Desde 2014 y 2015 respectivamente, existen dos Ordenanzas que nos pertenecen a los adultos mayores de la ciudad. Ambas fueron aprobadas por el Honorable Concejo Deliberante pero, por razones todavía no explicadas, no se materializan en la generación de acciones concretas.
¿Alguien puede suponer que el espacio que ocupan los viejos en esta sociedad está debidamente atendido?
¿Alguien cree que durante siete años no hubo tiempo de visitar el articulado de esas dos herramientas ?
Tanto la creación del CONSEJO MUNICIPAL DEL ADULTO MAYIOR como la ordenanza que establece un PROGRAMA DE PROTECCIÓN DEL ADULTO MAYOR fueron iniciativas pensadas con criterio de proyección. Y cada uno de sus considerandos implica un enorme campo abierto a la imaginación para que entre el gobierno municipal y las organizaciones sociales implicadas motoricen proyectos posibles, simples pero efectivos, criteriosos antes que costosos.
En ningún momento estos dos documentos exigen porcentajes del presupuesto anual. No contienen cifras. No muestran cálculos. No fijan su razón de ser bajo el paraguas del signo pesos. Al contrario. Los términos que se emplearon para justificar su existencia parecen ser un desafío a la creatividad y la imaginación. En siete años no se hicieron visibles ninguna de las dos. Ni la creatividad ni la imaginación. A lo mejor si damos a conocer cuál fue el propósito de quienes convirtieron en letra de ley esas ordenanzas, TODA la sociedad pueda empujar con una mirada enérgicamente humanitaria a concretar hechos que beneficien a quienes hoy transitamos la tercera edad. Y mañana a quienes vienen cumpliendo años con la misma regularidad que nosotros.