Puedes llevar años dentro de la casa del Padre… y aun así vivir como el hijo que nunca entendió lo que tenía.
Hoy, a través de la historia del hijo pródigo y de Filipenses 2:13, hablamos de la mentira de medir a Dios por sus bendiciones, y de por qué la primera obra que Su amor produce empieza en cómo te tratas a ti misma: tu cuerpo, tu plato, tu descanso. La salvación no es por obras… produce obras. Y hoy no empiezas de cero: es la continuación de tu camino.
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