Mientras Natalia está haciendo la cena en la cocina, me he venido aquí a mi habitación de la Casa del Norte para explicaros que, pese a los días que han pasado desde nuestra última conexión, si no me equivoco, casi 14 días, quería deciros que en el Islote las cosas fueron muy, muy mal. De hecho, el tiempo que estuvimos ahí, al menos ocho días, estuvimos encerradas, Natalia y yo, en una cueva, sin comer ni beber. Como comprenderéis, estamos comiendo como jabatas, pese a la chicharre general que hay en esta isla, que el calor no se baja más. Sigo echando de menos a Cala.