«El coronel no tiene quien le escriba» es un novela publicada en 1961 por Gabriel García Márquez, su personaje, “El coronel”, vive en su pueblo esperando recibir el aviso de que le han concedido la pensión a la que tiene derecho por haber servido en su juventud a las órdenes de Aureliano Buendía, coronel de las guerrillas liberales que se enfrentaron al poder conservador. Aureliano es hijo de los fundadores de Macondo, José Arcadio Buendía y Ursula Iguarán.
La guerras y alzamientos que señala García Márquez en varias de sus obras hacen referencia a La Guerra de Los Mil Días que se llevó a cabo entre liberales y conservadores entre 1899 y 1902 con un saldo de más de cien mil muertos y extendiéndose a Panamá, Ecuador y Venezuela. Originó la pérdida del canal de Panamá y devastó al país. El acuerdo de paz se firmó el año 1902 en la hacienda Neerlandía, en el departamento del Magdalena.
En el acuerdo de paz se estableció que los combatientes de los bandos recibirían una pensión por parte del estado.
La novela “El coronel no tiene quien le escriba”, narra la triste historia de uno de los coroneles que estuvo al servicio de las tropas liberales yendo todos los viernes durante quince años a la oficina del correo a ver si llegaba la carta con la resolución de su pensión. Esperaba en el puerto a que llegara la barca con el correo y desde allí la seguía hasta las oficinas esperando que llegara su carta. En el transcurso del último año, desde que su hijo Agustín murió acribillado a balazos mientras repartía propaganda clandestina, el coronel y su esposa, enferma de asma, se han visto obligados a vender los pocos objetos de valor que tenían para poder subsistir. Subsistir ellos y el gallo, animal de pelea, herencia de su hijo, por cuya culpa éste murió, según afirma la madre, pues fue en la gallera donde lo mataron.
El coronel nunca recibió la carta de la pensión y el final de la novela es desoladoramente triste.
«Dime, qué comemos», le pregunta su esposa, el coronel responde:
«Mierda».
Palabra con la que termina el relato.
Esta obra de ficción, o de aparente ficción, refleja el drama que hoy viven miles de colombianas y colombianos que realizan gestiones ante COLPENSIONES, Administradora Colombiana de Pensiones, entidad comercial e industrial del Estad vinculada al Ministerio del Trabajo, cuyo objetivo es administrar y gestionar el fondo público de pensiones en el país.
Los tiempos de respuesta por parte de Colpensiones son macondianos y muchas veces lo hacen mal, perjudicando seriamente a personas que han trabajado toda su vida y esperan una pensión u otras respuestas por parte de entidad.
Estos tiempos se multiplican hasta el infinito para las colombianas y colombianos que viven fuera de Colombia