mi danza?”
    La Muerte sonrió suavemente y respondió: “Me temen porque soy el final desconocido, el silencio después de tu canción. Pero tú y yo sabemos que somos dos caras de la misma moneda.”
    La Vida asintió y dijo: “Sin ti, no habría aprecio por los momentos efímeros, ni deseo de crecer y florecer. Eres el contraste que da profundidad a mi existencia.”
    “Y sin ti,” continuó la Muerte, “no habría lugar para el nuevo comienzo, ni paz para los cansados. Juntas, damos sentido al ciclo eterno.”
    La Vida, con su manto de infinitos tonos, se inclinó hacia la Muerte y susurró: “Dime, hermana oscura, ¿qué lecciones puedes enseñar a los seres que solo me conocen a mí?”
    La Muerte, con una mirada tan profunda como el vacío entre las estrellas, respondió: “Les enseño que cada final es un acto de amor, un último suspiro que da paso a la renovación. En mi abrazo, los dolores se calman y las cargas se liberan.”
    La Vida reflexionó sobre estas palabras y luego dijo: “Es cierto, y mientras yo exista, llevaré esos suspiros y los transformaré en risas de niños, en el florecer de las flores y en el cálido abrazo del sol.”
    “Y yo”, continuó la Muerte, “recogeré las hojas caídas, las estrellas fugaces y los sueños cumplidos para tejer con ellos el manto de la noche, bajo el cual todo puede descansar.”
    La Muerte confesó con voz tenue y cansada,
    “Vida, hermana de luz, soy la sombra olvidada.
    En el final de tus días, soy yo quien aparece,
    Y en ese último aliento, el amor parece desvanecerse.
    Soy el susurro en la noche que nadie quiere oír,
    El inevitable destino que todos quieren huir.
    Aunque traigo el descanso, me ven como la oscuridad,
    Y en su miedo a lo incierto, pierden la serenidad.”
    La Vida, con su abrazo cálido y eterno, replicó en verso,
    “Oh, querida Muerte, no eres maldición, sino universo.
    Eres el final de un capítulo, pero no de la historia,
    Cada alma que tocas, la envuelves en memoria.
    No estás sola en tu danza, ni en tu silente tarea,
    Pues en cada despedida, mi esencia aún ondea.
    Eres la promesa de paz cuando la jornada termina,
    Y en el corazón de la vida, tu presencia se anida.”
    Entonces, la Vida tomó de la mano a la Muerte y juntas danzaron, creando un espectáculo de luces y sombras, de encuentros y despedidas, recordando a todos que no hay vida sin muerte, ni muerte sin vida.
    6 min
  • Filosofía, eres tú.
    Breve poema en el que se refleja y compara el amor de un padre hacia su hija con algunos grandes filósofos y sus doctrinas filosóficas.
    Transcripción:
    Filosofía eres tú
    En el río de Heráclito, siempre cambiante,
    Como el amor que siento por ti, mi niña radiante,
    Dos veces no te bañas en la misma corriente,
    Así mi amor por ti, siempre diferente.
    Sócrates, con su mayéutica sabia,
    Buscaba la verdad en cada alma,
    Como el amor que siento por ti, mi pequeña,
    Nos revela la verdad más plena.
    Platón, en su mundo de ideas,
    Veía el amor como una estrella,
    Un reflejo de la belleza eterna,
    Que en tu sonrisa, mi corazón aferra.
    Aristóteles, con su ética y razón,
    Veía el amor como una virtud en acción,
    Un equilibrio entre dar y recibir,
    En ti, hija mía, encuentro mi vivir.
    Hume, con su escepticismo agudo,
    Dudaba de todo, incluso del mundo,
    Pero en el amor que siento por ti, hallo certeza,
    Una pasión que supera la naturaleza.
    Nietzsche, con su voluntad de poder,
    Veía el amor como un renacer,
    Una fuerza que nos impulsa a ser,
    Más allá de lo que podemos ver.
    Así, en la filosofía y el amor,
    Encontramos un mismo fervor,
    Una búsqueda de lo verdadero y puro,
    En ti, mi amor, hallo mi futuro.
    3 min
  • Atemporal
    Nuevo episodio semanal. En este caso una reflexión atemporal escrita y narrada por Cristian Ortiz de Ortiz Studios.
    Transcripción
    Siempre he creído que estaba fuera del lugar en el tiempo y nunca he sabido realmente el por qué, al menos no a ciencia cierta. No sé si es por el tiempo, por el lugar, por la compañía o por mi mismo ser. Como algo que creer ser una pieza de un puzzle y debe de encajar pero no encaja, ¿ Y si no soy ninguna pieza de un puzzle?¿ Y si no soy una media naranja? Y si no soy?
    Quiero pensar que no sobre pienso las cosas pero cuanto más lo pienso más perdido me veo. Como un pequeño barco de papel al que han dejado en el vasto océano a merced del aire y de las olas. En los momentos en los que el aire y las olas me dan una pequeña tregua siempre observo a las gaviotas, básicas, guiadas por el simple impulso de todo ser vivo y sin rumbo aparente. Si tienes la capacidad de volar, ¿por qué conformarte con el cielo? Si echo la vista abajo más de lo mismo, peces de toda clase y tamaño guiados por ese mismo impulso. Sólo soy un barco de papel, no estoy hecho para el cielo ni estoy hecho para el agua. ¿Por qué debo estar aquí a merced del tiempo?
    3 min

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