Salí, me saqué con mi toalla roja, esa que me lleva acompañando desde hace al menos 20 años. Sí, lo sé, es bastante cutre, pero en la isla parece que la gente hace lo mismo que yo. Y le dije, explícame algo más, no me puedes dejar así. Me dijo que lo había pasado fatal, que la gente había enloquecido en el sur y que estaba intentando por todos los medios encontrar un recoveco donde esconderse de los demás. ¿Los demás? Le dije quiénes son los demás. Me contestó, pronto lo vas a entender.