En la Libia de Gadafi se entremezclaron algunas de las características de las petromonarquías del Golfo (escasa población, ingentes recursos energéticos y economía rentista) y de las repúblicas árabes (presidencialismo autoritario y nacionalismo de tintes socializantes, según el pensamiento de Gadafi publicitado en su Libro Verde).
Denominador común de ambas formas estatales ha sido, junto al autoritarismo, el nepotismo y el neopatrimonialismo. Prácticas de gobierno que han labrado, a su vez, un importante vacío institucional (cualquier hijo de Gadafi podía sortear o rebasar la autoridad de un ministro); además de la extrema debilidad de su sociedad civil.