Tras el fallecimiento de Eva Duarte de Perón en 1952, el intendente de Bahía Blanca, ingeniero Norberto Arecco, elevó al Concejo Deliberante un proyecto para dar el nombre de EVA PERON a la hoy Avenida Colón, su continuación en avenida Gral.Arias, el boulevard Estrada y la calle Guillermo Torres que se interna en el corazón del puerto de Ingeniero White.
Todo el recorrido tenía la particularidad de ser un camino empedrado con dos hileras de eucaliptus a cada uno de sus costados.
La propuesta fue aprobada y el bautismo tuvo su lugar.
El nombre de Eva Duarte se mantuvo exactamente hasta la irrupción asesina de la Revolución Libertadora, encabezada por el General Pedro Eugenio Aramburu y el Contraalmirante Isaac Francisco Rojas. Con el acompañamiento de feroces personeros civiles y eclesíasticos del más alto rango dirigencial.
Setiembre de 1955 fue un antes y un después en la Nación. Y la Calle Eva Duarte, el empedrado, se convirtió -por toda la eternidad- en un símbolo de la Argentina odiadora, cipaya y europeísta. También sirve hoy para tener presentes a esas fuerzas armadas que supimos soportar y resistir. Sanguinarias, entreguistas y cobardes. Amparadas en el ejercicio del poder militar que la ciudadanía les confió con un sentido patriótico al que denigraron hasta el hartazgo durante décadas de golpes, asonadas, gobiernos de facto y asesinatos a civiles indefensos.
Siempre con el acompañamiento de personeros civiles y eclesiásticos del más alto rango dirigencial. ¿Por qué no repetirlo?
Esa NOMBRADURA, esa rápida imposición de nuevo nombre para la calle que se llamaba Eva Perón, fue mucho más que un acto administrativo. Fue otra de las formas de querer extirpar del corazón de la gente esa mala costumbre de ser peronistas para toda la vida.